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Campamentos y terremoto

por 15 febrero 2011

Campamentos y terremoto
Sin desconocer la importancia del fortalecimiento de la institucionalidad que debe guiar las decisiones de nuestras autoridades, nos llama la atención que este tipo de medidas sean necesarias para priorizar a las familias de campamento, quienes han sido por décadas damnificados de la injusticia y la desigualdad de nuestro país.

Las familias del campamento La Aurora de Chile de la comuna de Concepción postularon en condición de damnificados para acceder a los subsidios de vivienda destinados a la Reconstrucción, esto a pesar de que al momento del terremoto (y a la fecha, como todas las familias de campamentos) no fueran propietarios de una vivienda que pudiera haber sido afectada, ni su campamento resultó efectivamente dañado.

La situación se agravaría por una presunta participación de funcionarios públicos de alto rango avalando y certificando esta postulación para asegurar un acceso expedito y seguro a la Vivienda Definitiva que estas familias han esperado por años. Aprovechando así la coyuntura de la Reconstrucción, que asegura la disponibilidad de subsidios en la región, pero que prioriza a los damnificados del 27 de febrero pasado.

En cifras, según información del MINVU, todavía quedan en Chile cerca de 30 mil familias en campamentos. Esto es un aumento respecto de la última medición y la confirmación que no nos fue posible celebrar el 2010 sin campamentos.

Sin desconocer la importancia del fortalecimiento de la institucionalidad que debe guiar las decisiones de nuestras autoridades, nos llama la atención que este tipo de medidas sean necesarias para priorizar a las familias de campamento, quienes han sido por décadas damnificados de la injusticia y la desigualdad de nuestro país. Si la primera autoridad regional consideró esa solución para un campamento histórico de Bío Bío, qué queda para las familias que no cuentan con ese apoyo. Dejando de lado los sumarios en curso, nos debiera escandalizar que una familia de campamento tenga que falsear su condición para acceder a los subsidios habitacionales que se diseñaron para las familias más pobres, no bastando el hacinamiento, la carencia de alcantarillado, de agua potable, de luz, la estigmatización, etc. La emergencia permanente de vivir en campamento pareciera no ser suficiente. Si la discusión no toma este punto como central, creo que el fracaso de quienes trabajamos por los campamentos será mucho más profundo que el incumplimiento mismo de la norma. Los campamentos no pueden seguir esperando.

En cifras, según información del MINVU, todavía quedan en Chile cerca de 30 mil familias en campamentos. Esto es un aumento respecto de la última medición y la confirmación que no nos fue posible celebrar el 2010 sin campamentos. Ahora, durante el mismo 2010 menos de 3 mil familias de campamento recibieron subsidios (en los años anteriores las cifras no son mejores) a pesar de ser parte importante del programa de gobierno.  El 21 de mayo tampoco escuchamos algún anuncio que siquiera los nombrara, así quizás nos encaminamos al  cuarto gobierno que no cumple la promesa de terminar con los campamentos. Si sólo el 30% de los subsidios destinados a la reconstrucción en un año bastarían para terminar con los campamentos, entonces sólo queda pensar que  éstos volvieron a ser invisibles para una sociedad indiferente.

El terremoto desnudó la pobreza y fragilidad de nuestro país, la misma que los campamentos nos recuerdan a diario hace décadas. No esperamos que se quite prioridad a la Reconstrucción a favor de los campamentos ni pretendemos comparar padecimientos, sólo que se muestre la misma decisión porque nunca ha sido un problema de recursos sino de voluntad. La prioridad de Un Techo para Chile es y seguirá siendo un Chile sin campamentos.

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