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Las lecciones de Jacobo Siruela

por 16 marzo 2011

Navegando en las redes sociales encontré, casi por casualidad,  el catálogo de Atalanta publicado en Issuu, con el que la editorial celebra cinco años de vida y cincuenta libros editados. Lo bajé para revisar los títulos y mirar sus portadas, no porque no conociera esos libros, sino por ese extraño placer de ver el conjunto: esa cifra incalculable que suman uno a uno los libros cuando están dispuestos en el catálogo de un buen editor. Pero tan interesante como esa mirada panorámica del sello son las palabras de su editor, Jacobo Siruela, con las que introduce la publicación. Se trata de un texto breve pero que resume con simpleza y sabiduría los entresijos del quehacer editorial. Más que fragmentos, éstas son algunas de las lecciones de Jacobo Siruela:

El verdadero baremo para calibrar el valor de un catálogo no descansa en los éxitos comerciales conseguidos [...], sino en la coherencia y calidad de su línea editorial, el interés que suscita en el público y también la manera en que el editor trabaja hasta hacer suyos a los autores que publica. ¿Qué quiere decir esto? Antes de ser editado, cualquier libro es un fantasma, un espíritu sin cuerpo que pide existir en el mundo, y la encargada de transformar este deseo en realidad es la editorial. Por eso no se debe olvidar que una idea puede tomar forma en un objeto bien concebido o, por el contrario, malograrse a través de una pésima traducción o incluso vulgarizarse con una portada banal, etcétera. Desde el momento en que una editorial toma la responsabilidad de fabricar una obra, tiene a su vez la capacidad, para bien o para mal, de transformarla. En esto radica la calidad ética y el fundamento estético de todo editor.

La tecnología no es el enemigo de los que editamos en papel, sino nuestro mejor aliado. Sin ordenador, sin internet, Atalanta no habría podido existir tal como es. Gracias a los medios electrónicos las pequeñas editoriales independientes han podido florecer y promocionarse desde cualquier parte del globo terrestre.

El proceso de construir un libro es largo y arduo, y de alguna manera convierte la edición en un arte, aunque yo prefiero el antiguo término de artesanía. A pesar de que el artesano acabó siendo a finales del siglo pasado una vieja referencia que la sociedad tecnificada había hecho casi desaparecer en favor de los procesos industriales, me sigue pareciendo uno de los mejores modelos que pueden imaginarse para la edición del siglo XXI.

Cinco años, cincuenta libros. Ésta es nuestra filosofía. Tratar de hacer pocos libros. No seguir las pautas del mercado, sino aspirar a abrir un espacio propio en su seno. Tener una línea editorial clara, libre y coherente; y lo más importante, ser siempre fiel a ella. Editar no es un trabajo, es una pasión, un inconfundible anhelo.

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