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¿Tiene destino la acusación constitucional contra Jacqueline van Rysselberghe?

por 5 abril 2011

Eficacia versus coherencia parece ser el dilema político al que se enfrenta la oposición luego que obtuviera una victoria neta con la renuncia de la Intendenta del Biobío.

Tras un escenario por el que pocos en sus filas apostaban hace solo unas semanas, la oposición tiene que decidir sobre el futuro del libelo acusatorio. Y no es fácil

La eficacia de esta acción política tuvo su solidez en la perseverancia de algunos. Pocos. Que siempre creyeron en la necesidad de presentarla. Pero sobre todo, por los impensados efectos de racimo que provocó en la oficialista Alianza por Chile, que mostró un avanzado estado de deterioro en las relaciones entre los partidos que la integran, a solo un año de iniciado el gobierno.

Si alguna posibilidad de éxito hubo fue por la posible votación a favor de parlamentarios de Renovación Nacional.

Y, si bien el epicentro de la crisis estuvo en la Región del Biobío, la magnitud e intensidad de lo que comenzó a jugarse en la coalición de gobierno alcanzó una dimensión nacional.

Digamos que el presidente de Renovación Nacional fue uno de sus protagonistas principales. A la cabeza del partido del Presidente, Larraín mostró un grado de autonomía que debe tener en pánico a los habitantes de palacio, jugó cartas de una forma ladina y cazurra (como un Jarpa posmoderno), moviendo a parlamentarios que son de su corral y que impensadamente aparecieron anunciando su apoyo o potencial apoyo a la acusación constitucional.

Esto operó como reacción en cadena tras las tempranas dudas de parlamentarios de RN (¡y algunos UDI!) de la región del Biobío.

La fractura también alcanzó al partido gremialista de la sureña región. Algunos de sus fundadores ya no pertenecen a sus filas.

Y, como ha sucedido en prácticamente todos los últimos episodios que lo han afectado, el gobierno manejo mal los tiempos.

Los manejó mal al inicio, al no sopesar los efectos de la crisis. Los manejo mal en el medio cuando pudo sacar a la ex autoridad regional antes de la presentación del texto acusatorio. Los manejo mal en el minuto final, cuando pudieron, aunque tardíamente, abrochar la crisis.

Pero no, al final tampoco. La Intendenta con el apoyo de su partido hizo lo que quiso: una inédita renuncia en el interior de La Moneda; un “sentido” homenaje del Ministro del Interior; la frase de los dirigentes de la UDI de que la renuncia era “por amor a Chile”; la ida al programa Tolerancia Cero (donde, dicho sea de paso, dio muestras de gran habilidad para sortear las pocas preguntas “difíciles” de los panelistas). El gobierno, puso, una vez más, el exceso comunicacional por sobre la política.

La pelota pasa al campo de la oposición (mientras, la guerra en la Alianza continúa ahora en su fase fría). A la oposición le toca decidir que hace.

¿Continúa con la acusación, como una forma de mantener coherencia y entregar una fuerte señal pública, aunque probablemente no cuente con los votos de RN con que eventualmente contaba, con el riesgo de perderla?

¿O retira el libelo sintiendo que esta victoria es suficiente, por ahora, y todo lo que venga puede mermar ese capital obtenido?

Difícil decisión. La suerte de la Intendenta ya fue echada. La palabra ahora es de la oposición. En ambos casos, la ex Intendenta será la más probable candidata a senadora de la UDI, en una zona donde la Alianza no tiene escaño senatorial. No debiera primar entonces ninguna cuestión de cálculo. Las razones de la presentación son las mismas.

Parece ser la hora de la coherencia.

(*) Texto publicado en El Quinto Poder.cl
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