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Archivar los archivos

por 23 julio, 2011

No queremos archivar nuestro pasado. Queremos conocerlo, tener la oportunidad de revisarlo y discutirlo. Necesitamos un espacio fresco que nos permita saber de nuestros errores para enmendarlos. Necesitamos de memoria que nos muestre el Chile en el que no querríamos volver a vivir y en el que también cabían personas que no enmudecían ante los abusos a los derechos humanos.
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"Mostrar a una izquierda víctima...Historias de buenos y malos...Una serie como Los Archivos del Cardenal que tiene por objetivo resucitar, reabrir heridas muy viejas que uno habría pensado que habían cicatrizado".
Comentarios que suenan a televisión rancia, en blanco y negro, con interferencias y de 14 pulgadas. Comentarios que pretenden tapar el sol y con ello la historia, con un dedo censurador, que prefieren decidir por otros que no haya colores y pantalla plana para los Archivos del Cardenal.

Se escuchan como reminiscencias ya olvidadas que traídas al Chile actual dejan un sabor amargo de pasado aparentemente superado.

Quisiéramos en cambio, escuchar al senador Larrain o a quienes lo acompañaron en sus dichos, opinando que no les gustó (que les dolió) ver sus tiempos de menos canas recreados con altura de miras y mesura. Que les dio vergüenza recordar o conocer el horror de unos años en los que en nuestro país ocurrieran hechos tan execrables. Nos gustaría oírlo aliviado porque existe la oportunidad de saber, de revisar con madurez democrática lo que nunca debió ocurrir y que jamás debe repetirse.
Quisiéramos oír el viernes a las nuevas generaciones que poco saben de nuestro pasado reciente y están ávidas de historia, de vivencias, de recuerdos no vividos, que se conmovieron por un Chile que no estarían dispuestos a vivir y compartir hoy.
Esos mismos que se manifiestan por más participación, por ser oídos, son los que deben conocer con detalles lo que ocurrió. Son los que se merecen conocer a los héroes anónimos y valientes que hicieron alguna diferencia.
Y por qué no, escuchar a los adultos y ancianos que desde la ignorancia o la indiferencia y la omisión hubieran preferido no ver recreados tiempos que querían dejar en el olvido, y que agradecen haber recordado y recobrado.
Es esta una apuesta formadora de TVN que parece leer mucho mejor las señales de la comunidad vociferante que quiere ser escuchada y atendida; que quiere saber, opinar y participar.
Un pueblo ávido de memoria, de relato, de mística y de vergüenza. Un pueblo que quiere conocer los por qué, los cómo y los cuándo para construir un nuevo mañana. Puede llegar tarde y habérnoslo merecido en los gobiernos de la Concertación. Pero llega hoy cuando la sociedad se ha vuelto más exigente a punta de insatisfacción, de omisión y de necesidad.

No queremos archivar nuestro pasado. Queremos conocerlo, tener la oportunidad de revisarlo y discutirlo. Necesitamos un espacio fresco que nos permita saber de nuestros errores para enmendarlos. Necesitamos de memoria que nos muestre el Chile en el que no querríamos volver a vivir y en el que también cabían personas que no enmudecían ante los abusos a los derechos humanos.
Escuchar las advertencias y censuras temerosas es tan mala remembranza como la verdad que mostrará probablemente la serie, aunque duela en el descuido y el olvido culposo de algunos.

Terminar de construir un Chile verdaderamente democrático supone capacidad de revisar el pasado con crítica y criterio. Terminar de construir un país en el orgullo del futuro requiere de memoria doliente por lo que a todos nos avergüenza.

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