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Obama y América Latina: ¿Por qué Chile?

por 21 marzo 2011

Entre los aspectos a destacar de la visita del Presidente Obama a Chile debemos señalar que ella es la primera de un Presidente de los Estados Unidos que refleja y representa el reconocimiento y la legitimación de la diversidad étnica, cultural y religiosa de ese país.

No es ya la representación preferencial de lo sajón protestante, sino de la riqueza humana real de esa nación. Lo anterior se ha manifestado en sus propuestas de gobierno, no sólo en el ámbito económico y político e internacional, sino también en los temas valóricos tan difíciles de tratar en los sectores más conservadores del país del norte. Este hecho ofrece un aspecto interesante para los países latinoamericanos, cuya esencia está representada también por esta diversidad y por las apuestas democráticas que se construyen a partir de esta realidad, varias de ellas emblemáticas para sus pueblos, aunque no ausente de fuertes contradicciones.

De acuerdo a lo anterior, Chile, a pesar de los niveles de insatisfacción interna, ha ido configurando un desarrollo económico con propuestas sociales y de democratización orientado a favorecer a los sectores más deprimidos dentro de nuestra sociedad. Sin duda, más allá de los juicios internos y de las controversias al interior de los diversos sectores políticos y de la ciudadanía organizada,  nuestro país exhibe un fortalecimiento institucional, un desarrollo económico y un avance democrático, que aparecen relevantes no sólo en el contexto latinoamericano, sino a nivel internacional.

La obra de la Concertación, más allá de sus deudas políticas, sociales y democráticas, constituye un modelo que el Presidente Obama reconoce e, implícitamente, señala como un camino para América Latina. Chile tuvo opinión reconocida en los foros internacionales con decisiones que en su momento fueron polémicas, como el rechazo por parte del gobierno de Ricardo Lagos a determinadas políticas internacionales de los Estados Unidos, y por el liderazgo que en su momento ejerció Michelle Bachelet en el continente.

Estas consideraciones nada tienen que ver con la valoración o no valoración del actual gobierno de Chile, sino con la imagen del país que se ha construido a partir de los inicios de la transición hasta el día de hoy. De hecho las propuestas sociales de Obama en temas tan delicados y emblemáticos, como el de la salud, su apoyo a las expresiones mas genuinas de los derechos humanos y ciudadanos, como son el reconocimiento a la legitimidad de la diversidad de las opciones sexuales, provocan profundas contradicciones en amplios sectores de la ultra derecha y la derecha mas conservadora norteamericana, como también estos temas provocan las mismas contradicciones y rechazo en sectores de la derecha chilena. Ya no es posible hacer democracia con exclusiones por cuestiones sexuales, raciales, culturales, religiosas y otras, lo cual significa que estamos entrando a una revaloración profunda de los contenidos mismos de la democracia, generándose con esto la necesidad de seguir ampliando sus expresiones en la institucionalidad político-jurídica.

Varias preguntas surgen en el ciudadano común, en los sectores políticos y empresariales, pero también en los sectores académicos y en los centros de reflexión. Una de ellas es si realmente existe en esta visita del Presidente Obama una mirada diferente de los Estados Unidos hacia América Latina. Una valoración que vaya más allá de una simple estrategia para abordar los grandes problemas que hoy día representan los procesos de globalización económica y las alteraciones político culturales que ellos provocan, sobre todo en el ámbito latinoamericano.  O bien si es que con el Presidente Obama estamos en presencia de una apuesta de desarrollo democrático, de una atención preferente y solidaria con la democratización de América Latina,  en medio de un orden internacional profundamente alterado con los problemas del medio oriente, de los países árabes en general y de los intentos de reordenar los nuevos centros de poder.

Los resultados políticos de la visita del Presidente Obama no pueden ser anticipados. El programa de actividades de su visita confirma un reconocimiento a un liderazgo de Chile en la región. El tema parece ser que esta visita tiene como objetivos concretos respaldar ese liderazgo y favorecer determinados esquemas de desarrollo democrático, sociales y económicos. Pero, sin duda, el mayor desafío está en el reconocimiento de la libertad de los pueblos del continente para construir de manera plural, autónoma e independiente sus propias propuestas, de acuerdo a sus tradiciones y a su historia; desde la diversidad y no desde la hegemonía de un partido, de un grupo de poder o en representación de una clase. ¿Es ese el aporte que ofrece Chile en este momento? ¿Somos una sociedad suficientemente justa, teniendo unas de las peores distribuciones del ingreso a nivel internacional? ¿Somos una de las sociedades con mayor justicia social mientras subsiste la marginación de las minorías, incluyendo la de los pueblos indígenas? ¿Somos un modelo de reconocimiento a la dignidad del trabajo frente a la precariedad del mismo y la falta de oportunidades? ¿Somos un modelo con un sistema educacional que brinde igualdad para todos, donde haya un modelo claro para superar las enormes desigualdades en el sistema de enseñanza y en el otorgamiento de recursos, que vaya más allá de la desigualdad misma que implica la creación de los Liceos de Excelencia? Creemos que no.

No es esto lo que representa la validez del modelo chileno. Tal vez sea, entonces, la búsqueda de caminos y la estabilidad institucional lo que, a pesar de todo, nos otorga algún mérito como país. Y aunque no sea ortodoxo, desde la política internacional es preferible entender en este contexto una visita de Obama al país llamado Chile, que es mucho más que el gobierno que lo recibe.

(*) Texto publicado en El Quinto Poder.cl

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