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Valdés: el resplandor de la madera

por 8 septiembre, 2011

Valdés: el resplandor de la madera
Dicen que la madera resplandece con el fuego. En este caso, arde sólida con las convicciones políticas de Gabriel Valdés Subercaseux, actor importante de la historia política del país durante cinco décadas.
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En política no existen los animales puros. El liderazgo, cuando es tal,  siempre se da desgarrado entre la subjetividad valórica, el pragmatismo, la visión utópica de la realidad y el papel que se auto asigna el líder, como el destino natural de sus esfuerzos. La política es un oficio rudo y hasta los caballeros deben luchar en ella por el poder. La intensidad de la lucha, cooperación o competencia, marca la trayectoria del líder y define su perfil.

Gabriel Valdés Subercaseux fue un actor fundamental de la política nacional. El triunfo de los escenarios democráticos frente a la dictadura fue, en gran medida, un acto al que contribuyó de manera decisiva.  Si no llegó a la presidencia de la república fue simplemente porque el poder opositor a la dictadura se alineó en una dirección más pragmática, que abogaba por una gestión concertada y estricta del orden político en la transición. Gabriel Valdés era más bien un político renacentista, con una fuerte impronta cultural y de elite por la libertad, mientras que lo que prevaleció fue una  ingeniería de lo posible con Edgardo Boeninger en el diseño y Patricio Aylwin en la conducción.

Pero más allá del escenario de la transición, donde jugó un rol destacado por todos, vale la pena recordar su aporte político a la diplomacia económica de los años sesenta del siglo pasado.

Siendo Canciller de Eduardo Frei Montalva le tocó impulsar fuertemente la idea de una concertación latinoamericana para hacer frente común ante los desequilibrios y desajustes del sistema económico internacional, producto del trato desigual de que eran objeto especialmente por parte de los Estados Unidos.

Los esfuerzos cuajaron  el año 1969 en una reunión de cancilleres en Viña del Mar, donde se creó el CECLA, de fuertes repercusiones en la política exterior de la región, en la época. Y Gabriel Valdés fue designado vocero por los demás países,  para poner en conocimiento del gobierno norteamericano los acuerdos.

Gabriel Valdés era más bien un político renacentista, con una fuerte impronta cultural y de elite por la libertad, mientras que lo que prevaleció fue una  ingeniería de lo posible con Edgardo Boeninger en el diseño y Patricio Aylwin en la conducción.

En la entrevista que con este motivo sostuvo con Richard Nixon entonces Presidente de Estados Unidos y su Secretario de Estado, Henry Kissinger, Gabriel Valdés recibió un mensaje de pragmatismo casi ofensivo: “Donde se inclina Brasil se inclina América Latina”, le habría dicho Kissinger, y de Chile solo interesa la Antártida”.

Sin embargo, la fuerte postura impulsada por el gobierno chileno, y en particular por  Gabriel Valdés, siguió un curso favorable. Incluso a contramano tanto de la derecha pro estadounidense, como de las izquierdas que miraban con más simpatía los planteamientos de la revolución cubana.

En el Consenso de Viña del Mar los gobiernos de América Latina por primera vez acuerdan transmitir a los Estados Unidos, mediante una sola voz, sus principales aspiraciones en materia de comercio exterior, transporte, financiamiento, inversiones, tecnología, cooperación y desarrollo social. Así nace la Comisión Especial de Coordinación Latinoamericana (CECLA), que luego devendrá en el Sistema Económico Latinoamericano (SELA), instrumento permanente de consulta y coordinación de los países, para adoptar posiciones y formular estrategias frente a terceros.

Un aspecto nunca debatido a cabalidad en la izquierda chilena es la mirada más bien instrumental que tuvo el Presidente Allende y la Unidad Popular frente al Consenso de Viña del Mar y la consolidación de sus organismos, entre ellos el SELA (Sistema Económico Latinoamericano), o los procesos integracionistas que, como el Pacto Andino, fueron tributarios directos del CECLA. Hubo ahí una baja valoración, que en cierta medida dura hasta nuestros días, de la importancia del hecho y del papel que le cupo en ello a Gabriel Valdés.

Antes de morir, en una extensa entrevista a un medio a propósito de sus memorias él declaró: “Me da pena que haya una dispersión de América Latina, que haya una introducción de factores personales, semi dictadores que hablan de socialismo y no se dan cuenta de que lo que importa es la libertad... Está atrasada la integración; yo trabajé mucho por la integración americana. Con Perú tenemos dificultades, con Argentina tenemos poca relación. No estoy contento por una visión de futuro. Creo que en Chile se están dando líderes nuevos y espero que la democracia se robustezca, pero yo sigo siendo partidario de la libertad política. Creo que primero están los ideales y después la cultura; la participación y la economía son sólo instrumentos”.

Dicen que la madera resplandece con el fuego. En este caso, arde sólida con las convicciones políticas de Gabriel Valdés Subercaseux, actor importante de la historia política del país durante cinco décadas.

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