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¿Y las clases de las niñitas?

por 23 marzo 2011

¿Y las clases de las niñitas?
No existe ninguna razón de peso que no sea transmitir normalidad y amistad sin cambios para la región, detrás de la visita. Los que esperaban mea culpas políticos, giros estratégicos, desayunos familiares o una especie de happening diplomático de vastos contenidos, leen mal la realidad. Para los Obama fue una visita cariñosa a un pariente cercano, pero que vive lejos, en el campo. Y que conocen poco.

La visita de Barak Obama a Chile dejó en la elite criolla gusto a poco. Acostumbrados a los discursos elocuentes, la política nacional se sintió defraudada del tono neutro del  presidente norteamericano, amén de lo malo de la cena en palacio. Cero minuto fundante de algún hecho para la historia según todos. Pese a que en Renca, con Michele Obama, las historias de vida de tres estudiantes y la de Marcelo Salas, había algo más que notable.

Allí estuvo el corazón del mensaje. Esperar que el presidente norteamericano le hablara de política al mundo desde una tarima de La Moneda parece un exceso de optimismo provinciano. Y no leer las señales de diplomacia o de amistad 2.0, vinculadas a las imágenes, los sonidos y el color, además de las palabras, es estar fuera de la comunicación global y la política internacional del siglo XXI.

Chile no está en el centro del mundo ni es el paradigma del éxito. Es un país de clase media emergente, algo sufrido por circunstancias naturales, pero estable y sin una piel llena de granos. Uno que otro, manejables con buen maquillaje y una buena dieta de justicia y equidad. Por lo tanto, en opinión de los norteamericanos, parecía un buen lugar para que aterrizara el Air Force One, con el primer presidente afroamericano de su historia hablando de esfuerzo y superación como señal de que todo está normal.

Esperar que el presidente norteamericano le hablara de política al mundo desde una tarima de La Moneda parece un exceso de optimismo provinciano. Y no leer las señales de diplomacia o de amistad 2.0, vinculadas a las imágenes, los sonidos y el color, además de las palabras, es estar fuera de la comunicación global y la política internacional del siglo XXI.

Alguien seguramente subrayó en el departamento de Estado que se necesitaba un gesto hacia América Latina, pero sin decir nada muy especial. Donde los gestos y formas hablaran más, y no hubiera problemas políticos encarnizados ni presidentes hostiles. Brasil y Chile fueron el escenario ideal. Para ayuda económica se eligió El Salvador.

Todo ello porque para problemas, Estados Unidos tiene bastante con la crisis de proporciones en curso en el Medio Oriente y la guerra de Afganistán.

Los protocolos, además, sirven no solo para marcar cortesías formales. También dicen cosas.  No querer desayunar en la casa de un empresario rico, ahora Presidente anfitrión, puede ser leído como un gesto de distancia hacia la familiaridad privada del poder, a la que son tan afectas las elites políticas latinoamericanas y que a Obama parece le caen mal.

Venir con familia, que se prestaba para un desayuno que no fue, también es un acto muy amistoso. Nadie lleva la familia a lugares inseguros o donde pueden recibir ejemplos negativos. En nuestra visión de las cosas, es posible que más de una señora preguntara ¿y cómo lo hacen con las clases de las niñitas? La respuesta  estuvo en Renca.

Marcelo Salas, percibió inmediatamente el sentido de las palabras de Michelle Obama quien lo citó como ejemplo cuando visito una escuela pública de Renca. “Estoy muy contento y sorprendido –dijo-  por la alusión que hizo de mí la primera dama de Estados Unidos. Me siento muy orgulloso que una persona de importancia a nivel mundial me haya hecho un reconocimiento público”.

Porque lo importante no es que – como obviamente ocurrió-  la embajada se haya preocupado de informarse antes y de hacer ese discurso para que lo dijera la Primera Dama. Sino, tal como lo dijo el propio Matador, quien también tiene apellido mapuche y un vínculo a las minorías, se hayan dado el trabajo de hacerlo habida cuenta la distancia de poder que media entre ellos.

Obama llegó a El Salvador anunciando una ayuda de 200 millones de dólares para combatir el narcotráfico en Centroamérica. Tema que para él es un problema de seguridad nacional, o sea de política interna norteamericana. La alusión a Cuba es un alegato sobre la democracia. El resto sigue igual.

No existe ninguna razón de peso que no sea transmitir normalidad y amistad sin cambios para la región, detrás de la visita. Los que esperaban mea culpas políticos, giros estratégicos, desayunos familiares o una especie de happening diplomático de vastos contenidos, leen mal la realidad. Para los Obama fue una visita cariñosa a un pariente cercano, pero que vive lejos, en el campo. Y que conocen poco.

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