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Desarrollo económico y opciones eléctricas: el mal menor

por 13 mayo 2011

Desarrollo económico y opciones eléctricas: el mal menor
Literalmente para hacer tortillas se deben romper huevos. Si queremos alcanzar el desarrollo en los próximos 15 años, tenemos que tomar una decisión y desde mi punto de vista es demasiado costoso ambientalmente y riesgosos desde la perspectiva de nuestro comercio exterior e imagen, en el debate de cambio climático, jugarse por la opción del carbón, por tanto “el mal menor” es HidroAysén.

El debate sobre HidroAysén tiene que ver con la forma en que Chile podrá satisfacer sus necesidades de energía eléctrica en los próximos 15 años a  costos competitivos con los países competidores y en condiciones ambientales que minimicen los impactos adversos en el contexto de un país que asume su responsabilidad  con el fenómeno del cambio climático.

En un escenario conservador en que el país crece al 4,5% al año, y en que se realiza un esfuerzo de aumentar la eficiencia energética y por lo tanto la demanda por energía crece menos que el crecimiento del producto, un 3,5% al año, en caso que seamos capaces de implementar un  exitoso programa de eficiencia energética, se requerirían en los próximos 15 años alrededor de 11 mil MW.   ¿Cómo satisfacer esta demanda?  El problema es muy complejo por la diversidad de objetivos que se desea alcanzar y por las implicancias políticas de las alternativas. En primer lugar, es necesario mencionar que se requiere tener la capacidad de producir energía eléctrica para satisfacer la demanda en las horas en que la demanda aumenta, típicamente al oscurecer  en invierno (potencia a firme).   La energía eólica en que Chile tiene un buen potencial, pero no genera potencia a firme, ya que en muchos días puede ocurrir que no tengamos viento en los momentos en que la energía se necesita y desafortunadamente la energía eléctrica es tremendamente cara de guardar.

Por lo tanto, de las fuentes que hoy son tecnológicamente factibles, nos quedan las centrales a carbón,  las centrales a gas natural, las centrales hidroeléctricas de pasada, las centrales hidroeléctricas de embalse y geotermia, la energía solar y la nuclear.  De los 11 mil MW alrededor de 4 mil  MW ya están en fase final de aprobación o construcción de los cuales al menos 3 mil MW son a carbón.  Esto significa que en los próximos  cuatro años Chile seguirá siendo uno de los países del mundo que más aumenta su emisión de gases de  efecto invernadero, principalmente como consecuencia de que la matriz energética se está cargando hacia centrales a carbón.

Ojalá no existiera esta disyuntiva. Los que se oponen solo a la hidroelectricidad del sur y quieren mantener un crecimiento razonable que nos permite llegar al desarrollo en 15 años, están diciendo implícitamente que sigamos  construyendo centrales a carbón y sigamos siendo uno de los países  del mundo que más aumenta sus emisiones de CO2 per cápita.

El efecto ambiental local puede quedar reducido principalmente a los aspectos  escénicos, ya que las nuevas tecnologías y normas ambientales minimizan la  contaminación, no obstante Chile se comprometió en Coppenhagen a reducir en un 20% las emisiones de CO2 respecto a la línea base.  Incluso si esta restricción no se aplica, nuestros exportadores en el futuro serán obligados a mostrar su huella de carbono y si seguimos satisfaciendo la mayor parte de nuestro requerimiento de electricidad con carbón, Chile y sus exportadores serán colocados en una lista negra.  Veamos entonces las otras alternativas disponibles para los 7000 MW que nos faltan.

El mayor aumento de consumo en términos porcentuales ocurrirá en la zona central del país. Los estudios disponibles indican que la minería en el norte no crecería su producción en más de un 3% al año, en el mejor de los escenarios, y que habría un proceso de aumento de la eficiencia energética que haría que el aumento de la demanda por energía sea menor al 2% al año. En cambio a nivel residencial de la zona central, donde vive la mayor parte de los chilenos, todavía tiene índices de consumo bajos de energía  en relación a países desarrollados, por tanto tendrá un aumento importante en los próximos años.

En la zona central se puede generar cerca de los centros de consumo con centrales a gas natural de ciclo combinado.  Desafortunadamente, ya no tenemos acceso a gas natural argentino barato, el costo de generación con gas natural importado es cerca del doble del carbón y con gran incertidumbre de precios.  El problema es que Chile tiene un costo de electricidad industrial del orden de 130 US$ por MW-H, casi el doble de otros países de la región y un 50% mayor que otros  competidores del hemisferio sur, tales como Australia y Sudáfrica y por tanto no podemos seguir aumentando los costos de la electricidad sin afectar gravemente el empleo.

Por otra parte, la energía nuclear debe seguir estudiándose y analizarse cuidadosamente dada la alta sismicidad de Chile, por tanto no es opción en los próximos 15 años.   Los proyectos hidroeléctricos de pasada y centrales medianas en la zona centro y sur podrían generar  hasta  3 mil MW,  sin mayores efectos ambientales, sin embargo  también existen serias dificultades para desarrollarlas.  Por una parte, hemos sabido que SN Power abandonó dos interesantes centrales de pasada en la zona de la Araucanía por conflictos “ambientales” con comunidades mapuche.  También  existen dificultades para resolver las necesidades de transmisión  para muchos proyectos de mediano tamaño y además es un obstáculo la elevada concentración de derechos de agua en manos de Endesa.   En consecuencia, es improbable que en los próximos 15 años se materialicen como potencia a firme más de 2 mil MW por este concepto, manteniendo una  situación de alta concentración de las empresas dominantes, dada la propiedad de los derechos de agua.

La necesidad faltante de potencia firme sería de 5 mil MW.  Una opción es desarrollar centrales solares en el desierto de Atacama y construir líneas de transmisión al centro del país (alrededor de 1000 kilómetros).  Si queremos generar  2.700 MW, equivalente a la generación de HidroAysén, se requieren  más de 100 mil hectáreas de terrenos con alta exposición  solar que solo están disponibles a precios razonables y con bajo impacto ambiental en el desierto de Atacama (equivalente a tres veces la superficie de la comuna de Santiago).

Hoy el costo de traer esa energía a Santiago en corriente continua, para reducir los impactos ambientales, es de al  menos 170 US$ por MW-H, comparado con menos de US$ 90 MW-H,  tanto del carbón como la hidroelectricidad de la zona austral.  En consecuencia, la energía solar en gran escala para abastecer la macro zona central queda descartada por ser carísima.  No obstante, la generación solar distribuida puede competir localmente con generadores diesel e incluso a gas de ciclo combinado si tomamos en cuenta los costos ambientales globales. En cualquier caso, estos desarrollos difícilmente podrán alcanzar los 500 MW en los próximos 15 años, a menos que se genere una drástica reducción de  costos.  Por último, Chile ha tenido un lento desarrollo de la geotermia. Los problemas ambientales en el Tatio fueron un golpe importante para dicha opción.  Por otro lado, la interacción en el norte con el recurso hídrico, el cual es muy escaso, requiere un estudio cuidadoso.  No obstante estimemos un desarrollo de mil 500 MW de potencia a firme en energía Geotérmica,  siguen faltando 3 mil MW en el sistema.

Según vemos, desde un punto de vista técnico, tenemos dos opciones realistas como país. Una, seguir desarrollando centrales a carbón con todos los impactos ambientales locales, globales y en paisaje al lado de las costas,  o la otra es desarrollar la energía eléctrica de la zona austral.  Un argumento a favor de las central a carbón sería apostar a que la energía solar baja de precio drásticamente en los próximos años y las tecnologías  de almacenamiento  se desarrollan para cubrir las horas punta, en cuyo caso podemos ir desarrollando centrales a carbón en forma gradual, con el riesgo que en  15 años más tengamos 4 mil 500 MW  adicionales a carbón  a los 3 mil MW ya comprometidos, siendo uno de los países que más aumenta la emisión de CO2 per cápita. Muy riesgoso. La otra opción es desarrollar algunos proyectos de la zona austral, aquellos que son ambientalmente más eficientes.  Es decir, aquellos  que  tienen la menor inundación por MW generado.

La línea de transmisión es un tema nada de grato que requiere conocer las opciones de trazado antes de pronunciarse, no obstante la energía solar en gran escala también requerirá  extensas líneas de transmisión, aunque no en la Patagonia.  Cabe destacar que los que se oponen a la energía nuclear, la energía a carbón, la energía hidroeléctrica en el sur austral están diciendo que Chile tiene que bajar su crecimiento  a menos del 3% al año, con las implicancias sobre empleo e ingresos familiares, a favor de conservar paisajes naturales. Esto significa que no llegaremos nunca a ser país desarrollado.

Ojalá no existiera esta disyuntiva. Los que se oponen solo a la hidroelectricidad del sur y quieren mantener un crecimiento razonable que nos permite llegar al desarrollo en 15 años, están diciendo implícitamente que sigamos  construyendo centrales a carbón y sigamos siendo uno de los países  del mundo que más aumenta sus emisiones de CO2 per cápita.

En conclusión, incluso si desarrollamos agresivamente  nuestros programas de eficiencia energética y de ERNC, deberemos crecer 4 mil 500 MW  ya sea en carbón y/o hidroelectricidad de la zona Austral.  La decisión es complicada pues ambas involucran complejos problemas ambientales. Literalmente para hacer tortillas se deben romper huevos. Si queremos alcanzar el desarrollo  en los próximos 15 años, tenemos que tomar una decisión y desde mi punto de vista es demasiado costoso  ambientalmente y riesgosos desde la perspectiva de nuestro comercio exterior e imagen, en el debate de cambio climático, jugarse por la opción del carbón, por tanto “el mal menor” es HidroAysén, aunque queda pendiente la discusión de cómo aumentar la competencia para beneficiar en mayor medida a  los consumidores.

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