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Solidaridad, extrema pobreza y “the chilean way”

por 18 marzo 2011

Solidaridad, extrema pobreza y “the chilean way”
Mientras no recuperemos nuestra austeridad, de herencia castellano-vasca, mapuche o europea, más nuestros diversos mestizajes, y nos domine el consumismo, ajeno a nuestra idiosincrasia, no vamos a terminar con la pobreza.

Nadie que me ubique duda que soy de derecha. Creo en la libertad, la igualdad de oportunidades como herramienta para terminar con la pobreza y la desigualdad, el derecho de propiedad para garantizar la primera y la asignación a los privados de las funciones productivas y al Estado las redistributivas, como bases de nuestro pensamiento. De estos principios derivan las políticas de mercado, como asignador de recursos y precios, y la apertura comercial al exterior.  Al igual creo que nuestro ideario derechista, de base cristiana, nos obliga a vivir con austeridad.

Establecida mi posición política deseo plantear una cuestión fundamental, que nos atinge a todos, respecto a nuestra alarmante extrema pobreza. Me avergüenza la ética que domina nuestra cultura “chilensis” o como dicen ahora los siúticos: “the chilean way”. No tenemos la más mínima solidaridad con el prójimo que convive día a día con nosotros y no conocemos la austeridad.

¿Es cristiana tanta ostentación? ¿Sería muy perjudicial para el gerente que gana $ 15 millones mensuales cancelarle al personal doméstico algo más de $200 mil pesos al mes? ¿Y a las empresas de retail, que tanto alardean sus utilidades, pagar algo más que el mínimo a sus cajeras?

Baste mirar las casas y autos que exhibimos frente a quienes pasan hambre. ¿Es cristiana tanta ostentación? ¿Sería muy perjudicial para el gerente que gana $ 15 millones mensuales cancelarle al personal doméstico algo más de $200 mil pesos al mes? ¿Y a las empresas de retail, que tanto alardean sus utilidades, pagar algo más que el mínimo a sus cajeras? ¿Y a los Bancos que no estrujen como limón a los tarjetahabientes? ¿Y a los supermercados que no cobren el pan bajo el costo quebrando a las pequeñas panaderías? ¿Y en vez de insultar a los que hacen cola para el Transantiago, con un grosero BMW o Mercedes Benz, conformarse con un Toyota? ¿Y al estudiante que nos empaqueta la mercadería en el supermercado entregarle mil pesos en vez de monedas? ¿Y en el restaurante donde pagamos abultadas cuentas dejar algo más del diez por ciento? ¿No creo que a los parlamentarios los vaya a dañar fijarse sueldos acordes con la realidad socioeconómica del país; en vez de $ 8 o 10 millones mensuales?

Nada de lo anterior va a alterar, sustancialmente, nuestras vidas y ello sería bastante más ético que pavonearse, frente a los medios, en actos mediáticos de caridad como la elitista Cena de Pan y Vino

Mientras no recuperemos nuestra austeridad, de herencia castellano-vasca, mapuche o europea, más nuestros diversos mestizajes, y nos domine el consumismo, ajeno a nuestra idiosincrasia, no vamos a terminar con la pobreza. La acción del Estado y la Legislación laboral no bastan. Necesitamos cultura de solidaridad diaria. No sólo con la Teletón, el terremoto o los “33”.

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