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El culo de Kast

por 15 marzo 2011

El culo de Kast
Durante muchos años, los mismos diputados de derecha que ahora corrieron a defender a uno de los suyos, cuando eran oposición, corrían a difundir acusaciones completamente injustas e infundadas. Y lo hacían a sabiendas. Recuerdo cuando estaba en el gobierno y llamé una vez a un diputado para pedirle que no siguiera jugando con el nombre de una persona que ambos sabíamos honorable: “Francisco, me da pena por él, pero así es este juego”.

La semana pasada se vivió un episodio muy particular acerca del asiento de un Ministro de Estado. En breve: MIDEPLAN realizó una licitación vía ChileCompra para adquirir un sillón de cuero que sería utilizado en uno de los salones del ministerio. El trámite, rutinario y sin mayor importancia, marchaba normalmente hasta que alguien se percató del elevado precio que el propio ministerio estimaba para la operación ($3.500.000). La acusación surgió de inmediato. ¿Tres millones y medio para un simple sillón? ¿Tan delicado lo tiene el ministro?

MIDEPLAN se apresuró en aclarar la situación: el sistema ChileCompra se ordena por tramos, y en este caso, el mentado sillón correspondía al primero de estos tramos, el que va de 0 a 100 UTM. De ahí el monto de la licitación. Probablemente el funcionario que realizó el trámite ni siquiera meditó mucho al momento de colocar el precio estimado, y se limitó a aproximar la estimación al monto máximo del tramo.

Lo curioso del caso es que a pesar de existir una explicación más que plausible para el malentendido, el episodio generó una amplia mofa de parte de la oposición. En twitter, el #sillondekast resultó francamente hilarante. ¿Por qué nadie se detuvo a esperar la versión del ministro y saltó de inmediato la burla?

Pobre Kast. Por años lo subirán arriba del columpio por el refinado culito que ameritaba un sillón de tres millones y medio. Ojala que cuando vea a sus amigos parlamentarios les diga en su cara: “por mañosear tanto tiempo con la verdad, miren el entuerto en que me han metido”.

Lo confieso: estuve entre los que se rió del episodio y más de algún tweet eché a la hoguera. Y es precisamente eso lo que me hizo meditar: ¿Por qué yo, si en lo personal tengo la impresión de que el ministro Kast es un tipo honesto, de genuina vocación de servicio, de incuestionable formación para el cargo, que sé no se va andar preocupando de tonteras como la compra de un sillón, que intuyo no le interesan en lo absoluto las nimiedades simbólicas del poder como es la decoración de su gabinete, que menos va arriesgar su carrera por pequeñeces como ésta, entonces, por qué diablos yo también me presté para la risa?

La respuesta es simple: porque somos humanos y durante mucho tiempo, la otrora oposición nos tuvo hasta la coronilla con estas cosas.

Durante muchos años, los mismos diputados de derecha que ahora corrieron a defender a uno de los suyos, cuando eran oposición, corrían a difundir acusaciones completamente injustas e infundadas. Y lo hacían a sabiendas. Recuerdo cuando estaba en el gobierno y llamé una vez a un diputado para pedirle que no siguiera jugando con el nombre de una persona que ambos sabíamos honorable: “Francisco, me da pena por él, pero así es este juego”.

Las actuales políticas que impulsa el gobierno en materia de pobreza, a mi juicio, dejan mucho que desear. Esperábamos mayor altura de miras para analizar las cifras de la CASEN el año pasado. Esperábamos una propuesta más creativa, moderna y de avanzada en materia de ingreso ético, y no un simple bono para el ChileSolidario, que es lo que terminará siendo.

Esperábamos un avance sustantivo en el Ministerio de Desarrollo Social, y no una mera subsecretaría adicional y un par de mejoras en algunos instrumentos. Se prometió mucho y finalmente, entre insuficiencias y letra chica, se hará poco. Pero esa crítica política y técnica en ningún caso debe trasladarse a una crítica personal hacia el Ministro.

Es central entender que en materia de ética pública, la distinción no debe hacerse entre izquierdas y derechas, sino que entre buenas y malas prácticas. Distinguir entre probos e ímprobos, entre transparentes y opacos, entre honestos y deshonestos. Si de verdad se quiere hacer frente a la corrupción y al aprovechamiento de los bienes fiscales, se debe saber hacer esta distinción, porque si no, la injusticia queda a la orden del día, y el saborcillo de la dulce e inocua venganza, prima por sobre la verdad y la prudencia.

Pobre Kast. Por años lo subirán arriba del columpio por el refinado culito que ameritaba un sillón de tres millones y medio. Ojala que cuando vea a sus amigos parlamentarios les diga en su cara: “por mañosear tanto tiempo con la verdad, miren el entuerto en que me han metido”.

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