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Ortocracia e Incienso de rosas

por 26 enero 2011

Derivado del griego, Democracia significa el poder o gobierno del pueblo, vale decir, el pueblo elige su gobierno o las forma en que quiere ser gobernado. De ahí en más, los chilenos con nuestra fecunda imaginación hemos tratado de ver debajo del agua fangosa y le hemos metido más cocinería que los auditores a los balances anuales con demasiada utilidad e impuestos a pagar, lo que ha llevado a que esto venga siendo, no una seudo democracia, como dicen los estudiosos, sino que lisa y llanamente, una mala copia de una mala copia, de una mala copia y sucesivamente de una democracia moderna y participativa.

La sublimación de nuestros esfuerzos democráticos, en la medida de lo posible, que graciosamente nadie supo de qué porte era la medida y dónde terminaba lo posible, es el acto eleccionario.

El acto propiamente tal, consiste en ir a un lugar de votación, mayoritariamente escuelas, donde uno se topa, a boca del jarro de la ex Ministra Jiménez, con militares armados, como símbolo de la libertad, la democracia y la voluntad de desarrollo del país.

Una vez hecha la cola y, suponiendo, que no está entre los privilegiados(as) que se maman el día completo en su categoría de vocales obligados por ley o cárcel a estar sentados esperando que nos aparezcamos y tiremos la famosa rayita en el papel.

La segunda parte de esta opereta democrática es tener que votar por alguien: Entramos al ataúd con cortinas y hacemos como que reflexionamos sobre las posibilidades que nos ofrecen, que ya vienen absolutamente cocinadas, verbigracia nuestro bien amado sistema binominal y ejecutamos nuestro derecho a elegir lo que ya nos impusieron los partidos. Al término nos embardunan el dedo para demostrar orgullosamente, con una mancha indeleble, que ya cometimos perjurio contra nuestras conciencias y nos vamos a almorzar a la casa.

Pero como si esto no fuera ya por si solo suficientemente malo y antidemocrático, los y las perlas se dan el lujo asiático de jugar a los vasos comunicantes cuando se les cantan las reales palomas. Pasan de los cargos de “representación popular” a ministerios, con la misma facilidad que algunos compran puentes callampas sin avisarle a nadie.

Hasta ahí se podría decir que no es muy ético el asunto, como que el temita viene rancio, con un tufito a shalabota de plástico transpirada, pero, aún dentro de los pecadillos veniales.

La verdadera inmoralidad se produce inmediatamente después, cuando, por mandato de la ley, que les quede absolutamente claro: POR MANDATO DE LA LEY, los partidos políticos eligen el reemplazante del que se fue a sufrir a la Casa de las Monedas, perdón, a La Moneda.

Este (a) reemplazante no tiene que tener ninguna condición más que estar dentro del aparatachnik del partido, no importando si es de la región, circunscripción o circuncisión a la cual el(la) anterior pertenecía. Lo nombran, “REPRESENTANTE POPULAR” y le permiten, a título de escopeta (nada que ver con los chupa fusiles ni terroristas  de izquierda) echarse sueldos y prebendas el doble y más del reguleque de la Sra. Ossandón.

Lo aterrador de este jueguito es que todos los han jugado, pero inevitablemente se producen dos hechos anómalos (también perfectible y leíble como ano….malo):

1. La oposición (anterior y la actual) gritan, vociferan, se enrabian, van a la Contraloría, acuden a organismos internacionales de DDHH, Sernac, Iglesias de todos los ámbitos y signos, periódicos, sesiones especiales, comisiones investigadoras, pero en cuanto les toca a ellos (as), lo hacen con una impudicia, que se la hubiera querido cualquier personaje del Marqués de Sade,
2. Son los propios partidos y sus representantes en ambas Cámaras los que permiten que esta anomalía siga persistiendo, porque es de alta y práctica conveniencia para mantener el status quo.

Raya para la suma, el sistema político imperante y sus convivientes, los (as) políticos (as) usan como papel higiénico  tres veces la voluntad popular:

1. Cuando transgreden flagrantemente esta voluntad nombrando a alguien de su círculo de amiguis,
2. Cuando gritan y patalean por esta aberración, pero la mantienen viento en popa y en popó,
3. Cuando el (la) elegido(a) se manda a cambiar antes de tiempo, rompiendo todas las promesas hechas a sus electores.

Como ven, lo que la política chilena ha logrado hacer algo que es de antología:

Lograron transformar una cosa bella y sana como es la democracia, en una ortocracia, pero es tanto lo que apesta, que ni aunque le pongan incienso de rosa por toneladas, se le va a pasar el mal olor.

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