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El exitoso modelo chileno

por 8 septiembre, 2011

Los últimos 30 años de exitoso desarrollo institucional y económico de nuestro país han generado esas esperanzas, de manera que los conflictos sociales actuales son síntoma de que avanzamos, que el modelo es exitoso y que está abierto a nuevos conflictos y avances y por ende, no reflejan en nada estados terminales de desarrollo o del supuesto fin de un modelo.
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En un país que supuestamente funciona, que es un ejemplo para el resto del mundo, que tiene un destacado crecimiento económico e importantes resultados en la superación de la pobreza, resulta para muchos inexplicable el descontento que hemos visto reflejados en las marchas estudiantiles de los últimos meses.

Rápidamente varios señalan que es culpa del “modelo”, ese modelo neoliberal que -según algunos- “lo mercantiliza todo” y que “lo único que ha logrado” es aumentar las desigualdades de ingresos en nuestro país.

Por eso, arremeten contra el “lucro”, contra la iniciativa privada en la educación y luego lo harán en todas otras aquellas áreas en donde los privados tengan alguna participación relevante, reclamando por los fueros perdidos del Estado.

Los mismos que atacan el “modelo” las emprenden también con el discurso de la “anti política”, con argumentos que restan legitimidad a nuestro actual sistema democrático y llaman con fuerza a ejercer las herramientas de la llamada democracia directa (como los plebiscitos).

Los últimos 30 años de exitoso desarrollo institucional y económico de nuestro país han generado esas esperanzas, de manera que los conflictos sociales actuales son síntoma de que avanzamos, que el modelo es exitoso y que está abierto a nuevos conflictos y avances y por ende, no reflejan en nada estados terminales de desarrollo o del supuesto fin de un modelo.

En resumen, cuestionamientos a la iniciativa privada, reclamos de más Estado en la vida pública y privada de las personas y críticas a la democracia representativa.

¿Cómo podríamos describir esta situación? Como un intento de suicidio colectivo. Más que solucionar los problemas sociales (que son reales), se intenta “matar” el sistema como si todo lo que se ha alcanzado en Chile en los últimos 30 años fuera nefasto y el origen de todos los males del universo.

Se tiene miedo a la libertad, se reduce su significado a una mera ausencia de coacción y no se la ve como lo más destacado que tiene, esto es, como la capacidad de hacer realidad todas las oportunidades que ofrece una sociedad libre.

El sistema chileno de los últimos 30 años nunca había generado, en la historia de nuestro país, tantas oportunidades para tantos chilenos. Hace 30 años, los jóvenes que podían ingresar a la universidad no superaban los 200 mil. Hoy, son más de 1 millón 300 mil, es decir, se han multiplicado por 6 los jóvenes con más oportunidades de estudios superiores que hace 30 años (y demás esta decir que la población no ha aumentado por 6 en nuestro país en el mismo período).

Cabe preguntarnos si este aumento de las oportunidades fue gracias al Estado. Esta revolución social que implica que 7 de cada 10 jóvenes en la educación superior sean la primera generación de sus familias en llegar a la universidad, ¿se consiguió gracias a plebiscitos? ¿Se consiguió con una educación escolar 100% estatal, sin el aporte de privados?

El progreso de una sociedad no sólo se mide por el Coeficiente de Gini, sino también  por la cantidad y extensión de las “oportunidades” que ésta entrega a sus miembros.

Lo anterior, no significa que no existan muchos desafíos y situaciones injustas para muchos chilenos que resulta urgente abordar, sino que implica que nunca antes en la historia de nuestro país, tantos chilenos habían sido capaces de tener tantas posibilidades de elección efectivas.

El filósofo Ralf Dahrendorf señala que “el primer paso hacia la modernidad es siempre un paso hacia una nueva miseria”, pues siempre nuevas desigualdades acompañan a las nuevas oportunidades que se conquistan y, por tanto, siempre se generan nuevos problemas sociales a los cuales se les debe buscar remedio.

En Chile, hace 30 años, la lucha social decía relación con la desnutrición infantil, con las tomas masivas de terrenos por parte de los sin casa, por derechos laborales mínimos, etc. Hoy, la lucha social se da por el stress económico de las familias para lograr que sus hijos tengan un título universitario.

El conflicto social sólo comienza cuando existe un rayo de esperanza y ésta existe porque hay oportunidades que se ven, que se palpan, que están al alcance de muchos.

Los últimos 30 años de exitoso desarrollo institucional y económico de nuestro país han generado esas esperanzas, de manera que los conflictos sociales actuales son síntoma de que avanzamos, que el modelo es exitoso y que está abierto a nuevos conflictos y avances y por ende, no reflejan en nada estados terminales de desarrollo o del supuesto fin de un modelo.

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