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Jóvenes, presidencialismo y progresismo

por 25 febrero 2011

Nuestra sociedad finalmente ha despertado de una larga siesta. Una de las preguntas pendientes es sobre el por qué. Quizás se debe a que se insiste en América Latina en delegar la iniciativa política y el poder de veto a una persona, bajo la loca e infantil fantasía que un salvador, un padre, un monarca, un Presidente, un solo ser humano, puede salvarnos.

Siempre he creído que no es lo mismo despertarse furioso con su sistema financiero, con su clase dirigente y sus instituciones en una sociedad en que se decide parte de lo que ocurre en el mundo, que protagonizar un amanecer furioso en países donde sabemos que lo que se debate y ocurre afecta marginalmente al resto del mundo y en casos ni siquiera a nuestra a propia sociedad.

Ante lo ocurrido en Chile estos últimos años, desde la revolución Pingüina, protagonizada por los estudiantes secundarios, a la protesta por el gas de Magallanes, expresiones donde los chilenos han salido a las calles a manifestar, alejados de los partidos políticos, sus enojos y aspiraciones ante el sistema, vemos señales de que nuestra sociedad finalmente ha despertado de una larga siesta.

Una de las preguntas pendientes es sobre el por qué. Quizás se debe a que se insiste en América Latina, producto de imposiciones coloniales, en delegar la iniciativa política y el poder de veto a una persona, bajo la loca e infantil fantasía que un salvador, un padre, un monarca, un Presidente, un solo ser humano, puede salvarnos.

Nuestra sociedad finalmente ha despertado de una larga siesta. Una de las preguntas pendientes es sobre el por qué. Quizás se debe a que se insiste en América Latina en delegar la iniciativa política y el poder de veto a una persona, bajo la loca e infantil fantasía que un salvador, un padre, un monarca, un Presidente, un solo ser humano, puede salvarnos.

Sin embargo el fenómeno no es una particularidad criolla si uno atiende lo ocurrido en Túnez y Egipto por ejemplo. Esas democracias no reformadas, derrotadas por movimientos ciudadanos, son hoy sistemas que se limitan solo a institucionalizar conflictos. Justamente de eso se tratan las revueltas populares de hoy, no de combates constitucionales, ni de complejas demandas jurídicas, sino de una gran demanda inconclusa sobre el derecho que tienen las y los ciudadanos de participar en las decisiones que les afectan.

A eso aspiramos desde el nuevo Partido Progresista. A construir un nuevo territorio donde se ponga la política, la democracia y las reformas pendientes al principio de la agenda pública. Ni al medio ni al final. Promoviendo por supuesto políticas solidarias, donde la salud de uno es el problema de todos, donde el más rico ayuda al más pobre. Así de simple y de complejo es el desafío de este nuevo movimiento.

No tenemos el monopolio de la democracia. Aspiramos a conversar con  todos los chilenos, no solo con los partidos políticos creados al amparo de la guerra fría. Nuestro dialogo no se limitará a espacios previos a contiendas electorales con tácticas utilitarias de sobrevivencia política que nos siguen proponiendo algunos ultraconservadores presidentes de Partidos. Ya lo demostramos en el 2009 cuando miles de chilenos fuimos capaces de encabezar un movimiento que cambiaría el curso de una elección. Hoy lo estamos concretando mediante la creación de un territorio nuevo.

Lo hacemos y lo haremos en esta sociedad, no en la que nos gustaría, sino en la que es. Sociedad donde el grueso de los jóvenes, se sienten alejados de los centros de decisión, donde el 64% de ellos ni estudia y el 54% ni trabaja. Aspiramos representar sin reivindicación monopólica alguna, a los grandes ausentes del debate democrático: los jóvenes NINI y los no tan NINI, los que ni trabajan ni estudian. Los mismos que actualmente son los grandes editores y usuarios de las redes sociales, las que pensadas para hacer amigos se convirtieron en poderosas redes de expresión política en el mundo, y donde, nos guste o no, se tejen las conversaciones y acciones que trascienden a sus propios usuarios. Nos indignamos ante la falta de oportunidades, con un Estado ausente e ineficiente y un mercado cruel, guerrero y ciego. Queremos protagonizar nuestro futuro y desbordar nuestro tiempo.

Para nosotros  aumentar la participación no es solo un objetivo, es un método, es un modo de enseñar la democracia, un momento político sin igual. Solamente durante el proceso de recolección de firmas, ya hemos generado más espacios de participación directa que muchos de los partidos que conocemos. Este proyecto es una alternativa en la oposición, pero asume que no basta declararse de oposición, se trata de promover más allá de los habituales debates entre candidatos una clara exposición de los distintos proyectos de sociedad que están en juego: un Chile más colectivista, uno más sustetanble, uno nacionalista, otro autoritario o uno que promueva claramente la creación y distribución de riquezas junto a una nueva carga de derechos en un nuevo sistema político donde el destino de un pueblo no es cuestión de un hombre o una mujer sino del mismo pueblo. Un  país donde los jóvenes también  son protagonistas de su tiempo.

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