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De la remoción de los enclaves a una nueva Constitución

por 4 mayo 2011

De la remoción de los enclaves a una nueva Constitución
Coincidimos también en que la política abrirá las puertas a una solución jurídica. Porque estoy convencido de que es una tarea que puede alcanzarse si unimos a una sólida voluntad política, la capacidad de dialogar y convencer a los representantes de la ciudadanía en las instituciones representativas. Para ello, lo primero es comenzar ya a configurar un amplio movimiento de opinión pública en este sentido.

La columna de Claudio Fuentes, “La provocación constitucional de Lagos”, nos mueve a profundizar el debate acerca de la institucionalidad jurídico-política que el país requiere para estar a la altura de los desafíos de nuestro tiempo y sobre el cual me referí en el documento “Chile 2030: Siete desafío estratégicos y un imperativo de equidad”.

Un debate del cual sigo convencido que hoy podemos poner en la agenda pública porque en el 2005 logramos eliminar los enclaves autoritarios de la Constitución, con excepción del sistema binominal.

Es precisamente la remoción de esos enclaves –que los eran porque no pasaban ningún test de legitimidad-, la desactivación de esa red de mecanismos instalados en la arquitectura institucional para limitar la democracia representativa y que persistió durante quince años, lo que hace posible que en la actualidad fijemos nuestra atención en los contenidos de la Constitución que Fuentes llama resabios autoritarios, comenzando por las ambigüedades en torno a la soberanía popular del artículo 5, y siguiendo con un conjunto de principios y normas que reflejan la visión de la minoría conservadora que los introdujo bajo la dictadura, en lugar de las convicciones de la ciudadanía democrática de este siglo.

A los resabios que Fuentes señala, cabe agregar la revisión del carácter “subsidiario” del Estado, que –en verdad- es mucho más que un enclave o un resabio, en cuánto encarnación institucional del fundamentalismo de mercado que animó a los redactores de la Carta de 1980.

A los resabios que Fuentes señala, cabe agregar la revisión del carácter “subsidiario” del Estado, que –en verdad- es mucho más que un enclave o un resabio, en cuánto encarnación institucional del fundamentalismo de mercado que animó a los redactores de la Carta de 1980. Esto no resiste el menor análisis, particularmente a partir de la gran crisis económica mundial de 2008. Baste decir que las medidas que se aplicaron en Estados Unidos y Europa para enfrentar la crisis, siguen siendo constitucionalmente imposibles en Chile.

Es por eso que, más que centrar estos comentarios en las diferencias semánticas que podamos tener en torno a enclaves y resabios, y en que medida éstos son autoritarios, conservadores o fundamentalistas de mercado; quisiera destacar nuestra coincidencia en torno a seguir pensando cómo somos capaces de dotarnos de una nueva Constitución, definida de manera democrática y con la ciudadanía.

Coincido con Fuentes en que se trata de una empresa que tendrá que enfrentar no pocos obstáculos –y no sólo institucionales- para ir abriéndose  camino. Con todo, coincidimos también en que la política abrirá las puertas a una solución jurídica. Porque estoy convencido de que es una tarea que puede alcanzarse si unimos a una sólida voluntad política, la capacidad de dialogar y convencer a los representantes de la ciudadanía en las instituciones representativas. Para ello, lo primero es comenzar ya a configurar un amplio movimiento de opinión pública en este sentido.

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