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¿La derecha no da el ancho?

por 30 marzo 2011

¿La derecha no da el ancho?
Observamos dos partidos que no logran acomodarse a su nueva situación. A propósito del caso de la intendenta de Concepción iniciaron una escalada de amenazas mutuas y confrontaciones poco felices incluso para el propio bienestar de nuestra democracia. El presidente de RN Carlos Larraín acusando a sus socios de montar una máquina electoral a favor de la intendenta, y los representantes de la UDI amenazando con el fin de la coalición.

La hazaña de haber logrado llegar al poder después de 50 años debería constituirse en un fuerte aliciente para ordenar las filas en la derecha. Se encuentran frente a una oportunidad histórica al recibir un país con sus finanzas saneadas, perspectivas de crecimiento promisorias, bajos niveles de pobreza y de conflictividad social y una oposición en búsqueda de su propio destino. ¡Qué mejor oportunidad!

La estrecha relación entre el mundo privado y la Alianza de gobierno la convirtieron sin lugar a dudas en una de las coaliciones más poderosas de toda nuestra historia desde el punto de vista del acceso a recursos privados y públicos.  Imaginémonos lo que sucederá en las próximas elecciones: las autoridades podrán movilizar recursos y políticas que probablemente tendrán un fuerte impacto a nivel local. Al mismo tiempo, el incomparable acceso al sector privado para financiar campañas electorales podría convertir a la Alianza en una verdadera aplanadora.

Sin embargo, observamos dos partidos que no logran acomodarse a su nueva situación. A propósito del caso de la intendenta de Concepción iniciaron una escalada de amenazas mutuas y confrontaciones poco felices incluso para el propio bienestar de nuestra democracia. El presidente de RN Carlos Larraín acusando a sus socios de montar una máquina electoral a favor de la intendenta, y los representantes de la UDI amenazando con el fin de la coalición.

¿Por qué un caso que pudo resolverse rápidamente se transformó en un conflicto mayor al interior de la Alianza? La situación nos advierte de un problema más profundo de la actual coalición de gobierno: su incapacidad de plantearse una estrategia colaborativa, esto es, de mutuas cesiones.

Si la Alianza instintivamente no es proclive a cooperar entre sí y, si además, tampoco es proclive como coalición a buscar grandes acuerdos con la oposición, entonces nos enfrentamos a un problema mayor para el sistema político.

Desde el retorno a la democracia, RN y UDI estructuraron sus discursos desde la rivalidad. Lo que uno ganaba necesariamente el otro perdería.  Cada vez que la Concertación salía a buscar acuerdos en el Congreso, RN y la UDI tendían a actuar por separado, intentando marca la diferencia respecto del otro. Siempre entre ambos partidos ha predominado la competencia por sobre la colaboración.

El comportamiento legislativo ratifica esta situación. Si observamos el conjunto de proyectos de reforma constitucional presentados al Congreso Nacional entre 1990 y 2010 (un total de 342 iniciativas) veremos que mientras en la Concertación crecientemente predominó una estrategia de presentar proyectos en acuerdo con otras tiendas del mismo sector, en el caso de los partidos de derecha la estrategia predilecta fue presentar proyectos en forma individual.  En otros términos, los congresistas de la Concertación entendieron a lo largo de los años que no podrían reformar la Constitución sin el apoyo transversal de diversos partidos prefiriendo colaborar. En cambio, los partidos de derecha optaron principalmente por estrategias no colaborativas incluso con sus propios socios.

Ahora bien, un gobierno con minoría en ambas cámaras como el del presidente Piñera no tiene otra posibilidad que (a) ordenar sus propias filas y (b) salir a buscar acuerdos con la oposición.  Ambas son condiciones necesarias para su éxito. En efecto, en un sistema político fragmentado como el chileno y donde ningún partido es mayoría la única opción posible de gobernabilidad es a través del establecimiento de lazos permanentes de cooperación o, mejor dicho, de concesiones mutuas.

Pero si la Alianza instintivamente no es proclive a cooperar entre sí y, si además, tampoco es proclive como coalición a buscar grandes acuerdos con la oposición, entonces nos enfrentamos a un problema mayor para el sistema político. Ya no sólo damos cuenta de las anecdóticas rivalidades entre dos partidos, sino que de una coalición en el poder que está haciendo justamente lo contrario a lo que en un sistema político como el chileno se debiera promover.

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