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La izquierda en Perú: de la modernidad a las cavernas en seis meses

por 8 abril 2011

Algo tiene de novela de Agatha Christie, algo de misterio de Chesterton: en una cena hay un cierto número de invitados, cada cual asociado con un cierto pecado y entre todos ellos hay que decidir quién es --como dirían Hercules Poirot o el padre Brown-- "our man".

Un filósofo afirmó (y Borges lo parafrasea y yo parafraseo a Borges) que cualquier persona que pensara siempre constantemente en un solo rasgo de un solo objeto no podría nunca entender el objeto todo y acabaría por perder la razón. Déjenme ser esa persona.

Cuando el objeto es Pedro Pablo Kuczynski, pienso en una afirmación violentamente racista que no sólo dijo y leyó en público sino que además colgó en la página oficial de la Presidencia del Consejo de Ministros, para retirarla sólo cuando las críticas empezaron a llegar.

Cuando pienso en Keiko Sofía Fujimori, pienso en una banda millonaria de ladrones y asesinos orquestada al amparo de su padre y en cómo nada en la hija reniega del pasado del padre, y en cómo ni siquiera la victimización de su propia madre la disuadió de construir una vida con dinero robado a los pobres del Perú.

Cuando pienso en Ollanta Humala pienso en las oscuridades de su discurso autoritario, violentista y fascistoide de hace apenas diez años, en cómo lo ha camuflado hasta el servilismo y la pantomima para satisfacer a la izquierda tradicional y no espantar demasiado a los burgueses, y en cómo muchos de ellos hoy mismo empiezan a fingir que creen en la piel del cordero con tal de participar aunque sea mínimamente de su éxito.

Cuando pienso en Luis Castañeda, recuerdo un solo dato: un informe televisivo del programa de Chichi Valenzuela acerca de las decenas de individuos con antecedentes penales que Castañeda trajo consigo como funcionarios a la Municipalidad de Lima: la ciudad ha sido el botín y también el escenario para fingir productividad, aunque el hombre ahora pierda apoyo popular, no por sus pecados sino por su nulo atractivo personal.

Yo no he tenido dudas en ningún momento: creo estar bastante más a la izquierda que Alejandro Toledo, pero creo que es el único político peruano activo que ha demostrado un cierto grado de capacidad para conducir el ejecutivo, acaso sin luces extraordinarias, pero con cierto sentido común, sin mucha paciencia para los corruptos organizados, sin introducir mayores distrofias en un curso de consolidación macroenomica: el más potable presidente del Perú desde que yo tengo consciencia, el único de los que gobernaron un periodo regular completo que no le causa a uno vergüenza, salvo que uno valore más los buenos modales de mesa y las buenas costumbres de bar que la construcción de una economía y su  impulso constructivo.

Los pecados de Toledo: desaprovechar las necesarias oportunidades de transformación social, de rederivación de la riqueza y de acción y promoción cultural. ¿Es muy tarde para que lo haga? Obviamente no. Que unos voten por Kuczynski porque se les parece más es vergonzoso (tan vergonzoso, por cierto, como votar contra Humala por puro miedo al otro lado de lo peruano). Elegir a Kuczynski sobre Toledo basados únicamente en trivialidades, exteriores y apariencias es también estúpido y riesgoso.

Sin embargo, de todos los rumbos y motivos que mueven a los votantes en estas elecciones, el más penoso me parece el de la gente a la que siento un poco más cercana a mí: la izquierda, que se cobija bajo el ala de un autoritario apenas disfrazado, como Humala. La misma izquierda que hace sólo unos meses celebraba su mágica modernización con la victoria municipal de Susana Villarán, y que ahora está dispuesta a retornar a las cavernas, renunciando a su rol en el debate ideológico, y que, en el colmo de lo pusilánime, quiere culpar a la derecha de su propio voto por Humala: la derecha que no ha sabido interpretar el sentimiento popular, la desolación popular. La izquierda le critica a la derecha por no comportarse como izquierda, por no haber hecho el trabajo que la izquierda debería hacer.

Pregunto: ¿cómo ha interpretado la izquierda ese sentimiento y esa desolación? ¿Qué alternativa le ha dado la izquierda verdadera al pueblo peruano? Ninguna, eso está más claro que el agua. Y ahora, luego de generar ese vacío miserable, la izquierda se apresta a celebrar a su nuevo mesías, su nuevo caudillo, a levantarlo en hombros y fingir que vota por Humala porque comparte el sentir de los más pobres y los más marginados. No comparten nada de eso. ¿Compartirán el gobierno de Humala en el caso, todavía improbable, de que Humala llegue a Palacio?

Eso quisieran, pero es dudoso: lo más probable es que se pasen una década más de fujimorismo infame rasgándose las vestiduras, diciendo que ellos no tuvieron la culpa de nada. Bien por ellos: ese es el papel que mejor conocen.

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