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Si los vientos soplan ¿yo también?

por 18 agosto, 2011

Si los vientos soplan ¿yo también?
Esta es la tentación que persigue a muchos políticos de nuestro país y que ha quedado de manifiesto en forma muy clara en el último tiempo. Subirse a todas las olas y ser arrastrado por todos los vientos que sacuden la discusión política, sin meditar ni siquiera por un momento, en lo bueno o malo de los “humores” de la opinión pública.
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Joseph Fitzpatrick Fitzgerald Fitzhenry, más conocido como “El Alcalde Diamante”, en la serie “Los Simpson”, es la primera autoridad de “Springfield” y constituye una de las caricaturas más patéticas que se ha hecho de un político en televisión.

Así, nuestro buen “Alcalde Diamante” en el capítulo 108 de la serie televisiva, enfrenta una protesta ciudadana para liberar a los delincuentes más peligrosos de Springfield (movilización organizada por los mismos delincuentes), y ¿cuál es la respuesta de nuestro hombre de Estado de Springfield?

Mirando las manifestaciones por la ventana de su oficina, nuestro valiente hombre público lanza una frase inmortal: “Si así soplan los vientos, que nadie diga que no soplo también”, y procede a indultar a los delincuentes, quienes terminan sembrando el caos y la destrucción en la tranquila Springfield.

Esta es la tentación que persigue a muchos políticos de nuestro país y que ha quedado de manifiesto en forma muy clara en el último tiempo. Subirse a todas las olas y ser arrastrado por todos los vientos que sacuden la discusión política, sin meditar ni siquiera por un momento, en lo bueno o malo de los “humores” de la opinión pública.

¿Qué hacer al respecto? Como diputado de la UDI, (algunos de mis compañeros de partido también caen en la tentación) considero bueno recordar algunas ideas del fundador de la UDI, Jaime Guzmán, quien diera testimonio con su propia vida de la importancia de ser serios en política y no caer en los populismos que tan mal le hacen a la democracia.

Podemos ver incluso a parlamentarios apoyando la idea de “plebiscitos”, desconociendo con ello su propio rol como protagonistas de la democracia y, de paso, negando toda legitimidad del Congreso democráticamente electo por todos los chilenos para tratar de estos temas.

Señalaba el asesinado senador Guzmán que “hay dos grandes modos de abordar la acción pública. Una, la predilecta para la inmensa mayoría, busca halagar a la masa, identificándose con las consignas dominantes y cediendo demagógicamente a sus pasiones y caprichos. La otra, mucho más difícil, intenta guiar al pueblo, librando con valentía moral y de cara ante él, un combate rectificador frente a las consignas falsas, vacías o torcidas”.

Cuando se quiere ser “políticamente correcto” no importa lo bueno o malo de las medidas o ideas, lo importante es que éstas sean populares, y así parecer “cercano” a la gente.

A esta clase de políticos los describe el mismo Jaime Guzmán como aquellos: “políticos que son prisioneros de su imagen. Vasallos de las encuestas de opinión pública, éstas constituyen su norte orientador; su contenido, lo que el pueblo prefiere y, por consiguiente, lo que ellos deben hacer para agradarle y obtener su preferencia”.

A estos ilustres “hombres de Estado”, los podemos ver en nuestros días apoyando un “Acuerdo de Vida en Pareja” (que ni siquiera han leído y menos estudiado), o respaldando a todo pulmón el famoso “fin del lucro” (con una irresponsabilidad que raya en lo increíble) o proponiendo “plebiscitos” para solucionar la actual crisis educacional, como si la actual institucionalidad democrática del país (de la cual ellos mismos forman parte) no bastara.

Este último punto es especialmente sorprendente, desde el momento en que podemos ver incluso a parlamentarios apoyando la idea de “plebiscitos”, desconociendo con ello su propio rol como protagonistas de la democracia y, de paso, negando toda legitimidad del Congreso democráticamente electo por todos los chilenos para tratar de estos temas.

A este comportamiento es necesario reiterar que se suman políticos de casi todos los partidos y colores, lo cual demuestra el lamentable estado en que se encuentran nuestras convicciones democráticas.

Ante este panorama, es bueno recordar nuevamente algunas palabras de Jaime Guzmán, quien señalaba: “Sigo siendo un convencido de que en política hay que tener siempre el coraje de desplegar las propias banderas sin temor a una eventual derrota ni autocomplejo frente a las contrariedades de ir contra la corriente”.

Continúa Guzmán señalando que esta actitud responsable y consecuente en política: “no supone desatenderse de las aspiraciones populares, pero se autoimpone el deber de cotejarlas con un análisis serio de su conveniencia para el país y de las posibilidades que la realidad ofrece. No teme rechazar lo que no se avenga con ello, porque no se bate ante una posible derrota”.

Cuando podemos ver en las noticias, en pocos días ya se han colocado dos bombas en el memorial del asesinado senador Jaime Guzmán, sin duda que su testimonio nuevamente  nos debe llevar a reflexionar sobre la forma de entender la política.

Ante la turbulencia del ambiente político actual, resulta más necesario que nunca un poco de seriedad y responsabilidad de nuestros políticos y no caer en “pánico” ante las primeras “pifias” de la galería.

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