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Votando contra las creencias

por 12 abril 2011

Votando contra las creencias
De seguir el curso actual el debate parlamentario, la inscripción automática y el voto voluntario efectivamente impactará el sistema político chileno pero de una forma muy distinta a la pronosticada: reducirá en vez de incentivar la asistencia a votar y aumentará en vez de reducir los gastos de campañas.

Avanza el acuerdo político para establecer la inscripción automática y el voto voluntario en Chile.  Al justificar su aprobación en la Comisión de Constitución del Senado, el senador Patricio Walker (PDC) destacó la importancia de aprobar este cuerpo legal “para incentivar que los jóvenes le den un nuevo dinamismo a la política chilena”.

Este debate presenta una intrigante característica: la mayoría votará en contra de sus preferencias. La Encuesta del Observatorio Electoral ICSO-UDP 2010 aplicada al universo de los representantes de la Cámara reveló que 61 de ellos apoya  su obligatoriedad, 56 se inclinan por la voluntariedad y 3 no manifestaron opinión.

Las diferencias por coalición son significativas. Mientras en la Alianza el 66,7% de los diputados se inclina por la voluntariedad del voto, en el caso de la Concertación sólo el 25,9% apoyan esta opción.  Los diputados del PS y del PDC son los que con mayor intensidad apoyan la obligatoriedad del voto (90,9% y 78,9 respectivamente).  ¿Por qué, entonces, nuestros representantes aprobarán una medida que no sólo va contra sus creencias, sino que además podría afectar dramáticamente el escenario político futuro?

Veremos un incremento sustantivo de los recursos destinados a campañas políticas haciéndose más visibles las diferencias entre quienes tienen y no tienen recursos para movilizar la adhesión ciudadana.

La primera explicación tiene que ver con lo que el senador Patricio Walker indicaba. Existe la creencia que al eliminar la obligatoriedad del voto se incentivará la participación electoral.  Sin embargo, el argumento no se sustenta empíricamente. Los países con sistema de votación voluntaria presentan niveles más bajos de participación que aquellos con sistema obligatorio. En el nuevo escenario, en Chile se producirá una muy probable baja en la concurrencia a votar.

La segunda explicación tiene que ver con la lealtad de la Concertación con el compromiso asumido durante la administración anterior para sacar adelante esta reforma. El razonamiento para impulsar la medida apuntaba a escoger el “mal menor”: mejor tener un sistema voluntario con baja participación que un sistema congelado y con tendencia a la baja.

Finalmente, los partidarios en el Congreso del voto obligatorio parecieran menos dispuestos a defender su posición abiertamente, enfrentados a una opinión pública que mayoritariamente se inclina por la voluntariedad del voto (70,9% en encuesta nacional UDP 2010).

Los congresistas muy probablemente aprobarán una iniciativa que la mayoría (al menos en la Cámara) rechaza.  Para atenuar el potencial efecto devastador que podría tener en la participación ciudadana en las elecciones -particularmente si consideramos la variable socioeconómica- los parlamentarios han centrado su atención en colocar incentivos para la asistencia a votar como el descanso compensado y acceso privilegiado a beneficios sociales.

Sin embargo, aquello no basta. Un asunto que ha escapado a la mirada de los parlamentarios tiene que ver con otra circunstancia. En un mundo con votación voluntaria se incrementarán ostensiblemente los incentivos de los actores políticos para que la gente asista a votar. Veremos un incremento sustantivo de los recursos destinados a campañas políticas haciéndose más visibles las diferencias entre quienes tienen y no tienen recursos para movilizar la adhesión ciudadana. Así, la discusión del voto voluntario requiere como condición esencial una revisión sustantiva al actual esquema de financiamiento político-electoral que se caracteriza por su falta de transparencia y opacidad.

De seguir el curso actual el debate parlamentario, la inscripción automática y el voto voluntario efectivamente impactará el sistema político chileno pero de una forma muy distinta a la pronosticada: reducirá en vez de incentivar la asistencia a votar y aumentará en vez de reducir los gastos de campañas.  Malas noticias para un sistema político que pareciera congelarse en el tiempo.

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