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UDI: ¿Cónsules o Coroneles?

por 22 agosto, 2011

Sólo si la ciudad se vuelve democrática y el mercado se vuelve libre, los Coroneles podrán graduarse de Cónsules y fundar la República como los romanos fundaban la suya. Para esto, deben exhibir el suficiente pragmatismo y no levantar dogmas en torno al legado jurídico de su fundador. He ahí el desafío: aventurarse a construir la política de este siglo.
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Roma extendió su poderío otorgando los beneficios de la ciudadanía a los pueblos conquistados. La UDI al llegar el gobierno, de alguna manera está haciendo lo mismo: extender los beneficios de sus creencias e ideología.

Cuando la empresa era importante, los romanos enviaban hasta dos cónsules para asegurar el éxito, así, los Coroneles gremialistas Andrés Chadwick y Pablo Longueira son quienes concretaron esta avanzada por su partido. Pero esto es solo una toma de posición; deben convertirla en una empresa de conquista.

Los Coroneles deben transformarse en Cónsules y para esto, necesitan construir un enemigo que no es otro que el “estado de cosas” al cual se enfrentan hoy en día. Esta lectura de la actualidad debe de esa manera abandonar las exégesis sociológicas dominantes en nuestra cultura nacional y pasar a una lectura política en el sentido más clásico.

Es evidente que la jerarquía de la UDI entiende la política como acción para influir en la realidad y así desembarazarse de un “estado de cosas” que no corresponde a lo que con tanta determinación, por años, han propugnado, es decir, que la República tiene bases en la libertad, en presupuestos y reglas del juego básicos de igualdad. Chadwick y Longueira saben que esto no se cumple hoy, fundamentalmente, porque no existe libre mercado y supuestos de transparencia, competencia e información, porque no existe la representatividad de cuerpos intermedios de la sociedad, porque no se da el principio de subsidiaridad en su total extensión, porque no existe un rechazo cultural a los totalitarismos y porque existen ventajas injustas para pocos.

Sólo si la ciudad se vuelve democrática y el mercado se vuelve libre, los Coroneles podrán graduarse de Cónsules y fundar la República como los romanos fundaban la suya. Para esto, deben exhibir el suficiente pragmatismo y no levantar dogmas en torno al legado jurídico de su fundador. He ahí el desafío: aventurarse a construir la política de este siglo.

Es por esto que es necesario que la acción de los Coroneles tenga una lógica ordenadora: una acción fundacional de una República impulsada por su programa y no por la realidad construida por otros. Para esto, tiene la UDI en los dos Coroneles de avanzada los mejores políticos con capacidad de convertirse en Cónsules, pero su tarea debe ser revolucionaria en el sentido político y no reaccionaria: no deben comprarse como logros propios una realidad que desmiente sus principios.

Los Coroneles deben irrumpir con espíritu crítico la realidad a la luz del diagnóstico del “enemigo” y para eso deben releer la realidad pero al modo político, como un devenir histórico que mañosamente ha perdido su rumbo en manos ajenas. La defensa de una realidad que nunca ha correspondido a sus principios, no tiene ningún sentido y deben terminar con la idea de que lo hecho por los gobiernos de la Concertación en sus “20 años” corresponde a lo impuesto por la derecha en materia social y económica dentro de una lógica de consenso.

Por último y a diferencia de lo que sabios analistas han dicho, la UDI tiene en la figura del Presidente Piñera el mejor agente para llevar a cabo su tarea, e independiente de que un nihilista puede ser un pragmático, es precisamente la cabeza del ejecutivo el cause natural de la fundación de esta República. El paso natural de un partido político cuya génesis se gesta en una escuela de Derecho, es encontrar al gestor, y no puede pretender dotar a estas alturas de convicciones a una figura política a la que debe restituírsele en su función de responsabilidad. Para convicciones, la UDI.

Y la tarea que resta es nada menos que sus ideales ordenen la realidad, porque ésta ha sido mañosamente torcida por manos ajenas. Sólo si la ciudad se vuelve democrática y el mercado se vuelve libre, los Coroneles podrán graduarse de Cónsules y fundar la República como los romanos fundaban la suya. Para esto, deben exhibir el suficiente pragmatismo y no levantar dogmas en torno al legado jurídico de su fundador. He ahí el desafío: aventurarse a construir la política de este siglo.

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