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Un parque zoológico

por 23 febrero 2011

Que la gente tome por su cuenta el restablecimiento de la democracia, no es un asunto de geografía. Ha sucedido ya en América Latina no pocas veces, prueba de que cuando hay anomalías y vicios en el ejercicio del poder, es la gente en las calles quien se encarga de corregirlos. Los ejemplos sobran.
Entre las más preciadas de mi colección de fotos históricas, tengo una de la Cumbre de jefes de estado de la OEA celebrada en Panamá el 22 de julio de 1956, a la que asistió el presidente Dwight Eisenhower de los Estados Unidos. Eran los tiempos dorados de las repúblicas bananeras, cuando los hermanos Dulles, uno desde el Departamento de Estado, el otro desde la CIA, ejercían a plenitud su señorío, y sostenían y quitaban gobiernos, como había ocurrido dos años atrás con el derrocamiento del presidente de Guatemala, Jacobo Arbenz.

Allí aparece sentado a la mesa de la cumbre, precisamente, el coronel Carlos Castillo Armas, ahora dictador de Guatemala, sustituto de Arbenz. Uno contempla esa foto, y todo aquello parece un parque zoológico.

Está Anastasio Somoza García, dictador de Nicaragua. Y Fulgencio Batista, dictador de Cuba. Héctor Bienvenido Trujillo, hermano del Generalísimo Rafael Trujillo, quien suele prestarle la presidencia decorativa de la República Dominicana como deber fraternal, y está también su vecino, el general Paul Magloire, dictador de Haití. Está el general Gustavo Rojas Pinilla, dictador de Colombia, y sentado a su lado el general Marcos Evangelista Pérez Jiménez, el dictador petrolero de Venezuela.

En fin, hay más, pero la lista se hace demasiado larga.

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