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La educación es la estrategia

por 11 julio, 2011

Quienes se encuentren fuera del sistema educativo o accedan a él con menores oportunidades, podrían estar desprovistos de esta cualidad de análisis que no les permitiría tener una visión del mundo comprensiva y ecuánime que redunde en una mejor calidad de vida individual y social, algo que está más allá de los límites de la riqueza y la pobreza.
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Michael Porter es, para el ámbito empresario chileno, una especie de “rockstar ochentero” que deleita a sus adictos con su obsesión competitiva. En su último viaje por Chile, lanzó una afirmación que dejó sorprendidos a sus adictos: Chile no tiene estrategia. Puede ser…

Lo que si está claro, es que este país ordenado, previsible, estable, jurídicamente seguro, necesita al menos una profunda conversación acerca de la misión país y de una decisión de posicionamiento para darle significado a Chile en el mundo.

Todas estas cuestiones nos reafirman que siempre se puso énfasis en la administración por sobre la estrategia, orden por sobre la ruptura lógica. Un gobierno que es más táctico que político, como si la política fuese una palabra despreciable cuando es la esencia para decidir el rumbo.

Pero en estos días hay otro componente determinante que se ha transformado en el verdadero eje de este juego interminable, que es el recurso estratégico con el que cuentan los países que buscan ser protagonistas: El recurso humano. Y con ello, la educación.

Quienes se encuentren fuera del sistema educativo o accedan a él con menores oportunidades,  podrían estar desprovistos  de esta cualidad de análisis que no les permitiría tener una visión del mundo comprensiva y ecuánime que redunde en una mejor calidad de vida individual y social, algo que está más allá de los límites de la riqueza y la pobreza.

Porque la búsqueda constante e incansable hacia el desarrollo deja de ser un discurso y pasa a ser concreta si un país cuenta con ciudadanos formal y masivamente educados. Así de simple.

La educación implica un conjunto de procedimientos que culminan cuando una persona adquiere un concepto y una forma de vida que es deseable de alguna manera por la comunidad en la que vive. Y que sirve a esa comunidad para proyectarla en el mundo.

Desde el punto de vista sociológico es imposible separar el concepto de educación del de sociedad porque un sistema educativo adecuado se asienta en las normas valores y costumbres propios de dicha sociedad.

Por tal motivo los procesos no pueden ser universales sino que deben desarrollarse en función de su contexto. No podemos separar la educación de la estrategia país, y no podemos permitirnos un sistema de valores que obstaculicen la educación para todos. La cultura país tiene parte esencial en el problema.

Entonces, el objetivo general de la educación será la iniciación de una persona en una forma de vida que se considera valiosa para sí misma y como recurso esencial para el desarrollo social.

Ahora bien, ¿cuales son los criterios que definen a una persona educada?

Debe ser quién no sólo se dedique a alguna actividad en particular sino que además sea capaz de realizarla por lo que es ella misma, a diferencia de cultivarla por algo a lo que podría llegar o por lo que le permitiría lograr.

No llamaríamos educada a una persona a menos que, en cierta medida, pueda deleitarse con esas actividades por sí mismas.

De otro modo podríamos decir que es un hombre adiestrado, entrenado, pero no educado.

La persona educada debe poseer también algún conjunto de conocimientos y algún esquema conceptual que eleve esos conocimientos por encima del nivel de una serie de datos inconexos.

La persona educada no debe ser un recolector de información sino que debe entender el porque de las cosas.

Por esto es fundamental como criterio de educación el poder establecer conexiones que le permitan a la persona captar una estructura coherente de la realidad descartando un enfoque puramente instrumental de las actividades humanas eliminando así el especialismo estrecho. Porque educación significa que la manera que un hombre tiene de ver y entender el mundo ha sido transformada por la comprensión de los conocimientos adquiridos.

Una persona educada no sólo ve el mundo como le dicen que es sino que posee herramientas para verlo con una mirada reflexiva y crítica. Y eso es crítico para un futuro de ciencia, innovación y tecnología.

Quienes se encuentren fuera del sistema educativo o accedan a él con menores oportunidades,  podrían estar desprovistos  de esta cualidad de análisis que no les permitiría tener una visión del mundo comprensiva y ecuánime que redunde en una mejor calidad de vida individual y social, algo que está más allá de los límites de la riqueza y la pobreza.

La educación más allá de ser una lucha justa y necesaria, debe ser un verdadero compromiso político, económico y social a nivel país, masivo y democrático. Será la cualidad necesaria para la estrategia. Y para que el desarrollo no sea una utopía.

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