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Bajo llave en Cencosud: La deshumanización de las relaciones laborales

por 7 abril 2011

“¡Aquí ha fallado Todo!” La Ministra del Trabajo se expresaba así al ver el reportaje de televisión que denunció la situación de los trabajadores del supermercado Santa Isabel (propiedad de Cencosud), que desarrollaban sus labores nocturnas bajo llave (recuerdo el caso de los mineros, a propósito de echarle la culpa a todos y a nadie a la vez).

Luego, sale a la luz que es una práctica habitual en el comercio. Los ejecutivos de Cencosud lo ratificaron en su primer comunicado, invisibilizando la conducta ilegal, por ser culturalmente aceptada por los trabajadores y trabajadoras, en tanto es lo que han conocido desde su llegada a estos centros de trabajo. Son estas políticas las que ayudan a generar la tasa de ganancia de estas empresas y que, para los trabajadores y trabajadoras, significan la forma de ganarse el pan en condiciones de riesgo latente.

Lo cierto es que aquí estamos frente a una Cultura Empresarial, una forma de hacer negocios, que se sostiene vulnerando la ley una y otra vez. Bien lo afirmaron la ministra y la Directora del Trabajo: las multas son nada para empresas tan grandes como esta. Resulta marginal la multa en contraste con la ganancia que reporta el trabajo y encierro de trabajadores y trabajadoras.

En los últimos 5 años, Cencosud, al igual que el conjunto del retail, ha mantenido el mismo tipo de multas laborales, donde incumplir las normas de higiene y seguridad; vulnerar la jornada laboral; no respetar el contrato de trabajo (colectivo e individual);  el no pago íntegro de las remuneraciones (en todas sus modalidades); dificultar la fiscalización o no asistir a las citaciones y; caer en practicas antisindicales reiteradas están dentro de las más fiscalizadas y multadas por las inspecciones del trabajo en todo el país (ver informe de multas en www.dt.gob.cl).

Lázaro González Rodríguez, Dr. en Ciencias Económicas de la Universidad de la Habana, en una presentación sobre “calidad de vida laboral”, nos decía el 2006: “El respeto a la dignidad individual presupone que los trabajadores deben ser tratados como seres humanos con independencia del puesto que ocupen en la empresa. Nadie tiene derecho a maltratar a otro y menos un superior a sus subordinados.”  Encerrarlos con llave es un maltrato inaceptable.

Resulta del todo necesario indicar que no todo ha fallado. Al menos, podríamos liberar de responsabilidad a los propios trabajadores y trabajadoras expuestos a condiciones de inseguridad laboral ya que para ellos la consigna sigue siendo: ¡O trabajo a como dé lugar o seré un cesante más! Lamentablemente el temor a perder el empleo puede más que la dignidad, no hay duda de ello.

El sistema juega un rol determinante en el moldeamiento de la conducta del trabajador para transformarlos en dóciles empleados, aún a costa de su seguridad, aunque de vez en cuando algunos salen del cascarón. Es de esperar que la nueva justicia laboral empodere realmente a aquellos cansados de sufrir tanto abuso laboral.

Esta omisión o inacción por parte de los llamados a denunciar respecto del tema del encierro no es gratuita; bien sabe la empresa la relación costo-beneficio que esta alianza les reporta. Por un lado se copia el modelo chileno de Walmart en relaciones laborales y por otro se replica el modelo de dialogo social inoperante con ese tipo de actores.

Está claro que una respuesta contundente del mundo laboral y sindical organizado está lejos de hacerse realidad frente a estas flagrantes violaciones a los más elementales Derechos Humanos. Aún nos falta mayor coherencia entre el discurso y la acción colectiva.

Queda en evidencia que de lo que se trata acá es un cambio cultural de fondo acompañado, por cierto, de multa y sanción ejemplar. Mal que mal, o a pesar del marco jurídico deficitario, la ley se hizo para cumplirla.

Lo extraño acá, si podemos catalogarlo así, es que Horst Paulmann, año tras año, es elegido como el mejor empresario y este 2011 apareció en la revista Forbes como el segundo Holding más rico en Chile, acrecentando su capital en más de 5.000 mil millones de dólares. ¿No les parece singular la situación?

Con estas prácticas corporativas resulta poco fácil de digerir y se hace muy difuso el concepto de “Trabajo Decente” acuñado por la OIT. A pesar de estar en la OCDE, estamos muy lejos de tener Relaciones Laborales de calidad.

Así las cosas, cuando se trata de los trabajadores y trabajadoras cada cierto tiempo todo falla.  Ello nos empuja –por temor a perder nuestro trabajo- a condiciones laborales y de seguridad inaceptables y precarias, que no hacen sino deshumanizar las relaciones laborales y, muy a pesar de trabajar en empresas exitosas, siempre perdemos los trabajadores y trabajadoras.

(*) Texto publicado en El Quinto Poder.cl

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