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¿Qué educación superior estamos acreditando?

por 29 abril 2011

En el año 2006 se creó la Comisión Nacional de Acreditación (CNA) y a ello le sigue la aparición en escena de las agencias acreditadoras. Éstas, previa aprobación de la CNA, se transforman en entes autónomos que acreditan carreras y programas de pregrado, postgrado y especialidades médicas de las distintas universidades chilenas.

Actualmente existen ocho agencias acreditadoras, que se dedican a las distintas áreas disponibles en el mercado educativo, siendo las más demandadas Educación y Salud, al ser integradas por carreras donde la ley hace exigible la acreditación. El 61,7% de las carreras acreditadas pertenecen a estas áreas, es decir, la obligatoriedad parece ser la motivación de la mayoría. Este porcentaje aumenta a más del 84% si analizamos las universidades privadas no pertenecientes al Consejo de Rectores de Universidades Chilenas (CRUCH).

Para analizar cómo se comporta el proceso de acreditación, comenzamos por las carreras de pregrado en que participan siete agencias: Qualitas, Akredita, CNA, Acredita CI, Acreditacción, A&C y AAD. A partir de datos disponibles en sitios públicos iniciamos una casi inocua indagación que fue dando lugar a diversas preguntas un poco menos inocentes.

De un total de 3315 carreras de pregrado, 957 se habían sometido al proceso, estando acreditadas o en proceso de acreditación 929 carreras, que equivale al 28% del total. La primera evidencia es que de las carreras que se sometieron al proceso, el 97% fue acreditada al menos por un año (de un máximo de 7 años).  Lo hacen en promedio por 3,6 años y para sincerar cualquier sesgo, la mediana es de 3 años.

De las siete agencias analizadas, notamos que la que menor porcentaje de acreditación posee es Qualitas con un 91% (9% de las carreras que la contrató no fueron acreditadas), destacando tres agencias que tienen un 100% de acreditación (Acredita CI, AAD y A&C). Frente a esto existen dos posibles lecturas: o las carreras que se someten al proceso son efectivamente las que están en condiciones de ser acreditadas o bien la carrera que paga por acreditarse tiene pocas probabilidades de ser rechazada.

Para contextualizar elegimos dos áreas que cuentan con carreras en que la acreditación es obligatoria: Educación (Pedagogía) y Salud (Medicina). En Educación, el 95,1% y en Medicina el 100% de las carreras son acreditadas, y lo hacen en promedio por 3,31 y 3,35 años respectivamente con una mediana de 3 años en ambos casos.

Esta similitud de resultados en un proceso más bien cualitativo (no hay indicadores objetivos que homogenicen la evaluación por parte de las agencias) y realizado por distintas agencias, contrasta en forma brusca con los resultados de la prueba Inicia y el Examen Médico Nacional. Éstos últimos son realizados por un organismo, distinto en ambos casos, que mide el nivel de los profesionales al terminar el pregrado. Por ello es pertinente preguntarse si debiera existir un grado de consonancia entre carreras acreditadas por periodos similares, pero con resultados muy distintos en exámenes rendidos al finalizar pregrado.

En su visita a Chile, durante el segundo semestre del año 2010, Miguel Urquiola, economista y docente de la Universidad de Columbia, expresó “Chile es el país que más revela que la competencia por sí sola, no mejora la educación”. Palabras que dijo en el contexto de la educación escolar, no obstante, es válido tomar el argumento y traspasarlo a la educación superior y específicamente al mercado de las agencias.

Por ello, en la Ley de Aseguramiento de la Calidad, cada agencia se entiende directamente con la carrera que solicita la acreditación. Esto incentiva que existan descuentos por acreditar un pack de carreras. Por ejemplo, de las universidades privadas no pertenecientes al CRUCH, el 83% de las carreras del área Educación es acreditada por dos agencias (Akredita y Acreditacción) y en el área Salud, única área donde la CNA participa directamente, acredita el 89% de las carreras del CRUCH y el 73% de las privadas. Esta focalización, junto la falta de homogenización de criterios, hace que la legitimidad sea puesta en duda. Concretamente, ¿qué pasaría si aleatoriamente cambiáramos las agencias? ¿Tendríamos los mismos resultados o similares al menos? Las carreras que fueron acreditadas por pocos años, ¿volverán a solicitar a la misma agencia o buscarán alguna que estadísticamente entregue más años?

La educación superior se plantea como un pilar estratégico para el desarrollo del país y es preocupante que su proceso de aseguramiento de la calidad esté entregando señales que generan este tipo de cuestionamientos. Si bien el tener un proceso de acreditación ha contribuido a ordenar y sistematizar información y procedimientos al interior de las carreras, es pertinente definir parámetros objetivos para comparar las evaluaciones de las distintas agencias como una forma de validar el sistema.

La educación como “mercado” no es comparable a comprar autos, manzanas o puentes y es clave que la acreditación avance en el sentido que el país requiera y decida. Por el momento, se está entregado a que el azar nos guíe, asumiendo o esperando que éste quiera una mejor educación para el país y velará por hacerla cumplir.

(*) Nota: El texto ha sido escrito en conjunto con Claudio Frites (Sociólogo) y publicado en El Quinto Poder.cl

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