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Piñera ¿Elegimos bien?

por 26 enero 2011

Piñera ¿Elegimos bien?
Si usted votó por Piñera exclusiva o principalmente por el postnatal de 6 meses, entonces quizás se sienta defraudada. Si lo hizo porque confió en la que propuesta de uniones civiles homosexuales vería la luz en el primer año, lo mismo. Los ciudadanos tienen derecho a ponerle nota al gobierno de acuerdo a consideraciones que no le afectan necesariamente al resto.

Un tuitero me preguntó hace algunos días por mi evaluación del gobierno de Sebastián Piñera, a poco de cumplirse un año de gestión. Por el tono de la pregunta (dirigida también al cientista político Patricio Navia), era fácil percibir un dejo de sarcasmo. Algo así como “ya que ustedes votaron por él, ¿reconocen estar arrepentidos?” Le prometí que pensaría en la respuesta: ¿Elegimos bien los chilenos? ¿Voté individualmente bien?

La primera pregunta se puede contestar bajo un criterio objetivo y maximalista. Deberíamos entonces evaluar a la centroderecha en el poder de acuerdo a lo que comúnmente se entiende como buen gobierno, o sea, entrar a picar en su desempeño en cada una de las áreas relevantes de la política pública. Entonces alguien dirá que Lavín se la está jugando en Educación, pero otro considerará que aunque apruebe cien proyectos de ley éstos son ideológicamente los equivocados. Otros llamarán la atención respecto de los avances de la reconstrucción, pero no faltarán ejemplos para señalar que el proceso camina más lento de lo esperado. Algunos acusarán el calamitoso estado de los hospitales, pero los oficialistas retrucarán -sin mentir- que se trata de un problema heredado. Es incluso probable que alguien quiera empatar la epopeya de la mina San José con la tragedia de la cárcel de San Miguel.

Hay que observar la performance del equipo de Piñera en tres cuestiones que están en el corazón de todo proyecto de centroderecha. Materias en las cuales es imperdonable que falle: Crecimiento, empleo y seguridad ciudadana.

Sin embargo, me parece más adecuada una evaluación objetiva-minimalista. Esta recomienda observar la performance del equipo de Piñera en tres cuestiones que fueron esenciales en la campaña y que están en el corazón de todo proyecto de centroderecha. Dicho de otra manera, materias en las cuales es imperdonable que falle: Crecimiento, empleo y seguridad ciudadana. En el primer ítem, la cosa no anda mal (5,3% estimado para el 2010, contra 2,9% promedio de la era Bachelet) y promete ir mejor. En el segundo ítem, se han creado muchas más fuentes laborales que en otros años, aun aceptando los cuestionamientos metodológicos que disputan si se trata del doble o del triple. Finalmente, los últimos estudios revelan un país donde baja la victimización y el temor de la población ante la delincuencia. En síntesis, el gobierno sale jugando con relativa comodidad en su propia cancha. Más adelante tocará medir cómo juega en la cancha del rival, para ver si realmente esta “nueva derecha” es capaz de hacer retroceder la pobreza y la desigualdad.

Pero hay también una evaluación subjetiva. Si usted votó por Piñera exclusiva o principalmente por el postnatal de 6 meses, entonces quizás se sienta defraudada. Si lo hizo porque confió en la que propuesta de uniones civiles homosexuales vería la luz en el primer año, lo mismo. Los ciudadanos tienen derecho a ponerle nota al gobierno de acuerdo a consideraciones que no le afectan necesariamente al resto. En lo personal, voté por Piñera en segunda vuelta porque la alternancia me resultaba un mejor cuadro para la renovación de la elite política, y porque –siguiendo la tesis Allamand- veía en la Concertación una ostensible “fatiga de materiales”. Desde esta perspectiva, al menos, no me he equivocado. La fauna política se ha diversificado y una nueva generación aspira a jubilar a aquellos que dividieron Chile entre demócratas y autoritarios. Los nombres de Hinzpeter, Golborne, Von Baer, Bulnes o Felipe Kast entran al ruedo. Y aunque el Presidente resulte a ratos agotador, desatinado o sobreactuado, nadie puede negar que está entregado más allá de sus posibilidades físicas a esta labor, lo que empuja a sus colaboradores a hacer lo mismo. Estoy seguro que no existía un depósito de energía semejante en la Concertación, lo que ha sido fácil de comprobar durante este año. Ni toda la torpeza política que ha exhibido el debutante gobierno hace ver mejor al contrario.

En resumen, recordando el odioso “¿votaste bien?” con que los gremialistas universitarios solían acosar a sus compañeros, puedo responderle al tuitero que creo que como chilenos elegimos bien y mis razones particulares no han sido defraudadas. Por supuesto que me sobran las críticas y me habría gustado que muchas cosas se hicieran distinto (esta tribuna ha dado testimonio de ello), pero sigo siendo –hasta ahora- de aquellos que ven el vaso medio lleno.

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