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¿Cerca de la revolución? Cambio y continuidad en la era del "Me gusta" y el "Retuit"

por 21 mayo 2011

Presentación Seminario “Medios del Siglo XXI”

En esta presentación quisiera desarrollar tres ideas muy simples que dan cuenta de los cambios y continuidades que plantean los nuevos medios en la distribución del poder en las sociedades: 1) A través de sus prácticas de consumo, producción e intercambio de información, los jóvenes chilenos interesados en los asuntos públicos están redefiniendo el concepto de ciudadanía y las formas de ejercerla. 2) Internet desestabiliza los centros de poder y diversifica los flujos de información, pero también promueve lo que podríamos llamar “chorreo informativo”. 3) Que la gente no esté dispuesta a pagar por la información de los medios online plantea un desafío al periodismo como disciplina, lo que obliga a deconstruir y reconstruir el concepto y formato de “noticia” y lo que se entiende por “información”.

Entre la democracia de los tuiteos y el baile de los que sobran

La generación de personas que nació con Internet está reconfigurando a través de sus prácticas el ejercicio de la ciudadanía . Si bien la mayoría no está inscrito y tampoco vota en elecciones, esto no significa que estén ajenos a la discusión y participación en los asuntos públicos. En una investigación realizada junto a Andrés Scherman y Sebastián Valenzuela, concluimos que el consumo de medios digitales por parte de los jóvenes chilenos está fuertemente asociado a un mayor activismo político y social. Esta relación es inexistente entre el consumo de medios tradicionales y participación política, y débil en participación social. Los resultados son similares con estudios recientes en EE.UU. y Europa que muestran una relación positiva entre mayor uso de tecnologías digitales y participación en los asuntos públicos. Eso sí, hay un dato preocupante: los que participan más son aquellos jóvenes de niveles socioeconómicos más altos. No importa el sexo ni la ciudad donde habitan, sí el ser más educados, tener acceso a Internet y poseer más capital social. En este caso, Internet reproduce las brechas de desigualdad del mundo offline. El baile de los que sobran también se da en el mundo online.

Acá no se trata de caer en el determinismo tecnológico para decir que por el hecho de usar nuevas tecnologías, los jóvenes van a participar más de los asuntos públicos. Las personas con cierto interés en los temas públicos pueden usar estas tecnologías y la información que ofrecen para profundizar su interés y comportamiento en la esfera pública. En este contexto, las distintas prácticas de participación online de los jóvenes emergen como una reconfiguración de activismo cívico y de tradicionales definiciones de democracia representativa.

Entre el “poder popular” y el “chorreo informativo”

La tendencia a la concentración en la industria de medios -tanto a nivel de propiedad como de las voces que allí se expresan- es un problema que siempre se saca a relucir respecto del sistema de medios en Chile. Pocos medios, mismos temas. Por ejemplo, en un estudio realizado junto a Sebastián Valenzuela encontramos que entre los años 2000 y 2005 tanto la prensa escrita como la televisión presentaron agendas temáticas muy similares (correlación de 0,63) . Aunque los chilenos evalúan de manera distinta el pluralismo de medios offline y online. Por ejemplo, un 40% ve en la televisión el medio que más contribuye a difundir la opinión de la población, mientras un 10% considera que son los sitios de noticias en Internet (Feedback-UDP, 2010).

Ahora bien, las cosas están cambiando con el surgimiento de distintos medios online como Ciper, El Mostrador, El Post y El Dínamo que proponen distintos temas y diversos modelos de financiamiento y cooperación (por ejemplo, con canales de televisión por cable o creando sus propias plataformas de televisión online). Estos nuevos actores en el sistema de medios chileno -al igual que los cambios de propiedad en CHV y Canal 13- diversifican los temas y voces que allí participan, dándole cabida a nuevas voces y temas de interés público, especialmente en combinación con el uso de plataformas online por parte de los ciudadanos. Pensemos en la campaña en contra de la instalación de la central termoeléctrica de Barrancones en 2010 y el revuelo por la instalación de estatua del Papa en Bellavista en 2009. En Twitter y Facebook se generaron intensos debates y campañas que terminaron, en el caso de Barrancones, con la suspensión del proyecto por parte del presidente Piñera y en la no-instalación de la estatua de Juan Pablo II en Bellavista. En ambos casos se distinguen una conjunción de factores que cambiaron el curso de los acontecimientos. En primer lugar, la importancia del rol fiscalizador de algunos medios de comunicación que promovieron el debate, el interés de los ciudadanos en manifestar su opinión en el mundo online y offline; y por último, un sistema político que aún permite a las autoridades tomar decisiones a puerta cerrada. Para ejercer poder a través de distintos flujos de información y tecnologías, miles de ciudadanos se movilizaron en torno al “linkeando, creando, poder popular”

Entre el optimismo que despiertan estas prácticas de debilitamiento de los centros de poder y el empoderamiento por parte de los ciudadanos a través de las plataformas online, también emergen fenómenos contradictorios en relación a la diversidad de voces y actores que circulan en la esfera pública. Twitter sería una herramienta que “abre la cancha” para que más gente hable; aunque el ciudadano más informado estaría siendo el que tiene más capital social y de mayor nivel socioeconómico. En la lucha por la visibilidad de demandas e intereses, Twitter no igualaría el peso entre las distintas voces que circulan en la esfera pública. Los que tienen el micrófono y el poder para decir qué es información en los medios tradicionales lo siguen teniendo en el mundo online. Así vemos a periodistas y actores políticos como los personajes que tienen la mayor cantidad de seguidores en este espacio. De esta forma, se produce lo que podríamos llamar el “chorreo informativo”, donde el periodista, la autoridad o el líder de opinión con su capital “offline” ingresan en otras condiciones a la cancha “online”. Ahora bien, en la cancha virtual muchas veces el periodista y su capital pueden jugar un rato con el ciudadano común y corriente.

Entre la gratuidad y la reinvención del periodismo

En Internet la idea de la gratuidad se ha convertido en el emblema de lucha de los usuarios a través de sus distintas prácticas online. Ya es conocido el caso de la industria discográfica y su lentitud a la hora de adaptarse a los nuevos hábitos y plataformas tecnológicas. En el caso de los medios como productores y espacios donde se ofrece información está ocurriendo algo parecido. Nadie quiere pagar por la información en Internet. ¿Por qué la gente está interesada en pagar por un diario y no por la información online? Iris Chyi, economista de medios de la Universidad de Austin , sugiere que la información de los medios digitales es un bien “inferior”, es decir -manteniendo otras variables constantes-, si el ingreso de una persona aumenta, el consumo de información online disminuye, y viceversa, siendo los medios impresos un bien “normal”.

En una encuesta a usuarios nacionales de sitios de noticias en Internet, un 91% los considera como creíbles, un 85% que tienen independencia para informar, y un 88% que entregan información de calidad. Ahora bien, son pocos los que participan en Internet ya sea comentando en sitios web o blogs temas políticos o sociales (9%), escribiendo en sus propios blogs sobre los mismos temas (5%), subiendo imágenes (4%) o videos (3%). Ante la pregunta si están dispuestos a pagar, un 17% dice que lo haría y en promedio pagarían cerca de $5.000 pesos mensuales. En tanto un 82% de los usuarios de sitios de noticias en Internet no están dispuestos a pagar por la información (Feedback-UDP, 2010). Hasta ahora la disposición de los usuarios y sus hábitos de consumo dan cuenta de un bajo interés por pagar información online. En este sentido, Internet está siendo lo que los usuarios quieren que sea: un espacio gratuito, de interactividad, donde circula todo tipo de contenido en distintas plataformas, independiente de quién lo produzca; y donde los usuarios manifiestan preferencias (el “me gusta” en Facebook, por ejemplo, o el “retweet”).

En ese proceso de pensar los medios y la información que presentan, lo que antes se entendía por “objetividad” hoy día debiera ser “posición”, “fiscalización” y “transparencia”. Si hasta hace poco se hablaba de la “nueva forma de gobernar”, los medios tienen que proponer una “nueva forma de informar”. Para que los medios dejen de ser como el padre Gatica, tienen que practicar la transparencia que predican. Revelar sus preferencias políticas en periodos electorales y conflictos de interés son tareas pendientes en los medios chilenos. En la medida que aumenten su rol fiscalizador, los medios podrán consolidar la fidelidad de sus audiencias y su rol social en función de lo que en este contexto híper-mediado se entiende por periodismo e información. Al mismo tiempo estarán en condiciones de practicar la transparencia que predican, estimulando la competitividad necesaria en el mercado de medios de comunicación.

Reinventar conceptos desde abajo hacia arriba

Los cambios y continuidades que plantean los nuevos medios en la distribución del poder en las sociedades actuales están siendo procesos que se constituyen en la práctica. A través de los usos y apropiaciones de las tecnologías por parte de las personas se están redefiniendo conceptos que, hasta ahora, se entendían como entidades fijas. Qué es democracia, noticia y audiencia, ciudadano y consumidor, así como el ejercicio del periodismo en estos contextos mediados, son ejemplos de ello. En este sentido, la forma de analizar y abordar estos procesos por parte de los medios y algunos analistas no siempre aportan a su propio futuro como agentes económicos o actores políticos. El delirio noticioso en torno a los números, la participación política e Internet, la futurología alrededor de los medios y la industria; la idea de lo “nuevo”, y los usos que difunden como válidos y fijos en relación a distintas tecnologías -como las redes sociales (ver secciones de tecnología, por ejemplo)- van segmentando y enmarcando cada vez más las potencialidades que las tecnologías digitales tienen una vez que son apropiadas por las personas en distintos contextos. Entender esos procesos de apropiación, las definiciones que los usuarios elaboran en torno a Internet, Facebook o Twitter, y las prácticas de construcción de esas tecnologías en la práctica -ya sea por parte de los periodistas y usuarios comunes y corrientes- permitirán remover conceptos que hasta ahora se encuentran fijos. Si bien la tarea de los medios es informar, ya es hora que se reflexione sobre sus prácticas y conceptualizaciones, desde los actores que constituyen los medios: dueños, periodistas y audiencias. En ese contexto, las universidades y sus académicos tenemos que aportar en ese proceso de reflexión, a través de un análisis crítico y empírico de los medios, sus prácticas de producción y consumo en torno a la información que construyen. Por ejemplo, investigando cómo definen los dueños de medios, sus periodistas y audiencias una “noticia” y qué criterios establecen a la hora de crearlas. Asimismo, contrastando si esta definición cambia en el caso de los medios digitales y tradicionales. Por último, esto implica estudiar no sólo a los medios consolidados, sino también los que actualmente – a través del uso y apropiación de tecnologías por parte de los ciudadanos- están reinventando este concepto en la práctica.

* Agradezco los comentarios y sugerencias de Sebastián Valenzuela.
* Una versión extendida de esta prsentación está disponible en: http://bit.ly/lpeH29

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