Martes, 6 de diciembre de 2016Actualizado a las 02:49

Opinión

Autor Imagen

Campiche: la guinda de la torta

por 9 marzo 2011

Campiche: la guinda de la torta
El poder de las corporaciones, el lobby, los lobistas y la corrupción del sistema son el tercer componente del modelo chileno, lo que quedó en evidencia hace unos días. Es indignante y triste a la vez observar cómo nuestros líderes políticos, en la Concertación y la Alianza, se han especializado en la “venta” de sus servicios profesionales para defender intereses foráneos.

La discusión energética en Chile está instalada. Artículos de distinta naturaleza se publican por doquier, a favor o en contra de tal o cual proyecto. Es una discusión interesante y tremendamente relevante para nuestro futuro porque, más allá de cada proyecto en particular, ha permitido dar una mirada más amplia al modelo de desarrollo chileno. Un modelo creado durante la dictadura y reforzado durante los últimos 20 años.

Pero, ¿cuáles han sido los principales componentes de este modelo y cómo se relacionan con la discusión energética?

Un primer elemento esencial del modelo ha sido la Constitución de 1980. Gracias a esto, la derecha chilena ha podido mantener una sobre-representación en el Congreso, con la cual ha protegido el “legado” profundamente corrupto y anti democrático de la dictadura. Ahí están las privatizaciones irregulares, la deuda subordinada, el sistema binominal, etc. La Constitución representa la base jurídica sobre la cual ha crecido este modelo, que impide en la práctica realizar cambios significativos. Mientras no elaboremos una nueva Constitución, los atropellos a los derechos ciudadanos continuarán.

Los chilenos estamos siendo abusados por nuestra clase política. Si nos molestan las termoeléctricas, si no queremos más niños o ancianos moribundos en los hospitales, si no queremos más lobistas profitando de nosotros, entonces debemos manifestarnos y exigir cambios, tal como lo han hecho en medio oriente ciudadanos hastiados del abuso.

Un segundo elemento del modelo ha sido la concentración de la riqueza y la consolidación de una oligarquía poderosa, fuertemente vinculada a otras estructuras oligárquicas en el mundo, como la norteamericana. Las visitas de David Rockefeller a Chile no son una coincidencia. Tampoco lo es la visita de Obama. ¿Cómo no va a venir a Chile si aquí permitimos que las corporaciones norteamericanas ganen plata a destajo, y a costa de cualquier cosa? Corporaciones que, por cierto, son las que realmente tienen el poder en Estados Unidos, como lo vienen denunciando públicamente científicos, dirigentes sociales, políticos e intelectuales norteamericanos, como Joseph Stiglitz, premio Nobel de economía en el 2001.

Hace algunos meses el periódico inglés The Guardian publicó los resultados de uno de los últimos estudios relativos a la concentración de la riqueza en el mundo. Las conclusiones son contundentes: el 1% de la población es dueña del 40% de la riqueza global. Más de un tercio de estos “súper ricos” viven en Estados Unidos, un 27% en Japón, y un 6% en Reino Unido. Por otra parte, si se suman los ingresos de las 500 corporaciones más grandes del mundo, según los datos entregados por la revista Forbes, se observa que casi el 45% del PIB global circula por sus manos.

El poder de las corporaciones, el lobby, los lobistas y la corrupción del sistema son el tercer componente del modelo chileno, lo que quedó en evidencia hace unos días. Es indignante y triste a la vez observar cómo nuestros líderes políticos, en la Concertación y la Alianza, se han especializado en la “venta” de sus servicios profesionales para defender intereses foráneos. El caso de la Termoeléctrica Campiche, revelado por Wikileaks, es la confirmación de una sospecha. Porque cuando el embajador de Estados Unidos pide un favor, parece que “hay que hacérselo pues”. Si ese es el comportamiento de nuestra autoridades ante un “negocito como Campiche”, ¡cómo será cuando tratan el tema minero!

Así llegamos al cuarto componente del modelo, el saqueo de los recursos naturales. Porque Chile podría duplicar su inversión en educación, en salud, pagar pensiones dignas a nuestros jubilados, etc., subiendo en unos 15 puntos los impuestos que pagan las mineras. Aún así estaríamos por debajo de los impuestos que cobran países como Australia, por ejemplo. Pero no, no es posible, “porque los empresarios se pueden enojar e ir del país”, lo cual es falaz. El saqueo de los recursos naturales no ocurre sólo en minería, ocurre también en el sector forestal, pesquero, etc.

No es razonable que nos quedemos inmóviles mientras a usted, señor, le descuentan el 7% de su jubilación, porque “el país lo necesita”, o mientras al resto le suben el pasaje del Transantiago cada 10 días. Sepan que nuestras autoridades, en la Concertación y la Alianza, están regalando nuestros recursos naturales y ganando mucha plata durante el proceso, en su nuevo rol de lobistas. Y no sólo eso, porque también están dispuestos a sacrificar nuestra salud, su salud, la de nuestros niños, ancianos, permitiendo la instalación de industrias altamente contaminantes como las termoeléctricas a carbón.

La discusión energética no es una discusión técnica. Es esencialmente política, pero no entre representantes de partidos, sino que entre ciudadanos. Ciudadanos capaces de decir ¡basta!, ejerciendo su legítimo derecho a decidir su futuro y el de sus hijos. Los chilenos estamos siendo abusados por nuestra clase política. Si nos molestan las termoeléctricas, si no queremos más niños o ancianos moribundos en los hospitales, si no queremos más lobistas profitando de nosotros, entonces debemos manifestarnos y exigir cambios, tal como lo han hecho en medio oriente ciudadanos hastiados del abuso. La movilización activa es el primer paso para buscar soluciones de fondo a los problemas que hoy nos aquejan como nación. ¿Estaremos los chilenos dispuestos a hacerlo?

Compartir Noticia

Más información sobre El Mostrador

Videos

Más Noticias

Blogs y Opinión

Encuesta

Mercados

TV

Cultura + Ciudad

Deportes