Los autogoles en el caso de Jaquie - El Mostrador

Viernes, 24 de noviembre de 2017 Actualizado a las 02:40

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Los autogoles en el caso de Jaquie

por 16 febrero, 2011

Nadie ha hecho cuestión a este punto que contribuye silenciosa pero eficazmente al desprestigio de la política, a la idea peligrosa y ya extendida de que sus prácticas se parecen demasiado a las del circo romano o a las del conventillo.

Apenas oí la grabación en que la Jacqueline decía que había “inventado una historia”, estuve segura de que el Gobierno acabaría sacándola de la Intendencia. No serán capaces- pensé- de resistir la presión del clamor popular. Y para avivar la cueca, no faltarán políticos con intereses creados en el asunto y periodistas necesitados de carne fresca para el circo.

Tan segura estaba de que ése sería el desenlace del Van Rysselberghe gate, que aposté (un libro) a que perdería su cargo.

Lo que no estuvo dentro de mis cálculos fue que quienes aumentaran considerablemente mis posibilidades de ganar la apuesta fueran nada menos que Coloma y la mismísima Intendenta.

Sí, porque yo considero que es de justicia defender a una persona cercana sobre todo cuando comete un error. Pero de ahí a defender el error y achacárselo al “talento”- como hizo Coloma- hay una distancia más o menos importante.

Por su parte la Intendenta podría, en su defensa, haber guardado riguroso silencio. Es un hecho que el que aclara oscurece y que todo lo que se dice en estos casos puede ser usado en contra de uno.

Nadie ha hecho cuestión a este punto que contribuye silenciosa pero eficazmente al desprestigio de la política, a la idea peligrosa y ya extendida de que sus prácticas se parecen demasiado a las del circo romano o a las del conventillo.

Pese a todo, la ex Alcaldesa ha agregado a su ya célebre “inventé una historia” una cantidad no menor de declaraciones desafortunadas. “Es una conversación con pobladores, con viejitas que tienen 80 años y que con dificultad entienden”. Lo que no entiendo yo es por qué la figura del fraude podía resultar tan pedagógica para ellas. La idea de que “si hubiera sabido que estaban grabando hubiera sido más prudente” tampoco ayudó demasiado, porque lo que se le estaba cuestionando no era exactamente su falta de pillería para pasar piola. Para qué decir la entrevista de la Tercera, en la que poco menos que dejó sin opciones al Gobierno.

Puede que Coloma le llame a esto talento, pero yo me quedo con una frase de Shakespeare, “a mayor talento en la mujer, mayor indocilidad”.

Pese a todo, no quiero llamar a engaño. Yo fui desde el comienzo absolutamente contraria a la idea de que el Gobierno actuara con premura en este caso.

Esas señales rápidas y elocuentes que pedía la mayoría me parecen ambivalentes. Para algunos son muestras de probidad o de transparencia; pero a mi juicio legitiman también de paso procedimientos políticos como el del Senador Navarro que son por decir lo menos discutibles, si de moral pública se trata.

Nadie ha hecho cuestión a este punto que contribuye silenciosa pero eficazmente al desprestigio de la política, a la idea peligrosa y ya extendida de que sus prácticas se parecen demasiado a las del circo romano o a las del conventillo.

No estoy segura, tampoco, de que mantener a la Intendenta fuera un gesto de debilidad política o de falta de autoridad de parte del Presidente. Igualmente débil me parece mostrarse abierto a tomar decisiones en función de lo que pide una masa vociferante, desinformada e irreflexiva.

No se trata de aplicar la ley del empate, se trata de tener en cuenta todas las repercusiones que a futuro puede tener una decisión del Ejecutivo y de medir con prudencia los pasos que se dan para que el remedio no resulte peor que la enfermedad.

El hecho es que todo indica que gané la apuesta, pero no por las razones que pensé en un comienzo, sino porque la definición estuvo dada finalmente por una seguidilla de autogoles.

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