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Las estrategias en pugna de la derecha

por 9 agosto, 2011

Comienza a ganar apoyo la idea de que es necesario dar por terminado el gobierno de Piñera y comenzar a jugarse por los potenciales candidatos que hoy aparecen con una mejor performance en las encuestas y en la valoración ciudadana. En los hechos para quienes comienzan a pensar en la viabilidad de esta estrategia el gobierno del presidente Piñera se habría acabado.
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El balance acerca de la aprobación del gobierno y especialmente del presidente de cara a los resultados de la última encuesta del Centro de Estudios Públicos (CEP) requiere de una segunda lectura que coloque en el centro de la discusión la idea del derrumbe que parece haberse instalado y de cómo la derecha en busca salir del atolladero.

Para hacer frente a esta percepción de la elite –la opositora y la oficialista– pero que ahora rebasa a la ciudadanía  –si le damos crédito a la evidencia empírica de los estudios de opinión– La Moneda busca enfrentarla a través de una estrategia que descansa sobre dos ejes: primero que el problema del deterioro es colectivo –por lo tanto no solo responsabilidad del gobierno sino del conjunto de los actores políticos e institucionales- y segundo, que se precisa de una nueva agenda para enfrentar la crisis que se enfoque en el combate de las desigualdades y los abusos.

Comienza a ganar apoyo la idea de que es necesario dar por terminado el gobierno de Piñera y comenzar a jugarse por los potenciales candidatos que hoy aparecen con una mejor performance en las encuestas y en la valoración ciudadana. En los hechos para quienes comienzan a pensar en la viabilidad de esta estrategia el gobierno del presidente Piñera se habría acabado.

En relación con lo primero, resulta evidente que La Moneda se equivoca al trasladar la responsabilidad sobre los problemas públicos y las respuestas a las demandas en clave de políticas a otros actores. Al intentar explicar los exiguos resultados para el gobierno el vocero de gobierno señaló que “son todos los que han bajado: el gobierno, pero también bajan las coaliciones, los parlamentarios, la oposición". Consolarse con el deterioro colectivo no parece ser el camino. El gobierno enfrenta problemas serios de gestión. Es cierto que la oposición no ha capitalizado en las encuestas dichos errores, pero tampoco la Alianza mientras fue oposición lo hizo. Seamos claros, a quien le corresponde gobernar no es a la oposición sino a la Alianza instalada en La Moneda. Los gobiernos son evaluados en función de su capacidad para enfrentar y procesar  problemas. Es aquí precisamente donde el gobierno hasta ahora ha fracasado.

En relación con el segundo eje -la agenda gubernamental propuesta por La Moneda para enfrentar la crisis-, el gran problema es que muchas de las propuestas  que intenta promover carecen de consenso y legitimidad al interior del oficialismo y de los sectores afines al gobierno. No solo es la reforma tributaria, sino que también como lo expresa el factótum de la derecha, Hernán Büchi, “gobernar con las banderas de otros” en el sentido de apostar por políticas ajenas al ideario de la derecha o que signifiquen una alteración de las reglas del juego impuestas por el mercado.

Lo que está a la base de las dudas de los sectores conservadores y de los fácticos instalados en el gobierno en relación con esta estrategia es el temor a las medidas populistas gatilladas por las demandas de los actores movilizados y a la alta sensibilidad del primer mandatario frente la impopularidad de su gestión.

Aquí la dificultad no está del lado de la oposición –todavía perdida en sus propias dificultades– sino que de su propio sector, refractario a una agenda de este tipo en la que no creen por qué no forma parte de su ADN.

Frente a este escenario pareciera empezar a delinearse una estrategia paralela tejida en los circuitos extrainstitucionales del poder, tan caros para la derecha chilena.

Esta estrategia paralela busca por una parte, promover medidas tendientes a fidelizar al electorado de la Alianza. El senador Carlos Larraín hace tiempo que viene planteado la necesidad de gobernar para su sector. Para el también presidente de RN “el gobierno tiene que fidelizar a su base natural”.

Por la otra –y en una demostración del pragmatismo característico del sector– de cara al ciclo electoral que se abre en 12 meses, comienza a ganar apoyo la idea de que es necesario dar por terminado el gobierno de Piñera y comenzar a jugarse por los potenciales candidatos que hoy aparecen con una mejor performance en las encuestas y en la valoración ciudadana. En los hechos para quienes comienzan a pensar en la viabilidad de esta estrategia el gobierno del presidente Piñera se habría acabado.

Habrá que esperar entonces a los próximos meses para ver cuál de estas dos estrategias será la que se impondrá ya que ambas resultan incompatibles.

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