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Lo que no se dice sobre el posnatal

por 9 marzo 2011

La ministra del Sernam está obsesa con la idea de reclutar a su marido en la casa, la Evelyn con los datos macroeconómicos y su eventual proyección presidencial y Piñera será causante de más de un divorcio con su gobierno 24/7 (no todas tienen la paciencia de la Cecilia), pero de la familia, de la familia en serio, nadie habla.

Absolutamente brillante y perfectamente inútil, así calificaría yo el proyecto de ley del posnatal.

Brillante porque si se trataba de dejarlos a todos contentos, las cosas no pudieron haberse hecho mejor. De otra forma no se entiende que la oposición no encontrara nada mejor que asumir la defensa de las mujeres que ganan más de 30 UF al mes (es decir, las más ricas del país). Si no fuera porque el proyecto se pensó bien, la Concertación hubiera encontrado una causa más acorde a su discurso.

Brillante porque todos quedaron contentos, comenzando por ese pequeño socialista que cada chileno lleva dentro de sí y que piensa debe tomar decisiones en nombre del pobre mientras se reserva el derecho a decidir cuando se trata de sí mismo. Ese que conmueve con su discurso romántico sobre la educación y la salud pública, mientras lleva a sus hijos a los mejores colegios privados y a las clínicas más pitucas del país. El mismo que ahora le da a las mujeres más ricas un margen de decisión, mientras se lo niega a las más pobres.

La ministra del Sernam está obsesa con la idea de reclutar a su marido en la casa, la Evelyn con los datos macroeconómicos y su eventual proyección presidencial y Piñera será causante de más de un divorcio con su gobierno 24/7 (no todas tienen la paciencia de la Cecilia), pero de la familia, de la familia en serio, nadie habla.

Brillante también porque dejó contentas a las feministas. Unas semanitas de posnatal para los hombres no sacian por completo su sed de venganza contra la naturaleza… pero la calman; y las que tenemos hijos sabemos muy bien por qué. Durante los primeros meses la vida de la criatura y la de uno transcurre entre leche, deposiciones y eructos, nada que despierte un interés particular en el hombre.

Brillante además porque los economistas quedaron si no contentos, al menos tranquilos; es verdad que el proyecto parece un regalo caído de la piñata estatal,  pero en realidad se trata de una estrategia tendiente, por una parte, a sincerar los datos y por otra, a enfocar un poco mejor los recursos. Hasta hoy, el posnatal real duraba 5 meses y medio (por las famosas licencias) y la mayor parte de los recursos llegaban a las mujeres de mayores recursos. En la práctica, la extensión del posnatal será de dos semanas y las beneficiarias dejarán de ser las mujeres más privilegiadas.

En suma, políticamente hablando el proyecto de ley no pudo reflejar más astucia y por eso soy la primera en considerar que fue una salida brillante para dar cumplimiento a una promesa de campaña que simplemente no se podía cumplir.

Una cosa distinta es que yo crea que el proyecto en cuestión tiene algún sentido si se piensa desde el punto de vista de los problemas relevantes que afectan a la familia.

Porque tener tres meses más de posnatal no ayudará en nada, por ejemplo, al aumento de la tasa de natalidad. Si las mujeres no tienen más hijos es, en parte, porque las garantías que existen de darles buena salud y educación no son suficientes. Pero también porque dedicarse a tener hijos y a educarlos es algo que está socialmente devaluado. Sin ir más lejos, ayer me decía un amigo a propósito de un trabajo que yo no quiero aceptar: “No eres sólo un útero” y en los comentarios a mi blog no faltan críticas del tipo “quédese en su casa” o “dedíquese a tener hijos”. La idea de fondo es que se trata de algo mucho más simple que escribir en El Mostrador y, por supuesto, más irrelevante.

Tener tres meses más de posnatal tampoco ayudará mucho en el tema del apego ni en la configuración psicológica del hijo. La cría humana es una excepción a nivel de los mamíferos: a los nueves meses alcanza el nivel de autonomía que tienen la mayoría de los animales a pocas horas de nacer y hasta los cinco años necesita estar muy cerca de su mamá. Es una de las objeciones que yo le haría al Creador pero es lo que hay y desconocerlo es engañarse pensando que alguien (o algo: llámese Estado, empresa, sala cuna o jardín) puede asumir los costos ineludibles que tiene la maternidad tanto en el cuerpo como en el trabajo de la mujer.

En fin, pasan los meses y sigo sin encontrar medidas que signifiquen un avance decisivo en materia de protección a la familia. La ministra del Sernam está obsesa con la idea de reclutar a su marido en la casa, la Evelyn con los datos macroeconómicos y su eventual proyección presidencial y Piñera será causante de más de un divorcio con su gobierno 24/7 (no todas tienen la paciencia de la Cecilia), pero de la familia, de la familia en serio, nadie habla.

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