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El aporte de la red Hamlet a las relaciones con Bolivia

por 23 abril 2011

En el caso de Bolivia, el receptor del correo electrónico encabeza a paso lánguido la Dirección de Asuntos Vecinales y el recomendado no sale de su oficina, no tiene opinión, nadie lo recibe, ni siquiera aparece en las páginas sociales de los periódicos. Allí sostiene con estoicismo la misión que se le ha encomendado, estirar la cuerda, mantenerse inmóvil, dejar que otros tomen las decisiones.

Cuando los diplomáticos partidarios de Joaquín Lavín formaron la red Hamlet para la campaña presidencial de 1999-2000, nunca pensaron que se harían públicas algunas de sus conversaciones en el ciberespacio, sobre todo aquella en que Jorge Canelas criticaba la política exterior del gobierno que le pagaba el sueldo y repetía la frase de Pedro Daza: “la mejor relación con Bolivia se da cuando no hay relaciones”. Sin embargo, aunque el autor de estas palabras fue destituido del Consulado en Sydney, poco tiempo después logró ser Embajador en Vietnam y, ¡oh sorpresa!, el Presidente Sebastián Piñera lo nombró Cónsul General en La Paz.

Al interlocutor del opinante funcionario, tampoco le importó la posibilidad de que sus mensajes pudieran ser interceptados por ojos siempre atentos, sobre todo en la destinación que disfrutaba a orillas del Rímac. Simplemente, ambos consideraron que tenían el derecho a expresarse, el sumario dispuesto por las autoridades no quedó en nada, cambió el signo político del Ejecutivo y hoy dirigen los destinos de la Cancillería.

En el caso de Bolivia, el receptor del correo electrónico encabeza a paso lánguido la Dirección de Asuntos Vecinales y el recomendado no sale de su oficina, no tiene opinión, nadie lo recibe, ni siquiera aparece en las páginas sociales de los periódicos. Allí sostiene con estoicismo la misión que se le ha encomendado, estirar la cuerda, mantenerse inmóvil, dejar que otros tomen las decisiones.

Como el tigre nunca pierde sus rayas, han impuesto un estilo a nuestros vínculos internacionales incapaz de ir más allá del statu quo, cerraron el Ministerio a asesores externos, ocuparon todos los espacios y se dispusieron a repetir, esta vez sin interferencias, la rutina bien aprendida del solitario, la chaqueta en el colgador y las medallas. Pero la irrelevancia siempre tiene costos y el poder nuevamente los ignora.

La paradoja es que justo en la hora del triunfo, vuelven a ocupar el lugar en que la desconfianza de Pinochet los puso, disfrutando de cargos sin mando, aunque en apariencia, solo en apariencia, libres de militares, académicos y políticos que pretenden arrebatarles el trabajo que ellos creen saber hacer tan bien. Mientras el Titanic se hunde, la orquesta toca agradables melodías en cubierta.

En el caso de Bolivia, el receptor del correo electrónico encabeza a paso lánguido la Dirección de Asuntos Vecinales y el recomendado no sale de su oficina, no tiene opinión, nadie lo recibe, ni siquiera aparece en las páginas sociales de los periódicos. Allí sostiene con estoicismo la misión que se le ha encomendado, estirar la cuerda, mantenerse inmóvil, dejar que otros tomen las decisiones y aclimatarse a la altura, no sea que por agitarse mucho termine apunado.

El consejo es claro (advertencia, no se enrede con el sinuoso lenguaje ministerial): “si bien es cierto, no es menos cierto, salvo mejor parecer de Usía, resultaría poco conveniente avanzar en un tema tan delicado como la aspiración marítima boliviana, más aun cuando los problemas internos de aquél país pueden estimular visiones populistas que alteren el buen desarrollo del diálogo bilateral”.

¿Qué pasó?, su propia gente pasa por el lado, obedece las señales, aunque prescinde de los conductores. Las teorías conspirativas abundan. Los fantasmas suben por los ascensores y se cuelan por las ventanas de la oficina del Ministro, quien sostiene la mirada hacia La Moneda y prescinde olímpicamente del resto. Parece que contra la Concertación estábamos mejor…

El gobierno no se explica por qué el Presidente Evo Morales decidió explorar la vía multilateral para conseguir una salida al mar. La ausencia de propuestas en cinco años de diálogo y el hecho que los ejecutores de la política exterior chilena sean el grupo Hamlet en pleno son solo detalles.

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