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El paraíso como trending topic y el futuro de la Iglesia

por 18 mayo 2011

Pese a lo contradictorio que parezca, la mayoritaria reacción visceral de blogueros y twitteros contra Hawking no hace más que reafirmar la idea de que podrían llevarse detenida a toda la plana mayor del arzobispado de Santiago y, aun así, los fieles seguirían separando las aguas entre su creencia y los “representantes terrenales” de ésta.

La existencia de vida después de la vida se convirtió el lunes en un trending topic en Twitter y en una de las noticias más comentadas en los blogs de la mayoría de los medios de comunicación (incluyendo los nacionales) luego que, el domingo, el diario británico The Guardian divulgara una entrevista con el físico y director de investigación de la Universidad de Cambridge, Stephen Hawking, en la cual éste dijo que la posibilidad de vida después de la muerte era “un cuento de hadas”. No sólo eso. A la medianoche del lunes, la mezcla de los parámetros “Hawking” + “hadas” arrojaba 158 mil resultados en Google.

La entrevista era más amplia que ese concepto. En realidad, se trataba de una serie de preguntas y respuestas que se le formuló a Hawking en vistas a la conferencia que dictaría en el marco del Google Zeitgeist, donde abordaría la gran interrogante :“¿Por qué estamos aquí?” y en la cual se explayaría acerca de la teoría M, sobre la cual se pronunció extensamente en su último libro, “El Gran Diseño”, el cual también causó escozor en los círculos religiosos, el año pasado, pues allí afirmó que no se necesitaba de un creador para explicar la existencia del universo.

Por cierto, dejando de lado algunos de los ataques posteados en su contra (como “Sr. Hawking, al parecer Ud. es muy inteligente en clases pero tonto requete tonto en recreo”, de Devinderpal Kaur, en La Tercera; o “Este señor sólo sabe inferir (sic) blasfemias hacia Dios”, por Kenny McCormick, en Página12) los dichos de Hawking son una excelente noticia para todas las religiones y, en Chile, para la Iglesia Católica. Pese a lo contradictorio que parezca, la mayoritaria reacción visceral de blogueros y twitteros no hace más que reafirmar la idea de que podrían llevarse detenida a toda la plana mayor del arzobispado de Santiago y, aun así, los fieles seguirían separando las aguas entre su creencia y los “representantes terrenales” de ésta.

El asunto no es menor, máxime en el contexto antirreligioso que se ha generado en los últimos 20 años, producto de las denuncias por abusos sexuales (que estallaron en Chicago, siguieron en Irlanda y continuaron por distintos países católicos); de la globalización de la yihad por parte del salafismo takfir de Al Qaeda y su consecuente contrarreacción, como fue la prohibición del uso del burka (el velo facial obligatorio en el Islam para las mujeres) en espacios públicos en Francia y la publicación de caricaturas de Mahoma en el diario danés Jyllands-posten (gracias a las cuales incluso quemaron parte de la embajada chilena en Damasco),  junto a la entronización de un ateísmo militante respecto del cual poco se dice en Chile.

Pese a lo contradictorio que parezca, la mayoritaria reacción visceral de blogueros y twitteros contra Hawking no hace más que reafirmar la idea de que podrían llevarse detenida a toda la plana mayor del arzobispado de Santiago y, aun así, los fieles seguirían separando las aguas entre su creencia y los “representantes terrenales” de ésta.

Esta avalancha de ateísmo no sólo ha sido factible gracias al menor riesgo que (en algunos países) implica hoy el declararse no creyente (pese a lo cual cualquier político sabe, por ejemplo, que en Estados Unidos es impensable que un candidato a la presidencia tenga alguna posibilidad si se confesara ateo), sino también gracias al avance de la ciencia, que ha posibilitado a los defensores de la no creencia el enarbolar argumentos racionales frente a la Fe, ésa que mueve montañas y convierte entrevistas a científicos en Trending Topics.

Es así como los principales teóricos del ateísmo mundial son, hoy por hoy, dos científicos y un periodista: el biólogo de la Universidad de Oxford Richard Dawkins; el doctor en filosofía y neurociencia norteamericano San Harris y el hombre de letras británico Cristopher Hitchens, quienes se han convertido en superventas del ateísmo con una serie de textos que -para los creyentes- rayan en la insolencia, por el énfasis con el que niegan la existencia de cualquier divinidad. Luego de producir para la BBC dos documentales llamados “The god delusion”, en los cuales Dawkins atacaba directamente a todas las grandes religiones, publicó un libro del mismo nombre, traducido al español como “El espejismo de Dios”, que vendió más de dos millones de copias en todo el mundo, y del cual sólo algunas llegaron a Chile. Una de las principales polémicas vinculadas a este libro fueron los carteles publicitarios del mismo, que mostraban al sol brillando en medio de las derrumbadas torres gemelas del World Trade Center, encerradas por un trozo de la canción de los Beatles: “Imagine no religion”.

Los libros de Sam Harris (“Carta a una nación cristiana” y “El fin de la fe” son los más conocidos) nunca arribaron a estas costas pero sí lo hicieron, en ediciones limitadas, “Dios no es bueno” y “Dios no existe”, de Hitchens. Poco menos repercusión tuvieron en el país otras iniciativas emprendidas por Dawkins, entre ellas los llamados “buses ateos”, como bautizaron a los buses que circulan por diversas ciudades de Europa (fueron prohibidos en varias partes de España) con leyendas como “Dios probablemente no existe, disfruta tu vida”, o su intento por acusar ante la justicia a Benedicto XVI, por el encubrimiento de los casos de pedofilia mientras se desempeñaba como Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe (curiosamente, el único medio nacional que de tanto en tanto menciona a algunos de los ateos antes mencionados es Las Ultimas Noticias, quien ha dedicado un par de notas a Dawkins).

Quizá en Chile no exista mercado para estos textos (es probable), quizá estemos muy alejados de los lugares en que la religión es un conflicto diario (como la Franja de Gaza), quizá nuestro país sea demasiado conservador, etc. Puede haber muchas razones, pero creer que dicha corriente de pensamiento, los dichos de Hawking o la coyuntura marcada por Karadima y el intento de suicidio del religioso Luis Eugenio Silva permitirán un mayor desarrollo del debate en torno a la religión en Chile (o la penetración de ideas adversas a ésta), es un simple espejismo que no tiene en cuenta el arraigo emocional que la creencia en divinidades posee en el país, y el poder que concentran quienes las representan, especialmente por el lado de la Iglesia Católica.

Más de alguien podría reclamar que eso no es cierto y que hay cómo demostrarlo: a través de la encuesta de Giro País que, la semana pasada, posicionó a la Iglesia Católica en niveles de confianza francamente vergonzosos. Sin embargo, recurramos al lugar común (que no por eso deja de ser cierto): toda encuesta es una radiografía del momento… pero bastará un nuevo desastre natural o una estrategia inteligente por parte de la Iglesia para que las ovejas que parecieran estar descarriándose regresen solas a la grey. Sólo es cosa de tiempo.

Como me lo dijo alguna vez –sin que se le moviera un músculo de la cara- un político de vuelo corto, refiriéndose al impresentable escándalo en que estaba implicado y cómo éste podría afectar sus futuras aspiraciones: “Bah, no importa. Nadie se va a acordar de esta huevá en un año”. De más está decir que el hombre tenía toda la razón, pues luego de un tiempo prudente y de aceitar las clavijas donde debía hacerlo, logró llegar al puesto que quería.

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