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El malabarismo comunicacional de Vivienda en el Caso Kodama

por 18 abril 2011

El malabarismo comunicacional de Vivienda en el Caso Kodama
Lo peor es que el responsable se disfraza como denunciante de lo que no denunció antes: transformismo. Este estilo pone en duda la voluntad del gobierno de transparentar la verdad y cuestiona el sentido de responsabilidad de Estado en los más altos niveles. Atenta a las reglas de seriedad de las democracias modernas, que en el extranjero tanto aprecian del Estado de Chile. No basta que la autoridad sea honesta, trabajadora y sensible. Debe responder por sus faltas.

Con el escándalo que investiga la justicia porque el ministerio de Vivienda acordó pagarle 17 mil millones a una empresa, se practica el transformismo comunicacional del gobierno. Disfrazan la imagen pública de sus responsabilidades. La autoridad no asume su grave error, no se disculpa y además ahora pretende ser reconocida como ejemplar.

La Sra. Ministra se autoaplaude: “Nunca ha existido un ministro que lleve a la Fiscalía un caso”. Se olvidó que fue ella con su firma quien autorizó el pago del escándalo.

La prueba de su grave responsabilidad está en sus declaraciones:

-Pregunta El Mostrador (14 de Abril): ¿Por qué firmó un decreto exento, el 25 de enero pasado, autorizando al Serviu Metropolitano a pagar $17 mil millones a Kodama?

-Ministra Matte: Porque venía solicitado por el director del Serviu, Antonio Llompart, y tenía las firmas del subsecretario (s), Guillermo Rolando; de la jefa de la división jurídica, Mirna Jugovic, y de Carolina Arrau, asesora legislativa…”.

-Pregunta El Mostrador: ¿Era un decreto para llegar y firmar?

-Ministra Matte: Sí. El decreto sigue su curso y va al director de finanzas, Daniel Johnson...Habla con el subsecretario Andrés Iacobelli....”.

La Sra. Ministra, hoy exige investigar y transparentar lo que no investigó ni transparentó oportunamente y dice: “Yo quiero la transparencia más total y absoluta”. Ella se hace un reconocimiento de mérito y no de faltas. ¡Qué capacidad para comunicar como positivo lo negativo!

Bien decían los clásicos que la prudencia y sabiduría del príncipe (o princesa), para desempeñar el cargo, reside en la elección de sus secretarios. Es parte de su responsabilidad. No basta culpar al subalterno. Se requiere del arte de mandar de Gavet.

Pero lo peor es que el responsable se disfraza como denunciante de lo que no denunció antes: transformismo. Pues la PDI investiga lo que firmó la ministra.

Este estilo pone en duda la voluntad del gobierno de transparentar la verdad y cuestiona el sentido de responsabilidad de Estado en los más altos niveles. Atenta a las reglas de seriedad de las democracias modernas, que en el extranjero tanto aprecian del Estado de Chile. No basta que la autoridad sea honesta, trabajadora y sensible. Debe responder por sus faltas.

Milenios de normas han establecido el principio de la responsabilidad. También los principios actuales de la Constitución chilena, los juramentos, las declaraciones programáticas y las promesas electorales recientes, exigen pulcritud de la autoridad en los actos de Estado. Hoy vemos lejana la humildad ante la falta, el autocuestionamiento por la conducta errada , el sentido del deber ofreciendo la renuncia, establecidos por la virtud de Aristóteles, los romanos con Cicerón, el sentido del honor japonés , las reglas portalianas y la promesa de la “nueva forma de gobernar”.

Un ministro del Interior en Bélgica renunció porque un violador se arrancó de la cárcel por unas pocas horas. Desde el sectarismo político ciego se replicará empatando con los casos de corrupción, ineficiencia e irresponsabilidad de la Concertación. Dirán parte de la verdad. Y querrán olvidar que renunció el Vicepresidente de Corfo cuando un funcionario técnico se coludió con Inverlink para cometer fraude. Todos juzgamos con dureza el ineficiente control. Y aunque nadie dudó de su honestidad, Gonzalo Rivas renunció.

Mop Gate, Chile Deportes, plantas de revisión técnica, puente Loncomilla, incluso Transantiago (sin corrupción) son vergüenzas de nuestros gobiernos, con listados de renunciados y removidos de sus cargos con nuestra implacable fiscalización y juicio crítico. Y no tengo recuerdo que ningún responsable de esos escándalos se haya disfrazado de acusador, o que como la ministra y el gobierno, se autoerigieran en Savonarola.

La Sra. Ministra, hoy exige investigar y transparentar lo que no investigó ni transparentó oportunamente y dice: “Yo quiero la transparencia más total y absoluta”. Ella se hace un reconocimiento de mérito y no de faltas. ¡Qué capacidad para comunicar como positivo lo negativo!

Sus declaraciones actuales contradicen la tranquilidad que tuvo para firmar autorizando el pago en cuestión. Ahora dice “quiero que se investigue hasta las últimas consecuencias. Transparencia total. Caiga quien caiga”.

¿Y cómo responde ella por qué no exigió transparencia e investigó antes de firmar el decreto? Ese es el malabarismo comunicacional que denunciamos.

Esta construcción de imagen de heroína y de gobierno eficiente, es tan reprochable como su error descuidando las platas del Estado. Todos nos equivocamos y hacemos cosas malas. Pero el reconocimiento de la falta es condición de credibilidad y transparencia en la función pública. Ni una investigación podrá esconder que entre el Minvu y la empresa se pusieron de acuerdo para el pago los 17 mil millones para evitar ir a la justicia. El decreto no fue una sorpresa para la ministra. La ministra consideró tan importante el conflicto que ella, en Junio 2010, le pidió a su abogado particular, al abogado Baeza que le veía sus negocios privados en su empresa, que se hiciera cargo del tema.

El abogado particular de la ministra le informó que con Kodama habían acordado el pago de 17 mil millones. El abogado no firmó ningún papel. La que firmó fue la ministra, asesorada por su equipo de confianza incluida la abogada que la representa en las sesiones de la Cámara de Diputados, Carolina Arrau. Y ahora finalmente esto llega con escándalo a la policía.

Asumiendo todas las faltas de gobiernos de nuestros partidarios ejerceremos nuestro rol fiscalizador a pesar de las amenazas veladas y directas. Y esperamos que otros fiscalizadores de antaño, sin politiquería, se sumen a la causa.

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