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Alicia Ramírez, ¡Presente!

por 18 agosto, 2011

Las generaciones nuevas son nuestro más preciado capital, la totalidad con lo que contamos, la fuente de todo poder y decisión, poder que supone siempre responsabilidad y frente a lo cual las ideologías suelen pecar de irresponsables.
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Santiago, 2 de abril de 1957. Alicia Ramírez, alumna de la Escuela de Enfermería de la Universidad de Chile,  murió esta noche de un balazo a la entrada del Teatro Miraflores, mientras participaba en la marcha contra las alzas de precios organizada por estudiantes universitarios y de enseñanza secundaria. Los disturbios se desataron días antes en Valparaíso, organizados por la CUT y el Partido Comunista, donde falleció un obrero, en tanto la represión en la capital elevó oficialmente el número de muertos a 21, aunque  se estima que son muchos más.

La muerte de la estudiante aumentó la tensión. Como alumno de  la Universidad de Concepción,  tampoco me resté a las protestas. No teníamos idea quién era Alicia Ramírez pero bastaba que alguien gritara su nombre para que el eco repitiese al unísono ¡Presente!  El gobierno de Ibáñez ordenó que los militares salieran a las calles y en una de las galerías comerciales de la pencópolis vi como eran emboscados algunos compañeros  sometiéndolos a castigos que les dejaron secuelas durante el resto de sus carreras.

Las generaciones nuevas son  nuestro más preciado capital, la totalidad con lo que contamos, la fuente de todo poder y decisión, poder que supone siempre responsabilidad y frente a lo cual las ideologías suelen pecar de irresponsables.

Durante el XXIV Pleno del PC, un mes más tarde, Luis Corvalán analizó lo acontecido: “Nos faltó mejor orientación y más audacia. La desvinculación de las masas es lo que, esencialmente, explica estas fallas”.   Pasado medio siglo de lo que llegó a llamarse la “Batalla de Santiago”,  surge la reflexión. Nadie, en su sano juicio, quiere que surjan nuevas “Alicias Ramírez”.  Las generaciones nuevas son  nuestro más preciado capital, la totalidad con lo que contamos, la fuente de todo poder y decisión, poder que supone siempre responsabilidad y frente a lo cual las ideologías suelen pecar de irresponsables. No solo orientan el comportamiento sino, además, lo engendran, promueven y fijan actitudes, motivan e impulsan. Y si no toda ideología es fanática, todo fanatismo tiene un asiento ideológico: es un efecto degenerativo de la ideología en la actitud del ser humano frente  a  la sociedad.

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