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Por qué Chile no necesita duplicar su energía

por 8 marzo 2011

Comenzaré esta columna parafraseando mi propia columna anterior: muchas columnas se han escrito sobre el tema energético... y aun así, sigue siendo un tópico sensible a nivel nacional. Nuestras autoridades se pasean por el mundo firmando convenios para promover la energía nuclear con algún país europeo, mientras son incapaces de visitar a los países de la región que se han convertido en líderes en energías renovables no convencionales. Se aprueba, en una suerte de fast-track, la central a carbón más grande de Sudamérica a pasos de un desierto que puede dar más energía aún. Y los ciudadanos, miles, se manifiestan en contra de éste y otros proyectos.

Y todo, porque Chile necesita duplicar su energía, o su electricidad (una de muchas formas de energía), según el experto o según la preferencia. Para el siguiente ejercicio intelectual, supongamos que, efectivamente, energía es sinónimo de electricidad.

Hace algunos días, mantuve un breve intercambio epistolar en un medio de prensa. Mi contraparte manifestó que las estadísticas internacionales demuestran que los países que incrementan su consumo energético, poseen un mayor ingreso per cápita. Por ende, Chile necesita duplicar su energía para superar la pobreza, a través de la generación de empleo. La demostración de esta premisa proviene de las propias estadísticas chilenas, que muestran que el aumento del consumo de energía crece a la par con el PIB nacional. Estas cifras se muestran en un estudio de la CNE , y que sirven de sustento para la famosa y manoseada premisa "Chile necesita duplicar su energía".

Pero, ¿es así en otros países? ¿Crece el PIB con el consumo eléctrico en países desarrollados? Escogí a seis países para investigar esta pregunta: Alemania, Canadá, Dinamarca, Inglaterra, Japón, España y Estados Unidos, además de Chile. Pudieron haber sido más (o distintos) países, pero como ejercicio, éstos son ideales por ser modelos a seguir, algunos de ellos con una gran influencia en términos de inversiones en el país, en el modelo de economía adoptado, y que mantienen relaciones comerciales de importancia con Chile.

Se obtuvieron los datos de consumo eléctrico per cápita y de PIB per cápita para los años 1990, 2000 y 2005. Nuevamente, pudieron haber sido más años los seleccionados, pero tres datos bastan para hacer un ejercicio ilustrativo (realizado en el poco tiempo libre que deja la vida moderna). Al observar los datos, se observa que nuestro país presenta, efectivamente, este perfil descrito por los expertos: un PIB que crece de la mano con el consumo eléctrico. Sube el consumo, sube el PIB. ¿Qué pasa con los seis países restantes? A excepción de España, que se encuentra en una situación intermedia, en los demás países se observa una situación diferente: un aumento del PIB sin un aumento apreciable del consumo eléctrico (Figura 1; la línea verde indica el consumo eléctrico per cápita normalizado respecto al valor de 1990, mientras que la línea amarilla indica el PIB per cápita, normalizado también por el valor correspondiente de 1990). Es más, debemos dejar bien en claro: en 15 años, el consumo eléctrico per cápita no ha aumentado considerablemente en estos países; se ha mantenido relativamente estático. Sin embargo, en cada uno de estos países el PIB se ha incrementado, lo que derriba el mito de que, para aumentar el PIB, debemos aumentar necesariamente el consumo eléctrico. España se encuentra en una situación intermedia: ha aumentado notablemente su consumo, pero gran parte de este aumento, especialmente en la última década, consiste en ERNCs, que componen hoy una gran parte de su capacidad de generación.

Otro de los indicadores disponibles para estos países es el PIB por unidad de energía; es una medida de la eficiencia con la que el consumo energético se traduce en crecimiento económico, y es el indicador que, según mi contraparte en nuestro intercambio epistolar, demuestran una relación directa entre el ingreso per cápita y el consumo energético. No obstante, entre todos los países analizados, Chile ha sido el menos eficiente en traducir el consumo energético en un mayor PIB, pese a ser el país que más ha aumentado proporcionalmente su consumo eléctrico per cápita (Figura 2). Es interesante notar que el otro país que ha sido ineficiente en traducir el mayor consumo eléctrico en un mayor PIB es España, el otro país que presenta un comportamiento similar a Chile (en el sentido que ha aumentado su consumo eléctrico per cápita).

Más aún, en los últimos 18 años, Chile es el país que más ha aumentado, respecto a 1990, sus emisiones de CO2, como lo demuestran los datos. Nuevamente llama la atención que Chile sea seguido por España. Otra similitud más entre ambos países (Figura 2).

Habiéndose derribado el mito de que el PIB sólo crece cuando aumentamos el consumo, una segunda pregunta surge: ¿Es el crecimiento del PIB lo que necesita el país? ¿Qué, exactamente, nos dará a todos los chilenos un mayor PIB? ¿Nos hará superar la pobreza, como sugieren los expertos? De los siete países analizados, Chile es el que presenta el peor índice GINI, el cual casi duplica al de Alemania, Dinamarca o Canadá. Chile, pese a ser el país de mayor aumento del consumo eléctrico, tiene la peor distribución del ingreso. El aumento del consumo no ha sido la receta para superar la pobreza. ¿Por qué habría de serla ahora?

Los argumentos de los expertos son, al menos, cuestionables. ¿Qué hay de la parte final de toda esta historia? Podemos aceptar que Chile necesita aumentar su matriz energética; después de todo, se supone que somos un país en desarrollo. Pero, ¿duplicar nuestra energía? (seguimos asumiendo que energía = electricidad).

Supongamos que Chile posee 13.000 MW de potencia instalada al momento de escribir este artículo. Si Chile duplicara su energía, tendríamos un aumento anual del consumo eléctrico del 7%. ¿Es una tasa razonable? La International Energy Agency (IEA) publica, cada año, un "outlook" del panorama energético mundial incluyendo cálculos actualizados de varios indicadores, incluyendo el aumento anual del consumo eléctrico. En la versión del año 2010, la IEA ha calculado que el aumento del consumo eléctrico promedio en el mundo será de 2,2%, más de tres veces menor que el 7% de aumento necesario para que Chile duplique su energía. Además, los países OCDE (como Chile), serán responsables sólo del 10% de este aumento; los países OCDE han ido frenando su consumo eléctrico, principalmente debido a los altos costos de generar electricidad. Cálculos para los últimos 10 años muestran que el consumo eléctrico de Chile ha aumentado, en promedio, un 6% anual, aunque gran parte de este aumento se explica por el crecimiento a inicios de la década, habiéndose calculado esta cifra en sólo un 4,5% entre los años 2003 y 2007. Y, repitiendo lo anteriormente expuesto, siguiendo una política que no ha dado resultados en términos económicos. Suponer que nuestro consumo eléctrico debe aumentar un 7% anual es más que irracional.

Finalmente, si la única evidencia de que Chile necesita duplicar su energía para aumentar el PIB, podríamos detenernos un instante en el PIB, ese indicador mágico que es sinónimo de prosperidad para unos pocos, al menos en Chile, el 13° país del mundo con la peor distribución del ingreso. El PIB fue inventado hace más de 60 años, y su propio creador llamó la atención sobre la imposibilidad de usar el PIB como un indicador del bienestar de una nación. En esa época, no existía el concepto de calentamiento global. Ni el de ERNCs. Ni el de economía verde. Ni otros similares. Hoy, muchos economistas en el mundo han intentado promover una nueva medición de los ingresos nacionales, distinto al PIB, y que incluya los costos medioambientales y sociales. Dos ejemplos son el ISEW (Index of Sustainable Economic Welfare) o el GPI (Genuine Progress Indicator). Curiosamente, el ISEW ha sido calculado para unos pocos países, incluyendo Chile. De acuerdo a un estudio publicado en 1999, mientras el PIB creció un 88,6% entre los años 1965-1995, en el mismo período el ISEW nacional disminuyó un 4,9%. Es decir, si consideramos los costos sociales, ambientales, y otros, en el cálculo, nos daremos cuenta que nuestro país está lejos de crecer.

En resumen: los países desarrollados no han aumentado su consumo eléctrico para aumentar su PIB; Chile, pese a ser el único país que ha aumentado ostentosamente su consumo eléctrico, es el país con la peor distribución del ingreso y pobreza (de los analizados), el que más ha aumentado su producción de CO2, y el menos eficiente en traducir el consumo energético en un mayor PIB, por lo cual no es verdad que duplicar nuestra energía nos ayude a superar la pobreza, y la premisa misma de duplicar la energía corresponde a lo que en términos técnicamente más elegantes se conoce como una "sobreestimación".

La falta de capacidad para evaluar y analizar datos, nos ha llevado a esta encrucijada, a esta premisa en la que debemos duplicar nuestra energía para superar el desempleo y la pobreza. Ésta es la raíz de todos los males, al menos en lo que al tema energético se refiere. Del desenfreno en la aprobación de proyectos nocivos, dañinos para nuestro ambiente único y para nuestro planeta.

(*) Texto publicado en El Quinto Poder.cl

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