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Diez consejos para ser (y parecer) un crítico de medios

por 25 abril 2011

1.- No obsesionarse con un solo medio, ni tampoco con dos. Los críticos suelen tener medios o plataformas que aman y otras que odian. La idea no es que dejen de quererlos, sino que sepan disimularlo. Ningún medio está ni cerca de la perfección, por lo tanto nadie puede quedar fuera del escrutinio sesudo del crítico. Además, es probable que nunca en la historia del hombre se haya hablado tanto de los medios, de contenidos, de modelos de negocios, de revolución… Los medios, casi a ciegas intentan acomodarse y, por supuesto, quedan aún más expuestos. Ahí deben estar los críticos/analistas. Pero un experto que se aboque sólo a un medio (con flores o críticas) perderá el factor sorpresa, que junto con la argumentación, es un pilar para este tipo de oficio.

2.- Visitar las redacciones al menos una vez al año. Los académicos de laboratorio (especialmente los egocéntricos) suelen criticar a los medios desde la suspicacia. Creen, y están segurísimos, que cada uno de los contenidos (probablemente realizados minutos antes de un cierre) fueron ejecutados por un cerebro de características autoritarias o manipulador. Es obvio que los medios muchas veces carecen de corazón y de autocontrol, pero otra cosa es mirarlos desde la desidia de las aulas. Donde antes había puentes con los medios, hoy hay trincheras. El prejuicio (ignorancia) de muchos académicos, tiene mucho más que ver con la incapacidad de entender las redacciones desde adentro. Si es complejo mirarlos de afuera, imposible entender los cambios que hoy los afectan.

3.- Entender que se habla de una industria, no de un principio. Muchos críticos olvidan que los medios son un negocio. Pequeños en comparación a otras industrias, pero tienen dueños, accionistas, ejecutan presupuestos, generan balances y se mueven en busca de la rentabilidad. Los medios no son ONG ni Fundaciones y, por supuesto, sufren del rigor del mercado. De hecho, se dice que el NYT se jodió el día que puso sus acciones en Wall StreetLos críticos no deben confundirse: medir a los medios sobre la base de criterios morales o como si se analizaran instituciones de beneficencia sólo sustentadas en sus principios es un error. Probablemente nos gustaría que no fuera así, pero…hoy por hoy también hay que explicarlos sobre la base de su historia, de sus resultados económicos y conocer con detalles sus estructuras internas de poder. Hay muchas cosas que quedarán más claras si se hace ese ejercicio.

4.- No escribir para la galería. Hay clisés obvios: la TV es mala, los noticieros no tienen noticias, los diarios están capturados por la derecha, el duopolio domina la agenda, los periodistas son ignorantes, los editores son simples operarios de los propietarios de los medios y los directores administradores de la censura…en fin. Eso siempre tendrá acogida: desde el cinismo crítico hasta la comunidad pasiva. Pero un buen analista (nombres como David Carr, Jack Shafer, Ken Auletta, Jeff Jarvis y otros) siempre tendrá un punto de vista, que incluso puede molestar a quienes lo siguen. Pero así se construye el carácter de un crítico: menos aplausos, más ideas, más contrapunto. Un artículo del Daily Beast alertaba sobre el fin de la crítica, porque Twitter se estaba llenando de periodistas que disparaban a los (a sus) medios, casi sin descanso. Bueno, ahí está el desafío.

5.- La audiencia no es tonta. Los críticos suelen creer que las audiencias son pobres diablos preparados para creer todo lo que los medios les dicen. Diversos estudios muestran que esta percepción está cerca del mito. Las audiencias saben la inclinación política de los medios, saben que las minorías son discriminadas en los contenidos noticiosos y saben también quiénes son los favorecidos. Es decir, saben o presumen lo mismo que los críticos. Hoy las audiencias son más activas, reciben más información y están más educadas. Pensar que son masas idiotas dispuestas a creer todo lo que les dicen, a estas alturas es una falta de respeto. Los críticos, desde su sacra posición, a veces pierden la perspectiva.

6.- Dejar la percepción y abocarse a los datos. Salvo los diarios, los medios en general funcionan mucho con el conocimiento de sus audiencias y con los datos que entregan distintos sistemas de medición. Para que hablar de Internet, que es imposible de entender sin tomar en cuentas métricas. Pero suele ocurrir que los críticos prefieren la retórica a secas a las estadísticas. Las intuiciones a los estudios.

7.- No mirar los medios desde la nostalgia. Muchos críticos evalúan los medios según lo que les enseñaron en la Universidad, a pesar de que la abandonaron, como alumnos, hace bastantes años. Olvidan que los medios llevan más de tres década de una evolución acelerada, que tomó más fuerza desde 1994 (año de la aparición de Netscape) y que una segunda ola a comienzos de los 2000 aceleró los cambios. Hay conceptos que han cambiado y eso duele tanto a críticos como probablemente a los editores…pero el periodismo hoy es una noticia en desarrollo, un mashup en construcción entre lo que fuimos y lo que somos.

8.- Criticar al medio que lo publica. Un crítico debe demostrar su independencia y ser capaz de entrar al ruedo si su medio está en una discusión pública. En la era de la transparencia el valor de la autocrítica es mucho mejor recibida. Suele suceder (pocos están libres) que quienes escriben en un medio tomen (tomemos) una posición tan ciega, que en general se deja de destacar (twittear) lo que hace la competencia. Entre más juicioso sea el crítico, más respetado será.

9.- Olvidarse de los dinosaurios. Es decir, como instituciones CNTV y el Colegio de Periodistas. No creo que este punto merezca mucha extensión. Pero las fuentes para nutrir nuestra argumentación deben estar acorde con la del medio que estudiemos, no por reguladores institucionales o morales.

10.- Mostrar las cartas con un pequeño CV. Es decir, contar dónde trabajamos, si asesoramos a otro medio, si tenemos vínculos con algo o alguien que pudiera alterar (grados más, grados menos) la sintonía de nuestra crítica. Este tipo de información, no inhabilita para ser complaciente o severo, pero le entrega información clave al lector que (quizás) destinará su tiempo y neuronas a nuestra opinión.

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