Domingo, 4 de diciembre de 2016Actualizado a las 05:06

Autor Imagen

Coalición verde – socialdemócrata gana en dos Estados relevantes en Alemania

por 30 marzo 2011

Estos días ha empezado a emerger la primavera en las bellas ciudades de Friburgo, Heidelberg, Stuttgart, entre otras urbes de la verde y florida región de Baden Württemberg. Junto a la llegada de las flores, el 27 de marzo, en un día histórico, los resultados de las elecciones auguran vientos políticos de cambio. La coalición verde (Die Grünen) – socialdemocracia (SPD) obtuvo el gobierno de Baden Württemberg (BW). Se trata del Estado económicamente más pujante del país. Durante 58 años –desde la posguerra- una elección tras otra triunfaba inapelablemente la democracia cristiana (CDU), ya sea en mayoría absoluta o en alianza con los liberales. Si bien los verdes hace rato que son una sensibilidad activa y consolidada, lo de ahora es más sólido, no sólo por las cifras sino que por su significado.

Los verdes duplicaron su última votación, llegando al 24%, lo que junto al 23% que aporta la socialdemocracia, les permitirá la mayoría en el parlamento de la región y elegir un gobierno estadual encabezado por un destacado líder del partido: Winfried Kretschmann, un ex profesor de 62 años, de larga trayectoria en el movimiento ecologista alemán. En ciudades de BW, por ejemplo en Heidelberg, los verdes alcanzaron cerca de un 38% de los votos, convirtiéndose en la primera fuerza política.

La CDU, aunque fue el partido más votado a nivel estatal (39%), bajó casi un 5% respecto a la última elección en BW. Mientras el partido liberal (FDP), aliado histórico de la CDU (coalición además que sostiene al gobierno de Ángela Merkel), disminuyó su votación a la mitad: hoy con un 5% apenas se mantendrá en el parlamento regional.

El triunfo verde-socialdemócrata se repitió también en el otro Estado de Alemania que este 27 de marzo tuvo elecciones de parlamento y gobierno regional: en Renania-Palatinado. Ahí fue la socialdemocracia la que alcanzó un 35%, aunque perdiendo la mayoría absoluta que detentaba (cayó un 10%), por lo que tendrá que construir gobierno en coalición con los verdes que con su 15%  triplicaron sus resultados. La CDU mantuvo su votación histórica (35%), en cambio los liberales ni siquiera obtuvieron una votación suficiente para permanecer con representación en el parlamento regional.

Así como el 27 de marzo fue el triunfo de los verdes, pues ése es el común denominador en ambas elecciones, en su opuesto fue el día del fracaso de los liberales, de la derecha, y de la izquierda (Die Linke), cuyos guarismos cercanos al 3% los sume en la irrelevancia política.

Con esas cifras, los resultados tienen dos efectos importantes. Uno, energético, pues luego del tsunami japonés y ahora del tsunami verde –ambos relacionados-, la energía nuclear tiene sus días contados en Alemania. Y dos, porque pos domingo 27 de marzo queda extraordinariamente debilitada la coalición que gobierna en Berlín.

Las conductas del gobierno federal que han molestado a la ciudadanía en los últimos años se han sucedido. Señales inequívocas que apuntan a desmantelar logros históricos del Estado de bienestar. Por ejemplo, cobrar por la educación superior, sumado a recortes en educación y en salud.

Aumentó el descontento una errática política nuclear, ya que antes del terremoto en Japón, la Merkel y sus ministros querían dar continuidad a las plantas nucleares, contraviniendo incluso acuerdos políticos precedentes y transversales que ponían termino a las plantas existentes para el 2020. Antes del lamentable efecto del terremoto en la planta de Fukushima, el debate acá en lo sustantivo era parecido al de Chile, usted lector cambie energía nuclear por Hidroaysen y verá que la disyuntiva que se enfrenta en ambos países es la misma: o el país opta por la concentración de la generación en grandes actores que centralizan (ya sean plantas o mega-represas) u opta por un sistema multipunto de generación y distribución que permita la expansión de nuevas energías.

En Stuttgart, en los últimos dos años ha alcanzado ribetes épicos la oposición ciudadana al proyecto de una nueva estación ferroviaria en el centro de la ciudad, por su costo millonario y por destruir calidad de vida urbana y áreas verdes en una ciudad de por si ya industrial (escribo épicos, porque en un gesto poco usual en la actual Alemania, hubo fuerte represión policial a los ciudadanos que manifestaban). Y, por último, hace un par de meses, el delfín de la Merkel, el ministro de defensa Karl-Theodor zu Guttenberg, debió renunciar al cargo tras ser denunciado por plagio de su tesis doctoral.

Estos desaciertos e incoherencias, se han traducido en sucesivas derrotas electorales. En mayo del 2010 la coalición CDU-liberales perdió el gobierno de Renania del Norte-Westfalia, en junio de ese mismo año perdió el gobierno de Hamburgo, y el 27 de marzo de este 2011 ha perdido Baden-Württemberg, con todo su peso simbólico y económico-político. Vienen tiempos nada fáciles para la Canciller.

Si bien el Estado de BW, donde los verdes apuntaron su triunfo histórico más importante, es muy distinto a la realidad de Chile, igual son pertinentes  algunas reflexiones comparativas en relación a nuestro país.

Primero, BW es empresarialmente de vanguardia en Alemania, pero su decisión empresarial está asociada a la sostenibilidad ecológica. Friburgo, gobernada desde hace años por un alcalde verde, fue distinguida el 2010 como Capital de la Protección del Clima: su meta y lema es “una ciudad sostenible en lo social, en lo ecológico y en lo financiero". En todas las ciudades de WB el reciclaje es la norma, la eficiencia energética ocurre, el consumo responsable es extendido, los techos de las casas tienen paneles solares –que alimentan las casas y los excedentes van a la red- y las aspas de la energía eólica son parte del paisaje. Y la gente en las ciudades usa la bicicleta. ¿Por qué aquello no puede ser un ejemplo para ciudades y barrios de nuestro país?

El discurso político ha trascendido la polaridad izquierda – derecha a la manera antigua. Nadie duda que la alianza verde-socialdemocracia no es un fenómeno de derecha, obviamente, pero el discurso tiene matices de complejidad muy interesantes. Por ejemplo, Winfried Kretschmann, el líder verde que encabezará el nuevo gobierno en WB, ha definido al partido Verde como “el único partido conservador en un sentido genuino”. ¿Qué ha querido decir? Mi lectura es que la sensibilidad ecológica, en el actual contexto histórico, de crisis de sustentabilidad humana, es la única que quiere conservar la biodiversidad y conservar la diversidad cultural, e incluso, si se quiere, conservar el bien-estar en cuanto a calidad de vida y contener una expansión irreflexiva. Y eso, hoy por hoy, acá en Alemania, es revolucionario. Así como en Chile, también lo sería si un partido se atreve a definirse con claridad en conservador de la biodiversidad y de la diversidad cultural, así como en serio asume una propuesta de mejorar vía la equidad el bienestar.

El mismo Kretschmann no ha dudado en promover la alianza con la socialdemocracia e incluso con la CDU. Su lema es que sí se puede lograr consensos en pos de la sustentabilidad, en distintos dominios, hay que actuar en consecuencia.

(*) Texto publicado en El Quinto Poder.cl

Ver el posteo original

Compartir Noticia

Más información sobre El Mostrador

Videos

Más Noticias

Blogs y Opinión

Encuesta

Mercados

TV

Cultura + Ciudad

Deportes