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Glorias, renuncios y desfallecimientos nacionales

por 20 septiembre, 2011

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Cuando fue designado monseñor Ezzati como Arzobispo de Santiago, yo advertí que lo mantendría estrechamente vigilado. Y así lo he hecho. No obstante, hasta ahora yo había observado pacientemente todos sus esfuerzos de "corrección política" sin chistar. Pero hoy no puedo menos que hacerlo al enterarme de su homilía, una vez más tan equilibrada, con tanto "si bien es cierto que, no es menos cierto que", con tan variadas referencias a la actualidad y, sin embasrgo, sin ni una sola mención al hecho más escandaloso de nuestros días, que es la "toma" violenta y masiva de establecimientos educacionales, por la fuerza, contra toda ley y con violación de los derechos de decenas de miles de personas impedidas de hacer clases y de estudiar, todo lo cual está conduciendo, según se informa hoy, a la pérdida de su año escolar por 70 mil alumnos.

¿Cómo es que monseñor Ezzati, en su abarcadora mirada sobre la realidad nacional, no tiene siquiera una palabra para eso? Naturalmente, no voy a tener el mal gusto de abundar sobre el contraste entre sus críticas a la desigualdad ("brecha escandalosa") y el Evangelio del mismo día, "los últimos serán los primeros", en que se ponía el énfasis en la importancia de que prevalezcan la libertad y el valor del compromiso entre personas libres y el respeto a la propiedad, por sobre la igualdad. Me remito, a este efecto, a mi blog de ayer.

En fin, a monseñor puede escapársele que hay una revolución violenta en curso, encabezada por los comunistas (aunque a ratos hasta a ellos se les puede ir de las manos) pero a muchos otros no. El gobierno contra el cual se lleva a efecto de manera tan impune esa asonada, si bien carece por completo de autoridad, pues está encabezado por un personaje que se limita a sonreír y a decirle a todo el mundo que sí, y por eso se "toman" todo y hasta, por varias horas, el despacho a un ministro, sin que pase nada, tiene, sin embargo, un respaldo "fáctico" más que suficiente, como quedará en evidencia esta tarde en la Parada Militar en homenaje a las Glorias del Ejército.

Pero en ese tributo marcial nadie recordará, por supuesto, a los camaradas de los homenajeados que están "caídos tras las líneas enemigas".

Otros ejércitos gloriosos no ahorran ningún sacrificio para ir al rescate de sus caídos tras las líneas enemigas. El de acá no: los abandona. Acá los jueces de izquierda se han dado un festín con esos caídos, han hecho lo que han querido con las leyes, con tal de mantener presos a militares. Éstos son genuinamente "presos políticos", porque jurídicamente no podrían estarlo y su confinamiento obedece exclusivamente a razones políticas, que impone la mayoría izquierdista de jueces, aprovechándose de la complicidad de cuatro anteriores gobiernos de la Concertación y de la debilidad del actual quinto.

Es tanta dicha debilidad que uno de sus jefes de servicio, un ex mirista desembozado, el doctor Patricio Bustos, director del Servicio Médico Legal, se permite, en "Las Últimas Noticias" de ayer, calificar de "torturadores" a distinguidos oficiales de Ejército, caídos tras las líneas enemigas, en particular (nombrándolo) al brigadier (r) Miguel Krassnoff, cuya honorabilidad y hombría de bien es generalizadamente reconocida y que jamás torturó a nadie, pero con el cual se han ensañado los más caracterizados jueces de izquierda afines al mismo MIR, pues Krassnoff descubrió, enfrentó y dio muerte al caudillo de dicha asociación ilícita terrorista, Miguel Enríquez.

Recuerdo que en el calor de una discusión con un miembro de una organización de fachada de la izquierda, la Comisión contra la Tortura (Valech), yo le expresé que Miguel Krassnoff jamás había torturado a nadie, ante lo cual él me replicó, vehementemente, que más de mil personas habían declarado a la Comisión haber sido torturadas por él. Yo publiqué esa afirmación suya en la columna que entonces tenía en un matutino, ante lo cual el miembro de la Comisión se me acercó y me preguntó quién me había expresado eso. Yo le dije que él mismo. Entonces lo negó tajantemente. Al parecer, no había tales "miles de personas".

El Director del Instituto Médico Legal está tranquilo, porque puede hacer las afirmaciones injuriosas y calumniosas que quiera contra los militares "caídos tras las líneas enemigas" y nadie se preocupará de defenderlos ni de castigar sus imputaciones, pues él, dice, ha sido ratificado por los dos últimos ministros de Justicia del actual "V Gobierno de la Concertación".

¡Qué distinta vara para medir a un ex miembro del MIR, grupo que asesinara a distinguidos oficiales de Ejército (Carevic, Vergara, Urzúa), que para medir al general (r) Orlando Carter, que fuera recientemente cesado en su condición de asesor del Ministerio de Defensa sólo por su parentesco con un militar procesado por supuestas violaciones a los derechos humanos!

Esa es la penosa, pero real, condición nacional.

Entonces, celebremos las Glorias, pero que haya siquiera una reflexión para los renuncios, desfallecimientos, injusticias, debilidades y deslealtades de esa institución, en particular, y de las demás, en general, por olvidar todo en aras de ese nuevo vellocino al cual se le rinde ilimitada pleitesía y que es el constituido por la venerada "corrección política".

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