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PRMS 100: expansión urbana, representatividad y democracia

por 5 abril 2011

La ciudad como evento colectivo debe plantearse una corrección que re-direccione hacia nuevas modalidades que acepten su crecimiento. Esto es, la recuperación de todas las oportunidades que da la ciudad para ser corregida internamente, alternativa que es solo desechada bajo la lógica ilimitada de ganancias pretendida por el mercado.

Después del reciente rechazo de julio de 2010 y la repetida insistencia del MINVU ante el GORE Metropolitano, la expansión urbana de Santiago en 10 mil hectáreas ya es un hecho.

Uno de los argumentos justificativos de quienes apoyaron la modificación número 100 del PMRS es que el uso de los terrenos anexados estará sujeto a condiciones, lo que evitaría la especulación y traería consigo los beneficios que implica esta nueva expansión; por otro lado sus detractores alegan que este condicionamiento deja bastantes dudas y puede ser pasado a llevar fácilmente.

Entonces, ¿en qué debiéramos poner atención cuando Santiago opta otra vez por crecer hacia la periferia?

Primero, en que se cumpla la ejecución condicionada de áreas verdes, considerando su manutención en el tiempo, punto clave de su carácter de espacio público operativo y de alta rentabilidad social. Salvándose de ser caducadas, si no se ejecutan en cinco años, la conservación y cuidado de estas áreas está asegurado sólo por un período determinado, para pasar después a manos de las municipalidades respectivas, las cuales en su mayoría, y como es habitual, se han pronunciado incómodas diciendo no tener la capacidad para hacerlo.

La ciudad como evento colectivo debe plantearse una corrección que re-direccione hacia nuevas modalidades que acepten su crecimiento. Esto es, la recuperación de todas las oportunidades que da la ciudad para ser corregida internamente, alternativa que es solo desechada bajo la lógica ilimitada de ganancias pretendida por el mercado.

Segundo, que el porcentaje de superficie destinado a vivienda social cumpla con los compromisos normativos que deberán asumir las inmobiliarias que ejecuten los proyectos, para no repetir el incumplimiento acontecido ya en las ZODUC de la Provincia de Chacabuco ante la misma exigencia, que desde su origen han sabido dilatar, eludir o incluso anular en favor de criterios segregativos, por no decir clasistas, que era lo que exactamente se pretendía evitar. Punto importante si consideramos que existe este antecedente concreto que alimenta con justa razón la poca credibilidad que adquieren quienes regulan desde el Estado bajo presión mercantilista, cuando pasado un tiempo van proponiendo modificaciones y ajustes.

Representatividad y democracia

Como tercer punto donde poner atención, una tarea complementaria a relevar: debatir sobre la representatividad del CORE, elegido por los concejales de la región y el GORE, designado directamente por la Presidencia, cuando poco o nada conocemos en torno a su calidad técnica, experiencia urbana o conflicto de intereses de miembros y cargos. Aprovechando el tópico, la consulta ciudadana se ve como la opción más adecuada y validante para bullados casos de alcaldes renunciados, reemplazar senadores que migran al Ejecutivo y, en general toda selección de autoridades regionales o provinciales.

Y aunque seguirán surgiendo discrepancias, la democracia en un formato válido, pseudorepresentativo y evidentemente revisable ha dado su veredicto para ampliar –y no sin ruido– la mancha en expansión. Más allá de este episodio y comprendiendo que el crecimiento ilimitado tiene y tendrá efectos sobre la calidad de vida urbana del Área Metropolitana toda, la atención ciudadana, la opinión técnica, el interés privado y la autoridad continuarán interactuando para resolver sus intereses, suponemos con más creatividad y bajo criterios sustentables que resguarden realmente el bien común.

En cuanto al mecanismo optado, no podemos dejar de observar que quienes eligen ocupar la periferia logran cumplir sus aspiraciones materiales a costo de mayores tiempos de traslado (habitualmente transporte privado), con ausencia de algunos equipamientos, lo que en la lectura general implica congestión, contaminación y menos vegetación fotosintética para el valle completo. Mitigar solo con autopistas y urbanizaciones de uso exclusivo parece aún mezquino para todos los que terminarán realmente afectados, por lo que buscar otras mitigaciones más allá de los usuarios directos puede ser una alternativa que la autoridad baraje.

Finalmente, así como surgen voces que piden corregir el modelo neoliberal hacia la equidad, la ciudad como evento colectivo debe plantearse una corrección que re-direccione hacia nuevas modalidades que acepten su crecimiento. Esto es, la recuperación de todas las oportunidades que da la ciudad para ser corregida internamente, alternativa que es solo desechada bajo la lógica ilimitada de ganancias pretendida por el mercado, pero regulable por la autoridad, o mejor aún, por el deseo de que nuestro desarrollo y crecimiento signifique también una bien instalada conciencia social.

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