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Revisionismo, demanda social y propuesta: el turno de la ciudad

por 6 septiembre, 2011

Pese al filtro mediático con el que recibimos la manifestación pública de las quejas, su orden e instalación progresiva van aclarando los temas de fondo y el apoyo transversal (ciudadano más que político) para realizar los ajustes: primero la discusión energética aún en definición; luego el masivo reclamo por una educación que privilegie calidad por sobre cobertura y lucro con fondos públicos; y próximamente los servicios de pensión y salud.
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Hace un tiempo habíamos iniciado debates sobre la problemática del lucro desde la mirada urbana, en algunas de  las variadas actividades regulables por la Autoridad que de una u otra forma deben garantizar el bien común a través del cumplimiento de derechos constitucionales. Tarde o temprano, en una sumatoria de reclamos confluyentes, la aislada clase política ha sido sorprendida por una ciudadanía que ha despertado para exigir lo que desde hace décadas se les promete una y otra vez.

Pese al filtro mediático con el que recibimos la manifestación pública de las quejas, su orden e instalación progresiva van aclarando los temas de fondo y el apoyo transversal (ciudadano más que político) para realizar los ajustes: primero la discusión energética aún en definición; luego el masivo reclamo por una educación que privilegie calidad por sobre cobertura y lucro con fondos públicos; y próximamente los servicios de pensión y salud. Vemos así como se suman y suman críticas contra el modelo establecido y sus administradores de turno, supuestamente regulado por un mercado ya cuestionable e ineficaz y donde la ciudad, soporte de la interacción social, viene lenta e inevitablemente a sumarse.

¿Como aparecerá y que oportunidades tendremos para reclamar y ser a la vez constructores de una mejor ciudad?

Para comprender un posible ritmo social conviene mirar el pasado, donde los conflictos sociales coinciden en hacer colisionar a dirigentes y dirigidos, pero con matices distintos al actual. A diferencia de esos otros sucesos de nuestra historia republicana, donde estuvo en cuestión la propiedad privada (Gobierno de la UP, 1970), la iniciativa presidencial contra el parlamento (Guerra Civil de 1891), la condición racial de la Frontera (Pacificación de la Araucanía, 1880) o la autonomía regional (Guerra Civil de 1859), aunque sea increíble, hoy se lucha por el cumplimiento de promesas electorales que implican, simplemente y más allá de otros ajustes necesarios, hacer cumplir  la Ley y los derechos que se declaran por escrito en nuestra Constitución.

Pese al filtro mediático con el que recibimos la manifestación pública de las quejas, su orden e instalación progresiva van aclarando los temas de fondo y el apoyo transversal (ciudadano más que político) para realizar los ajustes: primero la discusión energética aún en definición; luego el masivo reclamo por una educación que privilegie calidad por sobre cobertura y lucro con fondos públicos; y próximamente los servicios de pensión y salud.

Consideraremos así, cada una de estas manifestaciones como el inicio de un trazo mayor que se irá incrementando en directa proporción a la tardanza de la autoridad por cumplir en eficiencia, con tal de superar progresiva pero decididamente las desigualdades que han sido capaces de provocar la sorprendente e incómoda convivencia entre ciudadanos de Noruega con los de Costa de Marfil en un reducido y necesariamente segregado territorio. Se agrega a esto nuestro aún novedoso ingreso a la OCDE, incorporación que para la Autoridad ha pasado de ser una especie de logro económico a convertirse en fuente de incomodidad tras develar crudamente nuestras brechas y excesos, transformándose en una guía potencial de ajustes y tendencias al desarrollo más allá de las macrocifras.

Entendiendo la manera y  orden en que se están dando las demandas prioritarias, acotaremos sobre la manera en que la ciudad y la calidad de vida urbana aparecen y aparecerán en el debate, considerando los capítulos en que pueden agruparse: el derecho a la movilidad, la participación ciudadana y la representatividad en las decisiones, como primeros puntos claves; la contaminación del aire y las aguas, la privatización del espacio público y la expansión urbana condicionable, en una segunda línea de consecuencias para una discusión más específica.

1. Movilidad: Protestas por alzas y mala calidad del servicio del Sistema Transantiago.

2. Participación Ciudadana: Protestas por PRC Peñalolén y Ley de Antenas (retroactiva).

3. Representatividad de la Autoridad: Elección de autoridades y coordinaciones transversales, oposición generalizada a proyectos socioambientales: centrales energéticas o ampliaciones del límite urbano.

4. Privatización de Espacios Públicos: Plebiscito Vitacura, Plebiscito Los Dominicos v/s Intervenciones en Parque Araucano, cerramiento de pasajes públicos.

5. Contaminación: Regulación de fuentes fijas, manejo de residuos y tratamiento de aguas.

6. Crecimiento de la ciudad y mitigaciones para el desarrollo urbano condicionado.

Con la necesidad de avanzar en diagnósticos y como ha sido el afán de estas columnas por poner a la ciudad en la agenda, pretendemos extender la invitación para que medios masivos como El Mostrador o especializados como Plataforma Urbana, sigan configurándose como uno de los canales donde se registre y produzca el aporte ciudadano, de la Academia y los actores públicos y privados disponibles para un diálogo relativamente abierto en cada una de las materias. En definitiva, reclamos para elevar la calidad de vida urbana y avanzar hacia la equidad en la ciudad, lo que probablemente requerirá además de reformas en el ámbito electoral o tributario, para lograr el estado -y Estado- de bienestar que debiera merecer como respuesta a nuestro aporte individual y esfuerzo colectivo.

Para terminar y mientras concluía la redacción de esta columna, hemos conocido la desaparición de ciudadanos activos y partícipes de la mejora de nuestra realidad construida. Liderazgos transversales y representando la diversidad de miradas de todo un país, la pérdida de quienes deciden modificar su entorno desde el mundo publico o privado, civil o militar, izquierdas o derechas se torna ejemplo de una decisión conjunta hacia un mismo objetivo común. Esto debe colaborar no sólo en redefinir nuestras prioridades más íntimas, sino en dar valor a las construcciones por sobre las destrucciones, probablemente el camino mas efectivo de hacer un homenaje y el trayecto más corto para lograr en cada uno de nosotros el requerido y a veces olvidado aporte individual al proyecto común, de ese mejor lugar para vivir, en consecuencia, de un país mejor.

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