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Por qué no soy feminista

por 2 febrero 2011

La Evelyn diciendo que se hubiera encadenado no sé a qué en caso de haber sido obligada a estar seis meses en su casa, la Jimena declarándose feminista… todo indica que en el ejercicio de sus funciones públicas algunas mujeres tienden a desquiciarse.

A las feministas no debo resultarles simpática. En parte porque no lo soy y en parte también porque he sido bastante dura con ellas. Y es que a pesar de que considero que las mujeres tenemos menos capacidad de abstracción que los hombres, eso no justifica que ese déficit se use justamente para defender una causa que nos perjudica a todas. Y a mi entender, a eso se dedican las feministas.

Sí, porque la gran queja de las militantes de esta causa es que las mujeres hemos sido consideradas uni-dimensionalmente. Para decirlo en fácil, hemos sido pensadas arbitraria, caprichosa e infundadamente a partir de nuestra condición de madres; y lo peor, desde tiempos inmemoriales.

El punto es que la misma razón por la que ellas explican todos sus problemas es la que yo encuentro para justificar mis privilegios.

Para empezar, porque si mi marido no hubiera pensado en mí uni-dimensionalmente como en la madre sus hijos, probablemente yo no estaría casada con él, lo cual estuvo dentro de mi agenda desde que lo conocí. De hecho, hace poco yo le dije que no recordaba el momento exacto en que me había pedido matrimonio, a lo que él respondió que en realidad él se había limitado a decir “sí” (y en una de esas, es verdad).

La Evelyn diciendo que se hubiera encadenado no sé a qué en caso de haber sido obligada a estar seis meses en su casa, la Jimena declarándose feminista… todo indica que en el ejercicio de sus funciones públicas algunas mujeres tienden a desquiciarse.

El hecho es que conseguí una de las cosas que quería en la vida gracias a que él se comportó como un neo-machista. Puede que haya alguna mujer por ahí a la que le acomode más hacer de concubina, de pareja o de colega, pero para mí el matrimonio ofrece ventajas comparativas insuperables. Eso de que alguien le diga a uno “quiero pasar contigo el resto de mi vida contigo” no deja de ser halagador, sobre todo si uno se conoce a sí misma y es el resultado directo de ser considerada uni-dimensionalmente. Quizá eso explique, en parte, mi dificultad de solidarizar con la causa feminista.

Por otra parte, el hecho de que mi marido viera en mí a una potencial madre, me puso en un contexto dentro del cual tenía todas las de ganar.

Por de pronto, porque me eximió de la obligación de ser evaluada como proveedora, ámbito dentro del cual yo tenía poco que ofrecer, tanto por mi formación profesional como por las expectativas que puedo dar de transformarme en heredera (Perdona papá, pero es cierto).

Por lo demás, y aunque por razones de espacio no pueda hacer ahora una enumeración de las virtudes que tengo asociadas a la maternidad, el hecho es que si las pongo en una balanza con las que podría tener como jefa de finanzas o como diplomática de carrera, es evidente hacia dónde se inclinaría la cosa. Y esto, nótese, no tiene nada que ver con el hecho de haber tenido hijos, sino sólo con la posibilidad tenerlos; y por eso mi teoría es que eso vale para cualquier mujer. En cierto sentido, las mismas feministas me dan la razón cuando dicen que la mujer humaniza los ambientes de trabajo (no sería así, si no fuera por sus cualidades maternales). Cualquier mujer, salvo la Quintrala, sale ganando si sus fortalezas se piensan desde ese punto de vista reducido que las feministas detestan.

La uni-dimensionalidad tiene, por otra parte, beneficios psicológicos importantes porque apuntar en demasiadas direcciones provoca neurosis. Y lo sostengo a partir de las señales que dan algunas que se jactan de poder hacerlo todo al mismo tiempo. La Jacquelline resistiéndose al post natal como si fuera un castigo, la Evelyn diciendo que se hubiera encadenado no sé a qué en caso de haber sido obligada a estar 6 meses en su casa, la Jimena declarándose feminista… todo indica que en el ejercicio de sus funciones públicas algunas mujeres tienden a desquiciarse.

Es cierto que para defender la pluri-dimensinalidad algunas feministas- sin ir más lejos, la Michelle- hablan de las ventajas económicas que tiene el hecho de que las mujeres no tengan que “seguir haciéndose cargo de sus hijos” (esto es literal). Lo concedo, siempre y cuando uno no se olvide de incluir dentro del cálculo los costos sociales, y por tanto también económicos, que tiene el hecho de que la mujer se desligue del cuidado de sus hijos.

En fin, una columna no es suficiente como para explicar todas las razones que tengo para no ser feminista, pero de seguro con la que he dado me gano la simpatía de más de alguna de las que lo son.

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