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Se siente, se siente ¿Lavín Presidente?

por 8 junio, 2011

Se siente, se siente ¿Lavín Presidente?
Joaquín Lavín aparece como un tipo razonable. Invita al diálogo. Le hablan de desigualdad y él está de acuerdo y sólo quiere lo mejor –no para algunos- sino para todos los estudiantes; llaman a “marchar”, y él llama al discurso; llaman a la “lucha”, y él llama a las propuestas. Le hablan de números, él habla de ecuaciones, y en fin, los estudiantes le gritan que es un “privatizador” de la educación superior y él les cita a la ARCIS y a Tomás Moulián. ¿Quién no?
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¿Hay algo más fascista que una “funa” o un “escrache”? Yo creo que no. Y si los estudiantes universitarios creen que lograrán amedrentar a un político de fuste como Joaquín Lavín con ese tipo de actos completamente irracionales y contraproducentes, están completamente equivocados.

¿Es posible que alguien, por muy difícil o insólito que aparezca, se ahogue con su propio vómito? Los estudiantes de la UTEM están demostrando que no. Ni difícil ni insólito. ¿Creen que le hacen un favor a los demás estudiantes, a los demás rectores, al mundo universitario con la explosión casquivana de su rabia contra un Ministro que tiene una aceptación popular importante? ¿Creen que con eso van a hacer caer a un Ministro que no sólo ha soportado eso, sino que durante años ha soportado la furia y la sorna de la Concertación, pero que no obstante – y por un pelo- no fue Presidente de Chile, contra un Lagos ¡uf! urgidísimo? Los estudiantes de la UTEM, irracionales por donde se les mire, le hacen un flaco favor al movimiento estudiantil universitario, al victimizar burdamente al Ministro de Educación, más encima, en el edificio que lleva por nombre el de la poetisa Gabriela Mistral.

Le hacen un favor a Lavín y sus intenciones presidenciales. Su frivolidad es insólita, pero comprensible. El lumpen universitario, mientras más agreda al Ministro, más provocará que el pueblo –no sólo UDI- sino popular, lo quiera, y con muchas más razones.

Al revés. Le hacen un favor a Lavín y sus intenciones presidenciales. Su frivolidad es insólita, pero comprensible. El lumpen universitario, mientras más agreda al Ministro, más provocará que el pueblo –no sólo UDI- sino popular, lo quiera, y con muchas más razones.

Joaquín Lavín aparece como un tipo razonable. Invita al diálogo. Le hablan de desigualdad y él está de acuerdo y sólo quiere lo mejor –no para algunos- sino para todos los estudiantes; llaman a “marchar”, y él llama al discurso; llaman a la “lucha”, y él llama a las propuestas. Le hablan de números, él habla de ecuaciones, y en fin, los estudiantes le gritan que es un “privatizador” de la educación superior y él les cita a la ARCIS y a Tomás Moulián. ¿Quién no?

Con una Concertación egipciana, completamente momificada, llena de vendas, con una Nefertitis hablando de no sé qué -Tohá-, con un Tutankamon entregando propuestas para un Chile de no sé dónde –Ricardo Lagos XIV- y con unos voceros de madre y señor mío –Auth, Lagos Weber, Walker, Gómez- Lavín, tiene, favorecido por estos “estudiantes universitarios”, todas las de ganar.

Un país sin proyecto - Concertación- y sin relatos -Alianza-, no es un país para viejos, es un país para Lavín, “efectista”, “cosista”.

La pregunta es ¿y qué? O más simple aún, la pregunta es ¿y? “Y nada”, pues nuestra sociedad chilena hace rato que cambió. Es una de inocentes, en las que nadie es culpable de nada y en la que todos quieren algo. Es una sociedad que tiene dos “chivos expiatorios” (Pinochet y Allende) perfectos, pero que siente que todos tienen derecho a ganar. ¿Educación gratuita? ¿Pase escolar los 365 días del año? Claro, si cobre sobra.

Hoy las universidades son un “logo”, no una institución social donde el saber se construye por sobre las finanzas, la economía, la administración y los negocios. El problema de la educación universitaria no se resuelve con dar más recursos; necesitamos, en verdad, modificar nuestra acción (Dubet) en relación al conocimiento y el saber. Necesitamos construir cohesión social desde el conocimiento que la universidad misma produce, pero –valga la paradoja- no como simple producto, más bien, como proceso. Pero, si los estudiantes –para bien o para mal- no respetan las instituciones, nada podrán conseguir en serio.

¿Qué las instituciones fueron hechas en Dictadura? Otra vez el tonto chivo expiatorio. Perfecto para Lavín.

En fin ¿Es Lavín un perdedor? Lavín siempre sale segundo, pero a veces la Católica gana el Campeonato.

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