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Encrucijada energética

por 15 mayo 2011

Hoy existe gran desconfianza entre el gobierno, las empresas del sector y la sociedad civil organizada en Santiago y en regiones. Por eso, el ejercicio de construir la estrategia puede ser extremadamente útil si se realiza en un proceso donde se comparta y madure, información y conocimientos, que permitan generar confianzas para la participación de los diversos sectores involucrados en la toma de decisiones.

El tema energético ha vuelto a los primeros lugares de la agenda entre votaciones y manifestaciones. La decisión favorable a la construcción de las cinco megacentrales hidroeléctricas en Aysén, dio paso a la segunda batalla energética y ambiental del año, después de Barrancones.  Es un tema altamente controversial, porque las  decisiones siempre están acompañadas de conflictos de interés: entre el desarrollo regional y el nacional; entre crecimiento y sustentabilidad ambiental; entre las necesidades de corto plazo y los requerimientos del futuro; entre la matriz tradicional y la no convencional.

Por eso mismo, es necesario contar con una estrategia energética nacional, que oriente la planificación, supere los ciclos políticos y tenga como  horizonte los próximos 30 a 50 años. Este es el tiempo que los expertos señalan como eficaz para la planificación del sector, para generar inversiones compatibles con un crecimiento acelerado y ambientalmente sustentable. No importa cual sea el gobierno de turno, la política energética debe seguir su curso.

Discutir la matriz  sin tener una estrategia que la determine, es poner la carreta delante de los bueyes.  El desafío es mirar la  cuestión  energética como un eje estratégico del desarrollo del país, donde la matriz  es el resultado de acuerdos de carácter nacional y regional sobre objetivos, metas y recursos destinados a la reducción de cinco brechas

Hoy existe gran desconfianza entre el gobierno, las empresas del sector y la sociedad civil organizada en Santiago y en regiones. Por eso, el ejercicio de construir la estrategia puede ser extremadamente útil si se realiza en un proceso donde se comparta y madure, información y conocimientos, que permitan generar confianzas para la participación de los diversos sectores involucrados en la toma de decisiones.

- La brecha de costos, para alcanzar a los países más competitivos energéticamente de la OCDE; Chile posee uno de los costos de energía más altos de América Latina, casi el doble de países como Colombia, Brasil y Perú y muy por sobre el promedio de los países desarrollados.

- La brecha de capacidad, para que el sector elimine su vulnerabilidad, sobre todo frente a la sequía. Ello requiere de la diversificación de las fuentes de energía.

- La brecha de sustentabilidad, tendiente a reducir el impacto climático, como lo están planteando la Unión Europea y los países de la APEC, importantes socios comerciales de Chile;

-  La brecha de la eficiencia, en el sistema de generación, transmisión y distribución. Requiere generar competencia en el sector -ya existe la propuesta del multicarrier por parte del gobierno- y fortalecer los órganos de regulación y supervisión, y la institucionalidad medioambiental.

-   La brecha del ahorro energético para que la tasa de crecimiento del producto se desvincule del aumento del consumo de energía.

Hoy existe gran desconfianza entre el gobierno, las empresas del sector y la sociedad civil organizada en Santiago y en regiones. Por eso, el ejercicio de construir la estrategia puede ser extremadamente útil si se realiza en un proceso donde se comparta y madure, información y conocimientos, que permitan generar confianzas para la participación de los diversos sectores involucrados en la toma de decisiones. La Comisión Técnica para el Desarrollo Eléctrico recién creada, puede elaborar un buen informe técnico, pero no político. Para ello se requiere  la participación de todos los involucrados, no solo de los expertos.

Aunque  algunos les  parezca de otra galaxia, es bueno saber que existen experiencias en este planeta. Y  efectivas. Los países de la Unión Europea en materia de consultas, ejercicios de análisis del futuro y definiciones de estrategias, convocan a una amplia gama de  actores: expertos nacionales e internacionales, los dirigentes empresariales, gremiales y de la sociedad civil organizada. Consideran los distintos intereses privados, pero también evalúan el bien público, y alinean las expectativas entre los actores para facilitar los consensos.

Establecer plazos y magnitudes en la reducción de las cinco brechas es un primer paso para definir políticas consensuadas. El segundo es establecer las políticas más eficaces para alcanzar las metas.

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