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Feminismo leninismo

por 4 febrero 2011

Debajo de mucho progresismo sencillamente lo que encontramos es un hiperprogresismo, un leninismo rabioso de verdades únicas que al final de libertario no tiene nada.

Una niña de apellido Marinovic echó aquí en este diario unos párrafos diciendo que ella no es feminista. Tiene todo el derecho. ¿Por qué va a ser obligatorio el feminismo? Nos cuenta de sus opciones de vida, y recoge algo valioso: sus ganas de estar junto a sus hijos. Con el sueldo del marido, que parece hoy una barbaridad, pero que en verdad no es sino un modo de dividirse las responsabilidades.

Pese a los avances en la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, que ha habido tanto abuso en contra de ellas, echamos a veces de menos esa cosa maternal que se veía antes, no en todas las casas, pero era bonito. Hoy el Estado paga a las mamás para que depositen a sus niños en una guardería. En Hungría, en tiempos comunistas, daban a las madres un subsidio para que quedaran con los niños en casa: un trabajo como otros, sólo que personalizado e intransferible. No llegan estas mías a ser opiniones, sino como mucho intuiciones, modos de sentir las cosas.

Debajo de mucho progresismo sencillamente lo que encontramos es un hiperprogresismo, un leninismo rabioso de verdades únicas que al final de libertario no tiene nada.

Pero a la señora Marinovic no la dejan sentir ni decir lo que siente. Más que la columna lo que llama la atención son los comentarios, que a dentellada limpia se dedican a descalificar a la no feminista Marinovic. Debajo de mucho progresismo sencillamente lo que encontramos es un hiperprogresismo, un leninismo rabioso de verdades únicas que al final de libertario no tiene nada. Si esa señora se las ha arreglado con su marido y sus niños para organizarse la vida al modo tradicional, allá ellos. ¿Por qué decirle por ejemplo –cito textual–:

–Me cuesta creer es que le den tribuna a esta señora, en este medio.

–Me hace acordar a los dichos de Ossandón. Serán amigas?

–Esta fulana fue programada a la antigua.

–Sin duda esta fulana abraza la vieja leyenda de que la mujer ama al hombre que le hace sufrir.

–Opiniones de burguesa en un país del tercer mundo, la boquita llena de comida, la cartera llena de platita.

–Estoy seguro que Voltaire se está revolviendo en su tumba.

–De lujo la columna, está como para ser expuesta en algún museo junto a burkas, instrumentos de ablación de clítoris, mitras católicas y uno que otro texto neolítico sobre mitología monoteista.

–Aún no sé quién es la vieja esta ni qué méritos reales tiene pa que le den tanta tribuna…

Ocho comentarios, ocho descalificaciones. Y hay muchas más. El derecho a no tener que depender de un marido es eso, un derecho, no una obligación. Y se queda uno pensando si en verdad existen los debates en Chile. Lo que vivimos es una situación como de péndulo, en que se pasa del machismo al feminismo, o quizás al hembrismo, sin matices, sin debate. Lo que subsiste es la pretensión de que lo que yo pienso que es conveniente para mí debe serlo para todos, obligatoriamente. Y el que haga o diga lo contrario, a los perros.

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