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La educación y sus sponsors

por 6 abril 2011

Han sido días intensos, y sé que es una exageración porque quienes pueden decir eso honestamente, son personas como mi madre que se someten a trabajos de 9 horas de lunes a domingo para sacar adelante a una familia entera. Pero lo han sido, de una manera distinta. No sólo porque me he embarcado en la aventura delirante e infructuosa de sacar un libro (Canciones Punk para Señoritas Autodestructivas) que ya está en librerías y que me ha tenido dando entrevistas, contestando preguntas para hacer creer que el libro es bueno, bien seguido, sino que además porque esto me ha pillado re-instalado en la provincia, en Valparaíso. Abandoné Santiago y he vuelto al puerto. Y bueno, la historia se repite y estoy perdido entre avisos de periódico, redacción de currículos y, claro, entrevistas de trabajo, que son las que de verdad sirven para algo.

Estudié pedagogía para ser profesor, intenté estudiar un posgrado para dejar de serlo, pero ahora necesito dinero y estoy intentando retomar la docencia en colegios o liceos (realidades y especialidades muy distintas). No es que no me guste hacer clases, es más, creo que es lo que mejor sé hacer, pero tropiezo a cada instante con el sistema educativo. No me gusta. No comparto sus ideales ni intereses. Lo detesto. Y soy pésimo mercenario.

Hace unas horas vi una nota en El Mostrador, titulada “textos escolares aprobados por el Mineduc incluyen publicidad”, y que al parecer ha despertado cierta sorpresa entre quienes la leyeron. Y tienen razón, es la forma más descarada de hacer publicidad pero de nuevo no tiene mucho.

Revisé un par de textos escolares de años anteriores que conservo por ahí y los logos están por todas partes: publicidad de discográficas, marcas de ropa, campañas, programas de televisión, afiches de películas, de galletas, bebidas y sí, incluso de compañías telefónicas.

Vivimos en el imperio de la publicidad, y encaminados en el capitalismo de ideas, y claramente más allá de si aparecen marcas o no en los textos escolares, la educación es parte del negocio. Con respecto a eso, hace unos días me paseé por un Ripley de Viña buscando un terno para un matrimonio y me topé con la triste imagen de cientos de buzos de colegio, con la insignia en su pecho, uno tras otro, asumiendo que ahora el equipo de Educación Física se compra en las multitiendas y no en esos almacenes que los facturaban de forma artesanal.

Creer que la publicidad ataca a nuestros niños sólo en un texto escolar es querer cegarse o hacerse el loco. Los sometemos a la televisión, a internet, al consumismo. Ellos mismos son hijos bastardos de la publicidad. Nuestra educación ya fue vendida en los primeros años de la Concertación y la reforma de Lavín no viene más que a enterrar el cadáver de la verdadera educación, aquella pública e igualitaria que se planteó en los comienzos de nuestra historia.

En fin, es parte del programa enseñar publicidad a los niños, le dan como bombo a eso de primero a cuarto medio. La idea es que los estudiantes desarrollen una mentalidad crítica frente a la sociedad de libre mercado en que vivimos. Al menos así se lee bonito en los Planes y Programas de cada nivel.

No se me ocurre cómo practicar y ejemplificar el mensaje publicitario si no es con ejemplos concretos, distinto es que si empresas tipo Santillana se hacen de lucas extras aparte del millonario negocio que llaman licitación, por incorporar determinadas marcas.

Otra cosa es que siempre pensé que los profesores más mediocres eran los que se apegaban a los textos escolares como a un escudo capaz de esconder sus flaquezas, lo mismo con el power point. En lo personal, sólo empleo los libros con el fin de adquirir alguna lectura. Todos los otros contenidos prefiero desarrollarlos de forma autónoma, con guías desarrolladas por mí y colegas, con ejemplos en vivo y en directo.

Es un tema complejo, pero no pasa por el mono de Claro en el libro, sino más bien con la sociedad que estamos creando, en qué hacemos para crear otra opción y con el diálogo que mantenemos con nuestros hijos, porque finalmente no hay mejor educación que la que se brinda en casa. Para mí, los mejores sponsors de mi educación fueron mi familia y algunos profesores, en medio de la vorágine mediatizada. De ahí, se debe construir.

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