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La Concertación y la “furia verde”

por 26 mayo 2011

La Concertación y la “furia verde”
Está bien -pensé-, puede ser que se deba a otras circunstancias, no entiendo cuáles, pero sin duda debe haber una buena explicación de por qué se quedaron callados durante 20 años cuando se inauguraban las tan contaminantes termoeléctricas a carbón.

Ante las protestas surgidas por la aprobación de las nuevas represas en la región de Aysén y ante los grandes discursos de indignación expresados por importantes dirigentes políticos de la Concertación, mi primera reacción fue decir: “¡Qué horror! Tienen toda la razón, alguien debe decir algo”.

Al ver las enérgicas protestas de los dirigentes de la Concertación, sentí que hervía por mis venas eso que llaman la “furia verde” y cual guerrero medieval me dediqué con pasión a prepararme para la batalla que vendría.

Esa “furia verde” no sólo la notaba en mis venas, también en mi cabeza, que estaba a punto de explotar por la indignación. Tome la decisión de salir a protestar y expresar mi rechazo a una medida tan injusta.

Sin embargo, no quería salir simplemente a gritar consignas que no entendía y actuar como un tonto útil de otros y menos como alguien que se deja manipular por los primeros argumentos simples que escucha. No, yo quería que mi protesta fuera con sentido, que mis gritos marcaran la diferencia en la movilización popular que ahora le tocaba dirigir a la Concertación. Estaba sediento de información y argumentos, quería estar al frente de las protestas, con esa fuerza moral que surge del convencimiento más profundo.

Con el paso de las horas, mi furia se había transformado ya en indignación moral, y llegué a la conclusión que la Biblioteca del Congreso me estaban ocultando información. Le grité en la cara al bibliotecario “¿Dónde están los archivos que dan cuenta de las protestas de mis héroes verdes concertacionistas? ¡¿Dónde están?!”

Con esa noble intención me preparé para la batalla y, como político, decidí que los mejores argumentos que podía obtener eran aquellos de mis propios colegas en política. Dado que los únicos que aparecían criticando eran los dirigentes de la Concertación, me sumergí en los archivos de prensa nacionales de los últimos años. Allí, pensé, tendría que encontrar las intervenciones consistentes y fundamentadas para oponerse a las represas en Aysén.

Comencé mi urgente labor buscando en los archivos de prensa de la Biblioteca del Congreso; quería conocer de primera fuente las protestas sociales que los dirigentes de la Concertación habían liderado ante las termoeléctricas a carbón aprobadas en los últimos 20 años en Chile… pero no encontré nada.

Con el paso de las horas, mi furia se había transformado ya en indignación moral, y llegué a la conclusión que la Biblioteca del Congreso me estaban ocultando información. Le grité en la cara al bibliotecario “¿Dónde están los archivos que dan cuenta de las protestas de mis héroes verdes concertacionistas? ¡¿Dónde están?!”

No importa –dije-, debe ser una conspiración de las grandes transnacionales de la energía, que se han encargado de borrar todos los archivos de la valerosa protesta social por el medio ambiente que los políticos de la Concertación han liderado en los últimos 20 años.

Está bien -pensé-, puede ser que se deba a otras circunstancias, no entiendo cuáles, pero sin duda debe haber una buena explicación de por qué se quedaron callados durante 20 años cuando se inauguraban las tan contaminantes termoeléctricas a carbón.

No importa -me dije- el tema de las represas en Aysén tiene una larga historia. Pensé que en Google podría encontrar los argumentos que necesito para salir a protestar; bastaría con buscar los dichos de mis “héroes verdes concertacionistas” como Camilo Escalona, Sergio Bitar, Edmundo Pérez Yoma, Eduardo Frei, Ricardo Lagos, Francisco Vidal… ¡Pero no habían dicho nada en contra de las represas en los últimos años! Es más, descubrí con horror que el propio Capitán Planeta (Ricardo Lagos) se había dado una vuelta de carnero olímpica en su apoyo a HidroAysén.

Al final, desilusionado y sin ningún argumento, decidí quedarme en la casa; no podía salir a protestar si no dije nada en contra las centrales a carbón y no dije nada sobre el proceso de aprobación de las actuales represas en Aysén en los últimos años. No podía ser tan hipócrita, tan bajo, tan oportunista, como para salir a protestar ahora, después de no haber dicho nada en los 20 años anteriores.

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