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Desafección en la Coalición por el Cambio

por 27 marzo 2011

Ciertamente parte no menor de la responsabilidad por el actual estado de cosas recae en los propios partidos, RN y la UDI, así como en sus dirigentes y líderes que han descuidado la convivencia interna. Pero el gobierno carga también con una doble cuota de responsabilidad. Por una parte el modelo personalista desarrollado y en segundo lugar –y casi más importante que lo anterior– la falta de un relato común.

Una cierta desafección parece recorrer a la Coalición por el Cambio. Para ser honestos de coalición –y a juzgar por la conformación de los equipos de gobierno– quedó desde un principio casi nada salvo por Fernando Flores –de Chile Primero– en un cargo sin mayor incidencia política.

La base del gobierno que debió estar conformada por la alianza RN y UDI experimentara su primera decepción como resultado del modelo de gobierno –diseñado a la medida del Presidente Piñera y sin participación de los partidos– centrado en un elenco de profesionales de “excelencia” con una marcada capacidad técnica pero que salvo contados casos carecían de experiencia y conocimiento político y cuya militancia era en los casos que la tenían más bien simbólica.

Ciertamente parte no menor de la responsabilidad por el actual estado de cosas recae en los propios partidos, RN y la UDI, así como en sus dirigentes y líderes que han descuidado la convivencia interna. Pero el gobierno carga también con una doble cuota de responsabilidad. Por una parte el modelo personalista desarrollado y en segundo lugar –y casi más importante que lo anterior– la falta de un relato común.

Así, un primer síntoma de desafección ha estado marcado por las disputas y tensiones derivadas de la lucha por los espacios de poder al interior de Estado tanto en el nivel central como en los niveles subnacionales de gobierno –especialmente intendencias y gobernaciones– y por un estilo de gestión que expresaría una “nueva forma de gobernar” pero que en varios episodios pareciera contradecirlo.

La pérdida progresiva de la amistad cívica registrada en las duras intervenciones públicas y recriminaciones mutuas de sus principales líderes o en el surgimiento de parlamentarios díscolos en el sector permite preguntarnos acerca de cuál es la real relación que hoy existe en la Alianza. Las palabras del Senador y presidente de RN Carlos Larraín  en varios medios constituyen una evidencia inequívoca de la desafección que hoy vive la Alianza.

Esta es –qué duda cabe– una alianza más electoral que programática, que carece de institucionalidad y que a pesar de estar en el gobierno presenta fisuras y  fracciones. A su vez los partidos también presentan divisiones internas. Basta ver los alineamientos públicos que se han expresado en relación con la presentación de una acusación constitucional contra la Intendenta del Bío Bío –a diferencia de lo que ocurrió en la Concertación con la acusación a Yasna Provoste–  para comprobar el significativo grado de desafección cívica al interior de la Alianza por Chile.

Ciertamente parte no menor de la responsabilidad por el actual estado de cosas recae en los propios partidos, RN y la UDI, así como en sus dirigentes y líderes que han descuidado la convivencia interna. Pero el gobierno carga también con una doble cuota de responsabilidad. Por una parte el modelo personalista desarrollado y en segundo lugar –y casi más importante que lo anterior– la falta de un relato común que implique renunciar y supeditar los proyectos individuales a uno colectivo y convocante.

El gobierno necesita de una coalición ya que en las democracias modernas gobiernan las coaliciones puesto que facilitan la gestión del gobierno, pero se requiere que acuerden perseguir metas comunes y más importante aún que se asuman compromisos en idéntico sentido.

Mucho más relevante que lo anterior –y esto aplica también para la Concertación–  es la coalición con los votantes, esto es en definitiva tanto o más definitivo para la sostenibilidad de los resultados políticos que la coalición con otros partidos y aquí como en varios otros aspectos nuestras dos coaliciones todavía parecen estar en déficit.

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