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La temporada de circo se adelantó para quedarse

por 9 julio, 2011

El actual padrón electoral es ilegítimo desde el punto de vista democrático, pues un Presidente es elegido por un tercio de chilenos en capacidad de votar y, en su mayoría, adultos mayores, con notoria exclusión de los jóvenes. En el fondo, la paradoja es que nuestras autoridades sólo deberían tener soberanía en la “Fundación Las Rosas”.
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Al parecer la temporada de circo en el duopolio se adelantó para quedarse. Ahora los payasos se maquillan para poder esconder sus actos fallidos. El Presidente de la República firmó la semana pasada  la Reforma Constitucional que modifica el calendario de las elecciones presidenciales – primera y segunda vuelta – y las parlamentarias. Convengamos que es un desafío secundario. A continuación, el Presidente prometió, por enésima vez, enviar un proyecto de ley sobre inscripción automática, voto voluntario  y sufragio de los chilenos en el extranjero. Cualquier persona que conozca el trámite parlamentario y la iniciativa presidencial sabe que bastaría que Su Excelencia le pusiera a estos proyectos de ley discusión inmediata y/o suma urgencia para que fueran aprobados en menos de un mes. Pero las cachetadas de payaso siguen y se repiten, maquillan los anuncios para no enfrentar los cambios que Chile pide a gritos en las calles.

Como la memoria es frágil, se ha olvidado que en un solo día el parlamento resolvió, no hace muchos años, el problema legal que anulaba  el error de procedimiento de la Democracia Cristiana ante el servicio electoral impidiendo la inscripción de sus candidatos. No quiero ser mal pensado, ni suponer intenciones, pero veo poca voluntad, tanto en el Ejecutivo como en la Concertación parlamentaria, para aprobar estas leyes políticas.

El actual padrón electoral es ilegítimo desde el punto de vista democrático, pues un Presidente  es elegido por un tercio de chilenos en capacidad de votar y, en su mayoría, adultos mayores, con notoria exclusión de los jóvenes. En el fondo, la paradoja es que nuestras autoridades sólo deberían tener soberanía en la “Fundación Las Rosas”.

Cuando, por una parte, se manifiesta ante la prensa que se desean estas reformas por otra parte el duopolio, Concertación-Coalición, inventa tal cantidad de subterfugios, poniendo en peligro su aplicación para las elecciones municipales de 2012, uno al menos puede considerar que si ve lo que ve es normal que piense lo que piensa: nos están tomando el pelo una vez más!

¿Por qué no sinceramos este problema? La verdad es que al duopolio no le conviene que el universo electoral aumente de ocho a doce millones de ciudadanos. Las plutocracias siempre han temido al sufragio universal, porque lo consideraban una verdadera “revolución de las masas”. Con el tiempo, han logrado domesticar a quienes se supone propietarios del poder, por medio de leyes electorales y constituciones que desvirtúan la voluntad popular.

El actual padrón electoral es una parcela del duopolio donde senadores, diputados y alcaldes saben, perfectamente y de antemano, cómo votarán los electores de su distrito electoral. Mientras más alejada esté la casta política de la sociedad, más posibilidades tiene de conservarse en el poder – si al panorama anterior le agregamos el binominal, el cuadro de torcedura a la soberanía popular es perfecto.

Es la situación descrita en el párrafo anterior la que explica por qué, como los chistes de los payasos de antaño, el Ejecutivo y la Concertación nos contarán que quieren estas reformas pero, en el fondo, harán lo imposible para que tres millones de electores no puedan ser parte de una democracia más participativa.

En lo que corresponde al Partido Progresista, estaremos muy atentos para denunciar, como antidemocráticas las maniobras del duopolio que, en base al fraude, el maquillaje y el engaño, impiden el sufragio de más de tres millones quinientos mil electores, en su mayoría jóvenes. ¿Por qué no decirlo? El actual padrón electoral es ilegítimo desde el punto de vista democrático, pues un Presidente  es elegido por un tercio de chilenos en capacidad de votar y, en su mayoría, adultos mayores, con notoria exclusión de los jóvenes. En el fondo, la paradoja es que nuestras autoridades sólo deberían tener soberanía en la “Fundación Las Rosas”.

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