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Sociedad Docente, Sociedad del Conocimiento

por 20 septiembre, 2011

Sociedad Docente, Sociedad del Conocimiento
¿Por qué el traspaso de la educación media o técnico profesional al Estado o a corporaciones privadas sin fines de lucro aseguraría mejores resultados cualitativos respecto de corporaciones con fines de lucro o derechamente privadas? ¿Es que quienes componen las primeras son personas distintas a las que conforman las segundas? ¿No bastaría con controlar mejor el uso de los aportes fiscales a los colegios e instituciones técnico profesionales con fines de lucro?
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Convencido ya que el diálogo entre Gobierno y estudiantes se truncó y que el tema educacional continuará su expresión social a través de “monólogos paralelos”–los universitarios manteniendo sus manifestaciones y el Ejecutivo enviando proyectos al Congreso-, pareciera inconducente esbozar más argumentos, aunque, quienes creemos en la razón no podemos dejar de hacer los últimos esfuerzos, no obstante que el desplazamiento del foco hacia cuestiones de principio haga previsible la continuidad de las discrepancias.

En efecto, desligado ya del tópico central y pragmático de la calidad con el que el estudiantado inició su justificada protesta, e instalado el “lucro” como centro del asunto -corazón del “modelo neoliberal”, como dijera Camila Vallejo- discutir, por ejemplo, las mejores pautas para medir la calidad de este derecho es casi una “insignificancia técnica”. Para que hablar de más o menos recursos fiscales, que sería seguir inyectando dinero en el saco sin fondo de un “modelo fracasado”. La calidad educativa, en esta mirada, quedaría sujeta, por consiguiente, a la cuestión previa de si quien la otorga lo hace con la intención de entregar educación de calidad o su meta primaria es lucrar con los dineros de apoderados y del Fisco.

Si bien el raciocinio es pertinente, en el sentido que desarrollar un talento por la alegría y plenitud que aquello produce no es lo mismo que hacerlo a cambio de recompensa en dinero, quedan preguntas a responder para quienes queremos entender con claridad el punto.

Poner el foco de esta enriquecedora discusión social en el lucro y la propiedad –que por lo demás afecta derechos constitucionales cuya reclamación ya ha sido acogida por los Tribunales en Valparaíso- nos desvía del propósito fundamental.

Por de pronto, ¿Por qué el traspaso de la educación media o técnico profesional al Estado o a corporaciones privadas sin fines de lucro aseguraría mejores resultados cualitativos respecto de corporaciones con fines de lucro o derechamente privadas? ¿Es que quienes componen las primeras son personas distintas a las que conforman las segundas? ¿No bastaría con controlar mejor el uso de los aportes fiscales a los colegios e instituciones técnico profesionales con fines de lucro? ¿No se requiere para todos los casos mantener un activo control social y por eso se han exigido, discutido y dictado leyes para que funcionen agencias de calidad y superintendencias que aseguren mejores resultados no sólo entre quienes tienen fines de lucro, sino también en las instituciones fiscales?

La mayoría coincide en que ofrecer educación por el mero afán de entregar el mejor servicio y conseguir los mejores resultados entre quienes son sujetos de ésta no tan sólo es loable, sino deseable. Pero concluir que sólo el Estado o corporaciones o personas sin fines de lucro conseguirán dicho objetivo parece una falacia. La experiencia nacional y mundial entrega ejemplos de sobra.

Pero la prueba más evidente de esta inconsistencia argumental es que los propios estudiantes han criticado la “grave corrupción” del Estado, mal calificando a sus representantes e instituciones y mostrando enorme desconfianza en su gestión. Entonces, ¿cuál sería la razón para prescindir de alternativas mixtas mediante su desfinanciamiento, al eliminarles el aporte fiscal y traspasar aún más poder a un Estado “corrupto”? ¿Es que las personas cuando ocupan un puesto como autoridad pública mutan en ángeles guardianes, impolutos, altruistas, sin intereses, mientras que el ámbito de lo privado lo colman sólo demonios, insensibles, egoístas y usureros?

Pareciera que poner en el foco de esta enriquecedora discusión social en el lucro y la propiedad –que por lo demás afecta derechos constitucionales cuya reclamación ya ha sido acogida por los Tribunales en Valparaíso- nos desvía del propósito fundamental y que, para que no se transforme en una pura lucha de poder y en “monólogos paralelos”, habría que retomar al foco, aunque ampliando, más que restringiendo, las libertades, de manera que se expresen todas las formas de educación imaginables por nuestra sociedad, evolucionando así, desde el añejo concepto de Estado docente, industrial y jerárquico, a una Sociedad del Conocimiento horizontal, abierta, plural y libertaria.

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