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La contradicción de la causa medioambiental

por 28 mayo 2011

Privilegiamos santuarios en donde no existe el hombre, a hombres, mujeres y niños que viven excluidos, sin oportunidades concretas de salir de sus circunstancias. Me gustaría ver esa misma pasión, convicción y sentido cívico al momento de luchar por un país más justo e igualitario para todos.

HidroAysén, más que estar a favor o en contra, creo que marca algo importante que está ocurriendo en nuestro país: una necesidad –ya no tan latente- de la sociedad civil de expresarse y movilizarse. Lamentablemente para la mayoría, el contacto con el medioambiente es algo que experimentamos, vemos, olemos y tocamos, si tenemos suerte, una vez al año.

A pesar de esto, dados los sucesos de los últimos días, hemos sido testigos del impacto y rechazo que esto ha causado en la ciudadanía, siendo capaces de protestar con marchas multitudinarias a lo largo de todo Chile.

Pese a que el impacto ambiental, el calentamiento global o la falta de una política energética me parecen todas causas completamente legitimas para protestar, no puedo evitar tener ciertas aprehensiones en cuanto a la pérdida de foco por los temas que como sociedad consideramos no transables.

Privilegiamos santuarios en donde no existe el hombre, a hombres, mujeres y niños que viven excluidos, sin oportunidades concretas de salir de sus circunstancias. Me gustaría ver esa misma pasión, convicción y sentido cívico al momento de luchar por un país más justo e igualitario para todos.

Con creciente preocupación veo cómo desde hace años se viene instalando, no sólo en nuestro país sino a nivel global, el tema ambiental por sobre otros temas igualmente relevantes en el desarrollo de nuestra sociedad.

No es mi papel juzgar a las organizaciones ni a las personas que se movilizan por estos temas, pero sí juzgo el no saber priorizar y la poca capacidad de movilizarse también por esas miles de familias chilenas que están viviendo vergonzosamente en extrema pobreza, nuestros vecinos, personas con las que convivimos a diario en nuestras ciudades.

No es posible que nos de lo mismo y me indigna ver cómo defendemos los santuarios de la naturaleza protestando y alzando la voz, pero nos quedamos callados al momento de hacerlo por las más de 33 mil familias de campamentos que viven diariamente en condiciones indignas. Privilegiamos santuarios en donde no existe el hombre, a hombres, mujeres y niños que viven excluidos, sin oportunidades concretas de salir de sus circunstancias. Me gustaría ver esa misma pasión, convicción y sentido cívico al momento de luchar por un país más justo e igualitario para todos.

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