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Las comunicaciones y el tsunami

por 14 marzo 2011

Las comunicaciones y el tsunami
En la sociedad moderna, las desgracias no se tratan como condiciones impuestas por la naturaleza, sino como efectos de decisiones que se tomaron o que no se tomaron. Ante ello, su comunicación diferencia entre quienes pudieron tomarlas y quienes, no pudiéndolo hacer, se vieron afectados por ellas.

Con el reciente terremoto en Japón y su posterior tsunami, es importante señalar que las comunicaciones cumplen un rol clave en estas situaciones de crisis. Ellas son el primer generador de respuestas, las que permiten tomar decisiones sociales o personales.

Recordemos que en nuestro trágico  27-F, quienes escucharon por sus radios, en los cerros, informaciones consideradas “oficiales” que no advirtieron la amenaza de un maremoto, abandonaron sus resguardos exponiéndose a nuevos peligros. También la carencia de respuestas oportunas para enfrentar coherentemente el desastre, produjo que la población actuara evaluando, a oscuras y en un tiempo limitado, sus posibilidades y medios. Esta situación es la que conocemos como “sálvese cada uno como pueda”, cuya imagen ha penetrado profundamente en la población, causando inseguridad y angustia,  ya que las personas sienten que en cualquier momento deberán competir por su sobrevivencia. No es superfluo por tanto, plantear que justamente por información, o mala información se producen mayores o menores desgracias.

Con la reciente catástrofe en Japón y las alertas de tsunamis que afectan a nuestra población, podemos constatar, una vez más, que sigue persistiendo una dispersión y un cierto grado de sensacionalismo en las formas de divulgar información, que no contribuye a que tomemos adecuados resguardos ante estas situaciones.

Las investigaciones sobre experiencias de este tipo también destacan que las comunicaciones oficiales y las acciones de los funcionarios públicos están entre las variables que más afectan la reacción de la población, y también que su ausencia o demora en la entrega de información clara impide contener comportamientos inadecuados para las situaciones o crisis de pánico que las acompañan. El sociólogo alemán Niklas Luhmann señalaba que, en la sociedad moderna, las desgracias no se tratan como condiciones impuestas por la naturaleza, sino como efectos de decisiones que se tomaron o que no se tomaron. Ante ello, su comunicación diferencia entre quienes pudieron tomarlas y quienes, no pudiéndolo hacer, se vieron afectados por ellas.

Por esta razón debemos entender que el manejo comunicacional es estratégico y clave  ante los desastres; y no puede liberarse exclusivamente en su dimensión noticiosa, especialmente cuando los medios privados de comunicación social carecen de protocolos que consideren las necesidades de información de sus distintas audiencias y sus grupos más vulnerables proponiendo, por ejemplo, medidas para quienes se encuentran aislados o no pueden abandonar sus residencias. Por ello es muy importante que sean los organismos oficiales quienes principalmente atiendan esta tarea, puesto que en todos los Estados modernos, se supone como obligación de sus gobiernos informar y proteger a las personas y sus bienes ante estos eventos.

Pese a que en esta materia se está avanzando, con la reciente catástrofe en Japón y las alertas de tsunamis que afectan a nuestra población, podemos constatar, una vez más, que sigue persistiendo una dispersión y un cierto grado de sensacionalismo en las formas de divulgar información, que no contribuye a que tomemos adecuados resguardos ante estas situaciones.

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